El Congreso destituye a Cunha, el «verdugo» de Rousseff, por corrupción

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La corrupción parece no tener fin en Brasil. La Cámara de Diputados destituyó al parlamentario Eduardo Cunha –arquitecto del «impeachment» de la presidenta de izquierdas Dilma Rousseff– por ocultar cuentas bancarias en Suiza, en una nueva página de la crisis política que golpea al gigante suramericano. El plenario decidió poner fin a su mandato por 450 votos a favor, diez en contra y nueve abstenciones, al cabo de una sesión intensa en la que el propio Cunha asumió personalmente su defensa.

Ultraconservador, evangélico y fino conocedor de los laberintos reglamentarios del Congreso, Eduardo Cunha fue acusado ante el consejo de ética de la Cámara de mentir a sus pares al afirmar que no poseía cuentas bancarias en Suiza. Se enfrenta, además, a causas ante el Tribunal Supremo por corrupción pasiva, lavado de dinero, ocultamiento de cuentas en el extranjero abastecidas con dinero ilegal de Petrobras, abuso de poder y realización de maniobras para obstaculizar investigaciones, entre otras. En julio, Cunha se vio obligado a dimitir como presidente de la Cámara por estas acusaciones.

Durante su alegato, el político criticó a Rousseff y al Partido de los Trabajadores (PT), y durante largos pasajes encarnó al político calculador y dominante de los días en que presidía la Cámara. «Es el precio que estoy pagando para que Brasil quede libre del PT. Me están cobrando el precio del «impeachment» que acepté y que nadie más estaba en condiciones de hacer en ese momento», dijo después de recordar a sus colegas que al menos 160 de ellos también se enfrentan a investigaciones judiciales.

Rousseff acusó a Cunha y a su entonces vicepresidente, Michel Temer (ahora presidente del país), de haber llevado a cabo un «golpe de Estado» parlamentario. Tanto Cunha como Temer pertenecen al partido de centro derecha PMDB, que fue durante largos años el principal aliado del PT.