El «welcome» frustrado de Mr. Cameron en el Peñón

El «premier» suspendió su mitin por el asesinato de la diputada Cox, pero se reunió con Picardo

Cameron es despedido a los pies de la escalerilla del avión por el ministro principal de Gibraltar, Fabián Picardo
Cameron es despedido a los pies de la escalerilla del avión por el ministro principal de Gibraltar, Fabián Picardo

El «premier» suspendió su mitin por el asesinato de la diputada Cox, pero se reunió con Picardo.

«Al lado un bocado de Londres y enfrente, África...». La letra de Mártires del compás, legendaria banda de San Roque, evoca vagamente a la «Canción del pirata» de Espronceda porque si Estambul es la punta oriental del Mediterráneo y estaba en su época infestada de filibusteros, quizás en Gibraltar, extremo occidental, habiten los corsarios del siglo XXI. Porque, ¿acaso un paraíso fiscal no es un buque con patente de corso para esquilmar a otras naciones? Igual que el Peñón que, además, es ese paisaje londinense empotrado en la provincia de Cádiz. Para sancionar ese estatus privilegiado de los llanitos, así son llamados los habitantes de la colonia, viajó ayer el primer ministro David Cameron, hecho inédito desde que Harold Wilson lo hiciera en 1968.

El asesinato de Jo Cox, que Cameron conoció en el avión que lo trasladó hasta Gibraltar, suspendió la agenda pública del «premier» que, sin embargo, sí mantuvo la conferencia prevista con Fabian Picardo, ministro principal de la Roca, con quien iba a mitinear a favor de la permanencia de Reino Unido en la UE: un ejercicio vano, pues la inmensa mayoría de los 24.000 gibraltareños llamados a consulta votarán por el «in», conscientes de lo mucho que perjudicaría el Brexit a la colonia. «Aquí el sentido del voto está claro, pero es fantástico que venga Cameron porque es un apoyo para Gibraltar después de tantos años», admitía Rohan, un comerciante de origen indio. «Ya era hora de que el Gobierno se mojase. La Familia Real siempre ha apoyado la condición británica del Peñón pero los políticos son más prudentes. El primer ministro es bienvenido», terciaba por su parte Andy.

Que nadie se engañe: la visita de Cameron era un guiño al sector más nacionalista del electorado conservador, que ha comprado mayoritariamente la vieja idea victoriana (debida a políticos como Disraeli o Salisbury) del «espléndido aislamiento» y al que complace ver en su líder un gesto imperialista, siquiera sea a costa de meterle el dedo en el ojo a un socio leal como España. Por eso, la plaza Casemates estaba cuajada de gente cuando un speaker anunció la suspensión del mitin, de ufanos súbditos portando la Union Jack, con pancartas de bienvenida («Welcome PM») y orgullosos del revuelo que al otro lado de la –imaginaria– verja había causado este acto de supremacía british: «Si el Gobierno español protesta es porque vuelve a quedar clara nuestra voluntad de ser británicos», comenta el estudiante Marco, pinta en mano y con un inconfundible acento linense.

Durante los años dorados del Imperio Británico, los deportes fueron un gran elemento de cohesión entre los habitantes de la metrópoli expatriados. Hasta hoy. El pub The Horseshoe, en Main Street, anuncia que se servirán a cualquier hora los rotundos desayunos ingleses a base de huevos, beicon y salchichas («breakfast all day») porque sus pantallas emiten la Eurocopa. Una pareja de jubilados, desplazada desde la vecina urbanización de Sotogrande, confiesa que la visita de Cameron es «el postre de este día tan ‘english’ en el Sur de España». Los platos principales son los partidos de las tres selecciones británicas presentes en la Eurocopa, Irlanda del Norte, Inglaterra y Gales. Estas dos se miden en duelo fratricida, pero la celebración del gol de Sturridge que decide el choque para los ingleses es comedida, casi fría. Las redes ya informan sobre el atentado contra Cox y empieza a correr el rumor de que el mitin de Cameron y Picardo será suspendido. En esos momentos, advertido de la gravedad de las heridas de la diputada laborista, el primer ministro tuiteaba que no seguiría adelante con la campaña. Acababa de aterrizar en Gibraltar y cambió el acto por una reunión privada con su anfitrión, al que acompañaron el viceministro principal, Joseph García, y Daniel Feetham, líder laborista llanito y jefe de la oposición aunque implicado como sus adversarios en la campaña contra el Brexit. Tres horas después de su llegada, despegaba el avión de Cameron, a quien Picardo despidió a pie de escalerilla. Una versión trágica de «Bienvenido mister Marshall».

De la Sanidad a la basura: lo que Gibraltar se juega el día 23

Aparte de ser sede de miles de empresas y proveedor de servicios, el Peñón es una fuente de riqueza para toda la comarca del Campo de Gibraltar, y también un receptor de servicios básicos que se proveen desde la provincia de Cádiz. Básicamente, la sanidad, la vivienda y la recogida de basuras. Aunque el hospital Saint Bernard ofrece servicios completos, desde diálisis a cirugía ambulatoria, es frecuente que los habitantes de la colonia recurran a los centros españoles. Fabian Picardo ha defendido el derecho de sus conciudadanos a recurrir al sistema sanitario andaluz, sobre todo para los dispositivos de urgencia y los tratamientos largos, porque asegura que «no sale gratis». Tampoco detalla cómo se compensa. La escasez del suelo es uno de los grandes problemas de Gibraltar, muchos de cuyos aborígenes han fijado su residencia en los municipios aledaños. Sólo en San Roque, hay empadronados casi 1.300 británicos y son muchos más los que aprovechan la libre circulación de capitales para adquirir una segunda residencia en la comarca. La basura que generan los llanitos corre a cargo de la Mancomunidad del Campo de Gibraltar. La planta de tratamiento de residuos de Los Barrios recibe unas 30.000 toneladas anuales de desperdicios procedentes del Peñón y aunque la autoridad colonial paga al precio que lo haría una empresa privada, resulta evidente que un servicio similar no podría prestarse en su territorio.