El «Ara San Juan» abre una crisis a Macri

El presidente argentino estudia relevar a la cúpula de la Armada para acallar las críticas.

Familiares de los tripulantes continúan en la Base Naval Mar del Plata a la espera de nuevas noticias sobre el paradero de sus seres queridos

El presidente argentino estudia relevar a la cúpula de la Armada para acallar las críticas.

¿Qué diferencias hay entre la Armada y el Gobierno? ¿Por qué no hubo comunicación entre ambos desde que el submarino desapareció? Un juego de espías que recuerda al caso del fiscal fallecido Alberto Nisman, donde los servicios secretos siguen trabajando en la sombra. Como dice un tango: «En Argentina, la realidad siempre supera, con creces, a la ficción».

El presidente Mauricio Macri participó ayer en una de las tareas de seguimiento de la búsqueda del submarino «ARA San Juan». Macri empezó ayer a analizar posibles cambios en los mandos del Ejército y posiblemente cese al almirante Marcelo Hipólito Srur. «La desaparición y actual búsqueda del submarino ‘ARA San Juan’ nos conmovió a todos los argentinos. Es un momento difícil y mi primer pedido es que transcurramos esto y los próximos días con el máximo respeto», dijo al comenzar su comparecencia en la sede central de la Armada. «Les garantizo que vamos a continuar con la búsqueda, especialmente ahora que contamos con el apoyo internacional y con tecnología avanzada», dijo. De hecho, ayer se incorporó a la búsqueda y rescate del submarino un buque de la Armada de Brasil y una aeronave de exploración Antonov de la Marina ruso con un Panther Plus, un vehículo sumergible teledirigido. Macri se comprometió a investigar «seria y profundamente» lo que ocurrió y llamó a «no aventurarse a buscar culpables» de lo sucedido «hasta no tener certidumbre de lo que pasó». «Seguimos buscando en la zona de la explosión», se limitó a decir Enrique Balbi, portavoz del Ejército.

Luis Tagliapetra, padre de Alejandro Damián, uno de los 44 tripulantes del «ARA San Juan», explicó a LA RAZÓN cómo se podría haber generado el incidente según le informó el jefe de Submarinos de la Armada. Sin embargo, Tagliapetra desconfía. «Me dijo que en 30 años nunca vio algo de este tipo. Que debería haber habido gran acumulación de hidrógeno producida por la sulfatación de la batería y que una chispa haya producido la explosión», sostuvo el padre de Alejandro, que lleva nueve días sin conocer el paradero de su hijo. «Todo esto es difícil de creer porque implicaría una falta de profesionalidad en los que estaban a cargo y que fallaron los instrumentos porque no detectó el hidrógeno», añadió. A pesar de esta posibilidad y de las hipótesis que se manejan, tiene dudas sobre lo dicho por la Armada hasta ayer. Tagliapetra es marino de agua dulce y cuando conversa del tema, está claro que sabe de lo que habla. «Dicen que la implosión fue a 30 millas de la última comunicación, la avería fue en las baterías de proa y las anularon para seguir con las de popa, que no tenían ningún inconveniente. La implosión fue tres horas después de la última comunicación. En tres horas a cinco nudos tuvo que haber recorrido 15 millas y no 30, lo que implica que el capitán tuvo que haber doblado la velocidad, desobedeciendo la orden. Algo muy improbable, casi imposible», cuestionó. «Me aseguraron que el submarino estaba en perfecto estado», sentenció. «Estamos mal, destruidos. El jueves fue un día terrible. Me habían invitado a un noticiero. Estaba yendo para allá y me llaman de la base diciéndome que el famoso ruido estaba corroborado y que había sufrido una implosión y que por añadidura estaban todos muertos. El jefe de la base me dio directamente el pésame. Me dijo que mi hijo era un gran marino. ‘Era’», contó.

LA RAZÓN volvió a reunirse con un almirante que prefiere guardar el anonimato. «Esta guerra interna viene de César Milani», explica. Un militar del Ejército argentino, actualmente retirado con el grado de teniente general. Fue jefe de Estado Mayor General del Ejército entre 2013 y 2015, además del responsable de los servicios secretos militares con los Kirchner. «Esta batalla viene de dentro, él sigue dando órdenes desde la cárcel. Es como sucedió con la SIDE, los antiguos servicios secretos, con la muerte de Nisman. Agentes como Jaime Stiuso decidieron vengarse de Cristina Kirchner. Ahora es Milani quien podría manejar a su antojo información privilegiada sobre el submarino. No te extrañe que en semanas, lo veamos libre», comenta. «En cualquier caso, el submarino no estaba en condiciones y la Armada, hace tiempo que anda descontenta con el Gobierno y el Ministerio de Defensa».