Cae el guerrillero de las FARC que dijo «no» a la paz

Aunque la mayoría de los integrantes de las FARC se sumaron al proceso de paz, «El Guacho», abatido ayer por el Ejército, siguió en el negocio de la coca. Fue el responsable, entre otras, de la muerte de tres periodistas ecuatorianos el pasado abril.

Aunque la mayoría de los integrantes de las FARC se sumaron al proceso de paz, «El Guacho», abatido ayer por el Ejército, siguió en el negocio de la coca. Fue el responsable, entre otras, de la muerte de tres periodistas ecuatorianos el pasado abril.

Cuenta una leyenda de Medellín, Colombia, que cuando un narco muere se encuentra en el cielo ante «la corte de malandros», un jurado compuesto por cuatreros inmortales. Ellos deciden si sus fechorías son suficientes para ganarse un lugar entre los «malditos». Seguramente «El Guacho» hoy esté mirando desde arriba, tomando ron en una barra junto al capo Pablo Escobar, rodeado de otros muchos delincuentes y asesinos celestiales.

Walter Patricio Arizala, alias «El Guacho», el narcoguerrillero más buscado por Colombia y Ecuador y jefe del frente Oliver Sinisterra, fue abatido en una operación de las autoridades colombianas en una zona fronteriza con Ecuador. Así lo confirmó el presidente de Colombia, Iván Duque, a los medios: «El día de hoy, en una heroica acción conjunta del Ejército y la Policía con el apoyo del CTI (Cuerpo Técnico de Investigaciones), cayó uno de los más horrendos criminales que haya conocido nuestro país».

«El Guacho» se levantó como cada mañana temprano, alisó el camastro de la improvisada tienda. Fue a la letrina, una zanja realizada a escasos metros, y se lavó, siempre con su arma a cuestas, como le enseñaron en las FARC. Salió después a pasear con su guardia pretoriana –dos escoltas– y protegido por la espesura de la selva. Walter se sentía seguro en esta zona; los indígenas y aldeanos parecían comulgar con sus creencias guerrilleras. Además, a los comerciantes locales no les cobraba «la vacuna» (extorsión) como sí que hace el ELN –la otra guerrilla activa en Colombia–, y los paramilitares. Tampoco ponía minas ni usaba morteros últimamente. Aunque con fama de sanguinario, se había ganado su favor y silencio. O eso creía.

«El Guacho» se encontraba en la aldea de Peña Caraño, que forma parte de Tumaco, en el municipio de Colombia que tiene más hectáreas sembradas de hoja de coca. El guerrillero incluso solía inspeccionar las cosechas y los laboratorios clandestinos. El tiroteo le pilló por sorpresa. En medio de los enfrentamientos, un francotirador logró derribarle con un disparo certero. Tenía orden de tirar a matar y no falló. Antes, quince rastreadores fueron vitales en la búsqueda. Tres de ellos llevaban tiempo vigilando su rutina.

«El Guacho», de 29 años, fue integrante de la columna móvil Daniel Aldana y del Frente 29 de las FARC. Ingresó a los 17 años en la guerrilla, donde se especializó en explosivos. Durante las negociaciones de paz del Gobierno colombiano con las FARC, Arizala estuvo concentrado en la Zona Veredal Transitoria de Normalización de El Playón, a unos pocos kilómetros de Tumaco, en el departamento limítrofe de Nariño. Sin embargo, a comienzos de 2017, por desacuerdos con los jefes de las FARC, desertó y creó el autodenominado Frente Oliver Sinisterra con 180 hombres, convirtiéndose en la cara visible de la disidencia. Su fama y posterior declive comenzó con el secuestro y asesinato este año del periodista Javier Ortega, el fotógrafo Paúl Rivas y el conductor Efraín Segarra del diario «El Comercio» de Ecuador, del que él fue el principal responsable. Desde entonces, «El Guacho» fue declarado principal objetivo militar de los ejércitos de Ecuador y Colombia, que llegaron a ofrecer 250.000 dólares de recompensa por información sobre su paradero.

También estaba en el punto de mira del cartel de Sinaloa, que había puesto precio a su cabeza. Si bien el Frente de «El Guacho» actuaba como el brazo armado de la organización mexicana, finalmente los cabecillas de Sinaloa vieron que la notoriedad del colombiano estaba poniendo las rutas de la droga en peligro.

Durante su «reinado», Arizala envió toneladas de cocaína hacia Centroamérica y Estados Unidos. Además, la Fiscalía también lo responsabiliza del asesinato de tres miembros del CTI en julio pasado. Ayer los familiares de los tres empleados de «El Comercio» asesinados en abril de 2018 señalaron en un comunicado que «es lamentable que quien se adjudicó el secuestro y asesinato de cinco personas haya sido abatido en lugar de que lo hayan capturado con vida». «Esto no es justicia», se lamentaron.

El frente Óliver Sinisterra libra una sangrienta guerra por el control territorial de Nariño, la región con más narcocultivos del mundo. Desde que se desintegraron las FARC hace dos años, varios grupos disidentes –unos 1.400 hombres–, el ELN, las BACRIM (bandas armadas) y los paramilitares luchan entre ellos para quedarse con el negocio. En 2017 Colombia batió el récord de cultivos de 146.000 a 171.000 hectáreas de coca. Aunque se firmaron los acuerdos de paz, la guerra continúa.