Chile se subleva contra la gran brecha social

Después de quince días de protestas, el Gobierno se ve incapaz de frenar el enfado social y satisfacer las demandas de los manifestantes, que exigen una distribución de la riqueza más justa

Paula Del Valle tiene 23 años, es estudiante de Sociología y ha marchado varias veces por las calles de Santiago. Ella, y más de un millón de chilenos se han congregado, desde hace un par de semanas, en el centro de la capital para protestar pacíficamente, y lo han hecho más de una vez, en varios lugares del país, clamando por lo que han llamado «la verdadera reivindicación social».

¿Por qué se movilizan? Dicen que el alza en la tarifa del transporte público, a principios de octubre, fue la gota que colmó el vaso de un sistema donde la clase política no ha sido capaz de poner énfasis en una agenda social que represente a todos los chilenos. La indignación es generalizada en una población que protesta por las bajas pensiones de los jubilados, un sistema de salud público deficiente, educación estatal mediocre, bajos salarios, concentración de la riqueza, colusión de las grandes empresas, alto costo de los medicamentos, elevados sueldos de parlamentarios y funcionarios públicos y, sobre todo, desigualdad social.

«Este escenario provoca que una enorme parte del país apenas pueda pagar sus cuentas a fin de mes y tenga que batallar por vivir con dignidad. Eso se potencia debido a los privilegios que tiene la clase alta, quienes pueden vivir tranquilamente dentro del sistema privado», dice Paula.

Daniel Parada (28 años), ingeniero civil, también se ha manifestado para que la clase política de Chile redirija su mirada, ya que según él, no representa las verdaderas necesidades de los chilenos. «Cualquier marcha es sólo una visualización de problemáticas existentes, es el instrumento que permite reflejar el descontento de millones de personas. Queremos que entiendan las prioridades de la gente».

Aunque es afín al Gobierno de derecha del presidente Sebastián Piñera, el diputado del partido Unión Demócrata Independiente (UDI), Jaime Bellolio, reconoce que toda la clase política ha sido incapaz de escuchar las verdaderas necesidades de los chilenos. «Durante demasiado tiempo sobrepusimos las urgencias de la política por sobre las urgencias de las personas, en vez de escucharnos y llegar a propuestas comunes, nos atacábamos. Todo fue un caldo de cultivo para que estemos atravesando por una crisis social donde hay sectores radicalizados que no solamente no creen en la democracia, sino que creen en la desestabilización del país», asegura.

Esa misma desestabilización que se ha vivido en varias ciudades, con supermercados saqueados y quemados, calles cercadas por barricadas, incendios sin control, enfrentamientos entre manifestantes radicalizados, locales comerciales desvalijados por delincuentes que se aprovechan del caos y el temor de una ciudadanía que empatiza, en su gran mayoría, con este clamor popular. No así con los actos vandálicos que obligaron al Gobierno a declarar estado de emergencia el 19 de octubre y sacar a los militares a la calle, reviviendo los fantasmas de la dictadura de Augusto Pinochet.

Francisco Vidal, ministro de Estado de dos gobiernos de izquierda –Ricardo Lagos (2000) y Michelle Bachelet (2006)– asegura que pese a que Chile ha crecido a lo largo de los años, la riqueza sigue estando concentrada en unos pocos. «Chile en los últimos 32 años ha incrementado su PIB per cápita en 6 veces».

Según el Banco Mundial, el ingreso per cápita en 1990 era 4.500 dólares mientras que hoy son 25.200 dólares, lo que según Vidal «permitió reducir la pobreza desde casi un 40% la década del 90 a un 8% hoy; sin embargo, lo que no pudimos o no quisimos modificar, dependiendo de la perspectiva en la que se mire, es la desigualdad».

Vidal asegura que cuando Chile crece cien, el 1% de mayores ingresos captura el 30% de ese crecimiento. «Todo eso tiene que ver con un modelo que nosotros ajustamos precisamente para sacar a esa enorme cantidad de gente de la pobreza, pero no tomamos medidas estructurales, que provienen además de la dictadura, que permitieron un crecimiento y una disminución de la pobreza real, pero una altísima concentración de la riqueza en una minoría».

Y es que este gran movimiento social es transversal. El malestar es un consenso incluso entre estratos sociales distintos. Ximena Jara (36 años), médico de profesión y parte de la llamada clase social «acomodada» del país, también salió a protestar. «La gente se cansó de vivir siguiendo las reglas en un país donde esas normas están hechas para favorecer a un pequeño grupo de gente con dinero y poder. Pedimos que la clase política haga propias las demandas de la ciudadanía haciendo un cambio profundo con compromiso de todos los sectores para lograr un avance real».

Para Marcela Infante (44), periodista y madre de un hijo de 16, el panorama es complejo pero a la vez alentador. Se unió a las protestas masivas en las calles porque siente que llegó el momento de alzar la voz para ser escuchada. «Esta es una crisis que viene arrastrándose en Chile desde el regreso a la democracia. Las colusiones de empresarios en desmedro de los consumidores, pensiones miserables y las amnistías a las grandes empresas evasoras de impuestos son sólo parte de la molestia colectiva. Estamos reescribiendo parte de la historia y tengo esperanza que todo cambiará para mejor», dice.

Tanto Bellolio como Vidal tienen algo claro, Chile cambió, los ciudadanos se están manifestando de manera transversal para dar cuenta que llegó el momento de actuar: «Hay que dejar de lado las corazas para generar más puntos de unión, más dialogo y concreción de políticas que puedan mejorar la calidad de vida de las personas», afirma el diputado UDI.

El presidente Piñera se centrará en poner énfasis en la nueva agenda social invitando a la oposición a La Moneda (casa de gobierno) a iniciar un diálogo, se espera, más enfocado en las demandas de la ciudadanía. El futuro se está escribiendo hoy.

La ira se extiende a lo largo del país

Aunque el foco principal de las protestas está en la capital, Santiago, el malestar se ha extendido a las principales ciudades de Chile. En estas dos semanas de protestas, al menos 19 personas han muerto, mas de mil han resultado heridas y más de 3.000 han sido detenidas. Mientras, en el terreno internacional, Rusia negó las acusaciones de EE UU de que Moscú alentó las manifestaciones en el país latinoamericano.