Política

Ben Rhodes: “El riesgo de que Trump pueda ir a la guerra en Venezuela es muy alto”

El que fuera consejero adjunto de Seguridad Nacional de Obama, Ben Rhodes, publica un libro de sus ocho años en la Casa Blanca dirigiendo la política exterior de Estados Unidos

Ben Rhodes, antes de la entrevista, en Madrid-/Alberto R. Roldán
Ben Rhodes, antes de la entrevista, en Madrid-/Alberto R. Roldán

El que fuera consejero adjunto de Seguridad Nacional de Obama, Ben Rhodes, publica un libro de sus ocho años en la Casa Blanca dirigiendo la política exterior de Estados Unidos.

The New York Times le llamó “el niño prodigio” de Obama. Ben Rhodes fue consejero adjunto de Seguridad Nacional en el Gobierno del presidente demócrata. Durante años moldeó la política exterior de Estados Unidos y escribió algunos de los discursos más importantes del presidente. Después de dos mandatos en la Casa Blanca, ha escrito «El mundo tal y como es» (Debate) para explicar cómo fue el trabajo cotidiano junto al primer presidente afroamericano en la historia de EE UU y cómo se tomaron las decisiones en momentos únicos, desde el estallido de la Primavera Árabe al deshielo con Cuba. Precisamente el papel de Rhodes en el acercamiento de Washington a La Habana resultó clave. Durante dos años mantuvo reuniones con el hijo de Raúl Castro para preparar el terreno. También estuvo al frente de la campaña sobre el pacto nuclear con Irán.

Sin experiencia política previa, Rhodes, neoyorquino de 1977 y aspirante a novelista, había participado en la comisión del 11-S. Poco después pasó de trabajar en un laboratorio de ideas a fichar por el equipo de campaña de Obama en 2007, quien le convirtió con el paso de los años en su principal consejero en política exterior. En esta entrevista con LA RAZÓN, recuerda los motivos que llevaron al inquilino de la Casa Blanca a llamar en 2010 a José Luis Rodríguez Zapatero para pedirle que hiciera reformas económicas.

¿Qué le hubiera recomendado a Obama sobre la crisis actual de Venezuela si él hubiera sido el presidente en estos momentos?

Maduro ha dañado al país, a las instituciones y carece de legitimidad porque las últimas elecciones fueron fraudulentas. Eso está claro. Sin embargo, yo hubiera adoptado una posición diferente a la de Trump frente a este problema. Trump reconoció a Juan Guaidó como presidente sin un plan. Los militares siguen apoyando a Maduro y la situación está atascada. Si quieres llegar a una transición en Venezuela tienes que negociar con las diferentes facciones dentro del país, tanto la oposición como los militares y con los mismos cubanos para llegar a una transición. Si reconoces a Guaidó saltándote esos pasos te arriesgas a empeorar la situación. Mi miedo es que eso acabe en una intervención militar. Dada la historia de EE UU en Latinoamérica, podría ser muy dañino. Incluso si apoyas a Guaidó, y hay razones para apoyarlo, no quieres verle como un presidente puesto por Estados Unidos, porque incluso si Maduro se va, esa visión de Guaidó sería perjudicial. En Venezuela tiene que ser un proceso de transición apoyado por la comunidad exterior, no un proceso impuesto por países extranjeros.

¿Cree que el presidente Trump está dispuesto a invadir Venezuela?

Sí, esa una opción muy real. Por dos razones. En sus dos primeros años en la Casa Blanca, Trump se ha centrado en asuntos domésticos. Trató de aprobar una ley sanitaria, y fracasó. En cambio tuvo éxito con la bajada de impuestos. Y ahí se ha quedado en política interior. Con los demócratas dominando la Cámara de Representantes, él sabe que no puede aprobar muchas leyes. Está limitado en casa. Al mismo tiempo hay investigaciones por corrupción y el Rusiagate, que hacen de Trump un presidente vulnerable. En el sistema estadounidense, la política exterior es donde menos limitaciones tiene el presidente. Así que el riesgo de que pueda iniciar una guerra en los próximos dos años es muy alto y los países más propicios para una acción así son Venezuela e Irán. El segundo punto es que Trump ha encendido las expectativas de la oposición venezolana. No es descartable que algunos sectores de esa oposición pidan una intervención americana porque están muy frustrados. Ellos ven que Maduro no se va y creen que se necesita una política más contundente de EE UU, así que Trump puede usar eso como pretexto para intervenir. Puede empezar diciendo que el Ejército estadounidense va a forzar la entrada de ayuda humanitaria a Venezuela y derivar en un cambio de gobierno.

¿El acercamiento que impulsó Obama a Cuba es equiparable al acercamiento de Trump a Corea del Norte?

Se parece en el sentido de que es un intento de usar la diplomacia para buscar diálogo con los países con los que no tienes relaciones diplomáticas. Pero hay una diferencia muy importante que describo en mi libro. Yo me reuní más de una docena de veces con Alejandro Castro durante dos años, antes de que Obama y Raúl Castro se vieran juntos en una sala. Previo a ese encuentro, restablecimos relaciones diplomáticas, nuestras embajadas se reabrieron y buscamos planes de cooperación en diferentes áreas. Trump no hizo ese trabajo con Corea del Norte. Tanto en Cuba como en Irán hubo un trabajo previo muy largo, porque cuesta mucho ganarse la confianza del adversario y encontrar áreas en las que pueda haber acuerdos reales.

-¿La actual política exterior de Estados Unidos confirma la visión de que es un imperio que ha entrado en decadencia?

-Era inevitable que iba a haber cambios en la escena internacional y que países como China se iban a convertir en potencias más influyentes, pero debido a Trump ese proceso, que iba a ocurrir en 20 o 30 años, se va a acelerar en 4 años. Obama anticipó esa evolución y él reaccionó con más acuerdos internacional y multilateralismo. EE UU usó el ascenso de China para incorporarla en asuntos clave. Con Trump se está reduciendo la confianza del mundo en EE UU muy rápidamente. China está ganando más influencia en todo el mundo. Europa está buscando independizarse de las políticas de EE UU. En muchos sentidos, esto está acelerando el declive de EE UU. No sé si eso es inevitable. Si de las próximas elecciones surge otro presidente, podría recuperar esa posición y restaurar sus alianzas internacionales y tener más credibilidad. Trump está causando un gran daño a la credibilidad de EE UU en el mundo.

-¿Es China una potencia más responsable ahora que EE UU?

-Bueno, China es una potencia más predecible, lo cual es responsable. En otras palabras. En Asia no gusta el poder que está adquiriendo China, pero siempre saben lo que China va a hacer. Mientras que EE UU se ha vuelto impredecible. Hay países que piensan que si alcanzan un acuerdo con EE UU, la siguiente administración lo puede cambiar. Y eso es muy irresponsable.

-Putin cree que el expansionismo que tanto se le achaca a Moscú no viene de Rusia sino de EE UU y la OTAN. A Gorbachov se le prometió que la OTAN no crecería hacia el este más allá de lo que era la Alemania Oriental, y no fue así.

-Es un análisis justo. Para entender lo que hizo Putin después de 2012 no hay que mirar a la presidencia de Obama sino lo sucedido en los últimos 25 años. La visión de Putin es que hubo una expansión de la OTAN y de la UE en territorio de la antigua Unión Soviética. Bajo su perspectiva fue una manera de humillar a Rusia. Yo no estoy de acuerdo con las políticas de Putin, pero sí que creo que hubo una falta de anticipación en Occidente sobre la respuesta que vendría de Rusia. Una cosa es atraer a los países bálticos a la OTAN y otra plantear a los miembros de la OTAN acciones en Ucrania y Georgia. Si tienes esto en cuenta y si tienes que en Irak Sadam Hussein –que era un aliado de Rusia- fue derrocado y luego en Libia, con la destitución de Gadafi, que también aliado de Rusia, entonces ves la determinación de Putin que decide regresar y resistir a cualquier precio. El punto de inflexión fue Ucrania. Las protestas contras Yanukovich, aliado de Putin, fueron vistas en Moscú como una amenaza existencial. Si esas protestas sucedían en Kiev, también podían ocurrir en Moscú. Occidente tiene que reconocer que hay consecuencias después de estar dos décadas presionando a Rusia. Y si miramos a la historia vemos que Rusia siempre está de vuelta cuando siente que se están acercando a Moscú.

-¿Por qué los líderes fuertes son cada vez más populares en las sociedades de países tan distintos como Brasil, Turquía, Estados Unidos o Rusia?

-Quizá existe una reacción inevitable contra la globalización. Después de una integración rápida, en 20 años, de los países, con cambios económicos y una migración importante entre naciones, la gente empieza a pensar que las cosas han cambiado demasiado. En Occidente, el punto crítico fue la crisis económica porque fue un shock y acabó con la seguridad personal económica de la gente. En EE UU y parte de la UE muchas personas perdieron todos sus ahorros, y comenzaron a pensar que sus hijos no encontrarían trabajo. En ese punto, la gente se vuelve más vulnerable ante el atractivo de políticos que se basan en la identidad, el nacionalismo y en políticas de confrontación. Esa reacción ante la globalización puede venir desde la derecha y la izquierda. La derecha se centra más en la identidad y la izquierda más en economía. La derecha populista parece mejor organizada, pero no creo que sea una tendencia inevitable. Es bastante probable que Trump pueda perder las próximas elecciones. En Europa, espero que el Brexit alerte sobre los riesgos de la fragmentación.

-El demócrata Bernie Sanders fue apartado por su partido, incluido Obama, en las primarias de 2016 en favor de Hillary Clinton. ¿Hubiera vencido a Trump?

-Nos sorprendimos del éxito que tuvo Sanders, igual que del éxito de Trump en el lado republicano. Durante la campaña de las primarias, las encuestas mostraban que cuanto más se les enfrentaba a Hillary y a Bernie contra Trump, más favorable era para Bernie. Hillary era de alguna manera la candidata perfecta para Trump. Ella ha sido parte del establishment durante décadas, tenía varios escándalos alrededor, había dudas sobre si decía la verdad... Muchos votantes sabían que Trump tenía defectos, pero sabían que Hillary también. Trump hizo una campaña muy negativa sobre ella y aunque obtuvo menos votos, ganó la presidencia. Bernie probablemente habría sido un objetivo de atacar más difícil para Trump. La lección que extraemos es que a veces es más arriesgado elegir a figuras del establishment cuando el estado de ánimo del país es anti élites. En las primarias de 2008 cuando Obama y ella competían por ser el candidato a la presidencia de los demócratas, nosotros en la campaña de Obama usamos un mensaje muy similar al que usó después Trump para derrotar a Hillary. Hubo gente que votó dos veces por Obama y luego votó por Trump. La gente quería un cambio, no a alguien del establishment. No importan tanto las políticas. De hecho, Obama se volcó más en la clase trabajadora blanca que Trump, pero la cuestión no era esa, sino que había un sentimiento visceral en la gente sobre su deseo de elegir a alguien de fuera.

-¿Qué clase de candidato y qué personalidad debe tener para enfrentarse a Trump en 2020?

-Los candidatos demócratas que han sido presidentes durante mi vida -Barack Obama, Jimmy Carter y Bill Clinton-, eran outsiders, caras nuevas que competían prometiendo cosas nuevas. Los demócratas que perdieron las presidenciales -Hillary Clinton, Al Gore y John Kerry- eran figuras del establishment, que llevaban toda la vida ahí, fáciles de atacar con sus escándalos alrededor. No tengo un candidato favorito ahora, pero todas estas caras nuevas que han llegado al Congreso quizá tengan más opciones de evitar el destino que tuvo Hillary.

-Steve Bannon, el que fuera asesor de Seguridad Nacional de Trump, quiere impular la derecha nacionalista en Europa. ¿Le augura éxito?

-No creo que Bannon tenga tanto apoyo como en EE UU. Pero en Europa los partidos no necesitan ganar tantos votos, puedes tener un 20 o 30% y ser muy influyente en la política de tu país porque hay gobiernos de coalición. La marca política de Bannon puede funcionar en cualquier país porque en todos lados hay problemas. Bannon fracasó en la Casa Blanca porque no tenía capacidad, sólo sabe poner las cosas patas arriba, pero en lo que sí es bueno es en explotar las diferencias dentro de una sociedad. Pueden tener éxito en las elecciones, pero no gobernando. Culpar a los otros de los problemas no es una buena estrategia de gobierno.

-¿Le resultó difícil a Obama llamar a Zapatero en 2010 para pedirle que hiciera reformas económicas?

-Tratamos de un buscar intereses comunes entre las dos partes dentro de la UE, la Casa Blanca no tomó partido por Alemania ni por los países del Sur. A España e Italia se les pidió que hicieran reformas estructurales, pero a Alemania también se le pidió que apoyara a los países del sur. Los alemanes sostienen que esos países fueron fiscalmente irresponsables, y nosotros pensamos que Alemania se benefició de esa situación, porque le permitió exportar mucho a esos países, así creíamos que tenían una responsabilidad de hacer más. No nos interesaba que la economía de la UE colapsara.

-¿Puede decirme alguna decisión tomada por Obama con la que usted como su asesor estuviera en desacuerdo?

-En Egipto no nos comprometimos en una sola dirección. Al principio, Obama tomó la decisión dramática de apoyar las protestas que pedían un cambio contra el presidente Mubarak, un viejo aliado de Estados Unidos, y favor de la transición democrática. Tuvimos una posición conciliadora con los militares, que acabaron venciendo sobre los Hermanos Musulmanes y los activistas seculares. Y nosotros acabamos con la sensación de que no pudimos usar nuestra influencia para ser más críticos con los militares egipcios. Nos quedamos en el medio, un mal lugar siempre en política exterior. Hicimos lo suficiente para apoyar el cambio, pero no hicimos lo suficiente para cambiar la política de EEUU en apoyo a la democracia. Ese es un ejemplo de algo que hicimos mal. Podíamos haber hecho las cosas de otra manera en Egipto y a lo mejor todo habría acabado igual. También creo que subestimamos el alcance de la guerra informativa de Rusia en las elecciones de 2016. El problema es que no había manera de decir a la gente que las cosas que leía en su Facebook provenían de Rusia.

-No dudo de la interferencia de Rusia en la campaña de 2016, pero ¿cree que ese fue un factor clave en la victoria de Trump?

-Al final, el factor clave es que se trata de una elección entre dos personas. Hillary era impopular, y Trump también, pero él hizo que ella resultara más impopular aún. La influencia rusa tuvo efectos porque la gente leyó muchas cosas negativas de Hillary Clinton. Las críticas de James Comey (director del FBI) a Hillary días antes de las elecciones tuvieron también un impacto negativo. La interferencia rusa fue importante, pero no resultó clave en el resultado. Si Obama se hubiera presentado a las elecciones y le hubieran atacado los rusos, habría ganado a Trump porque es un político más popular.

-¿Será Trump una excepción en la historia política de Estados Unidos o tendrá sucesores?

-Es una pregunta estupenda. No lo sabemos aún. Si Trump es derrotado en las elecciones de 2020, el futuro del país será más progresista. Obama será entonces la persona que estaba apuntando en la dirección correcta, mientras que Trump quedará como una rara excepción. Pero si Trump es reelegido y sigue desmantelando lo que hizo Obama, y las cuestiones de identidad siguen marcando la agenda política, entonces habrá que concluir que Obama ha sido la excepción. Mi opinión es que la excepción es Trump, en parte porque hay un cambio demográfico en Estados Unidos. Hay más latinos y asiáticos y ellos votan demócrata. Aunque hay latinos republicanos, en general se puede decir que un 60% de ese voto es para los demócratas. Es más probable que Estados Unidos se parezca más a las políticas de Obama en 20 o 30 años que a las de Donald Trump, pero eso no está garantizado. Soy optimista pese a que hay grandes desafíos que Trump representa. No solo encarna las políticas basadas en la identidad. Trump sí que ha sido inteligente en el uso de los medios y las redes sociales, ha entendido que puede ser una vía para dividir al país y sacado ventaja de ello y ha hecho que dominen la conversación política, y ese es un problema que los demócratas tienen que solucionar. En Estados Unidos, siempre que ha habido un movimiento progresista, ya sea el New Deal o la lucha por los derechos civiles, siempre ha habido una reacción en contra, si bien a menudo ha terminado fracasando. Reagan ha sido quizá la única excepción porque sí tuvo éxito cambiando el país, pero no creo que Trump vaya a ser otro Reagan. Espero que sea una excepción y no una tendencia.