Actualidad

Examen en las urnas al «milagro económico portugués»

El socialista Costa parte como favorito en las elecciones de mañana. El primer ministro le ha arrebatado a la derecha su discurso de buen gestor tras sacar al país de una de sus crisis más graves.

El socialista Costa parte como favorito en las elecciones de mañana. El primer ministro le ha arrebatado a la derecha su discurso de buen gestor tras sacar al país de una de sus crisis más graves.

Publicidad

Cuando la izquierda gobierna, tiende a promover el gasto social y prestar menos atención a las cuentas públicas, mientras que la derecha suele apostar por la austeridad y centrarse en el equilibrio presupuestario. En Portugal, sin embargo, la situación ha sido distinta durante esta legislatura. Ahí el primer ministro socialista, Antonio Costa, ha hecho del rigor fiscal un pilar fundamental de su Gobierno y ha seguido una política económica conservadora que no solo ha facilitado la recuperación, sino que también ha creado las condiciones que garantizan su reelección mañana. Cerró ayer la campaña como favorito destacado frente a una derecha que, si se cumplen los sondeos, cosechará una derrota histórica.

Costa llegó al poder hace cuatro años gracias al apoyo de la izquierda radical, que accedió a investir su Ejecutivo minoritario si él se comprometía a promulgar costosas medidas sociales, entre ellas el aumento del salario mínimo y la reposición de los sueldos recortados de los funcionarios. En un primer momento las instituciones europeas y financieras desconfiaron de los pactos cerrados con el Bloque de Izquierda (BI) –el Podemos luso– y el Partido Comunista (PCP), y se mostraron especialmente nerviosas cuando el primer ministro tomó posesión jurando «pasar página a la austeridad». Sin embargo, el alarmismo resultó ser exagerado, pues desde el primer momento Costa entendió que si no recuperaba la confianza de Bruselas y las agencias de «rating», su Gobierno fracasaría.

El nuevo primer ministro encargó esa tarea a su titular de Finanzas, Mario Centeno, quien optó por mantener en vigor gran parte de las políticas instauradas por el anterior Gobierno del conservador Pedro Passos Coelho y poner todo su esfuerzo en la reducción del déficit, que era del 4,4% del PIB en 2015. Con este fin, Centeno cerró el grifo del gasto público, y compensó el coste de las medidas sociales con el recorte de los presupuestos de servicios públicos como el Servicio Nacional de Salud, cuya partida el año pasado fue del 4,8% del PIB, porcentaje inferior al que tuvo durante la intervención de la troika. Aunque ha aceptado reducir el IVA aplicado a la restauración y la cultura, el Gobierno ha subido las tasas sobre el tabaco, los refrescos y las bolsas de plástico, y gradualmente incrementado la carga fiscal, que actualmente es del 35% del Producto Interior Bruto.

El rigor de la «dieta» fiscal ha generado cierto descontento entre los funcionarios, pero ha tenido su resultado. En cuatro años el ministro ha conseguido reducir el déficit al 0,5% del PIB –el punto más bajo desde la llegada de la democracia– y ha recaudado los fondos suficientes para saldar las deudas pendientes con las instituciones financieras que pagaron el rescate de 2011. El Gobierno se ha mostrado firme al lado de los empresarios y mantenido las reformas de Passos Coelho para favorecer la competitividad y, consciente del enorme potencial de la población lusa –que resulta atractiva para el empresario extranjero al ser multilingüe, pero estar acostumbrada a salarios reducidos–, también ha intentado fomentar la inversión extranjera con jugosos beneficios fiscales.

Publicidad

El efecto combinado de la «dieta» de Centeno y de las políticas que han favorecido el crecimiento de los sectores del turismo y la construcción han desembocado en un presente espectacular para un país que se encontraba en la ruina. Durante la segunda mitad de la legislatura Portugal ha crecido por encima de la media europea, un 3,5% del PIB en 2017 y un 2,4% en 2018.

Además, Costa ha mostrado brillantez al optar por mantener el camino económico trillado por los conservadores, porque además ha servido para dejar a la derecha sin la narrativa tradicional utilizaba para atacar a los socialistas. Según las últimas encuestas, el Partido Socialista del primer ministro se hará con el 37,7% del voto, mientras que el Partido Social Demócrata quedará en un distante segundo lugar al solo conseguir seducir al 28,8% del electorado, una derrota que sería humillante. Al hacer suyo el rigor fiscal de la derecha, el «premier» socialista se ha inoculado de los ataques tradicionales, y al no tener una narrativa nueva para cuestionar su liderazgo, los conservadores se han quedado sin manera de evitar que Costa triunfe mañana y se mantenga en el poder.

Publicidad

Costa pierde los papeles con un anciano en el cierre de campaña

La tranquilidad que ha caracterizado la campaña en Portugal se vio mermada ayer al producirse un choque entre el primer ministro socialista, Antonio Costa, y un ciudadano que le increpó en el centro de Lisboa. Después de que el jefe del Gobierno socialista participara en un mitin en la Plaza de Comercio, un anciano se acercó y le acusó de haber estado ausente cuando se produjo el incendio de Pedrógão Grande, en el que murieron 66 ciudadanos portugueses en 2017.

«¡Es mentira! ¡Es mentira!», gritó Costa al anciano, que se dirigió a él durante un paseo electoral en el centro de Lisboa y le acusó de estar de «merecidas vacaciones» en los incendios. Tras recalcar que eso era «mentira», Costa se giró con intención de alejarse, pero volvió a darse la vuelta y se dirigió otra vez enfadado hacia el hombre y llamándole «mentiroso» a gritos, tras lo que tuvo que ser apartado por los escoltas que le acompañaban para poner fin al incidente.

Minutos después, cuando ya se encontraba en la cercana estación de Santa Apolónia para tomar el tren rumbo a Oporto, donde celebraría el último acto electoral, Costa denunció en declaraciones a periodistas que hay «una campaña de mentiras que la derecha repite constantemente» sobre que estaba de vacaciones cuando ocurrió la tragedia.

La acusación, efectivamente, era falsa. Aunque la gestión gubernamental de la tragedia fue cuestionada, el primer ministro estuvo presente mientras duró la crisis. Sin embargo, en vez de ignorarla, Costa entró en cólera y el choque fue captado por los medios. El gesto ha dejado una imagen muy negativa del primer ministro a menos de 48 horas de los comicios, en los que pretende conseguir una resultado abultado que le permita prescindir de la izquierda más radical en la próxima legislatura. Quizás le cueste unos votos fundamentales para ello.