El bloque de izquierdas tumba el Gobierno de Passos Coelho

El primer ministro, Pedro Passos Coelho, tras la moción de rechazo durante la sesión parlamentaria.
El primer ministro, Pedro Passos Coelho, tras la moción de rechazo durante la sesión parlamentaria.

La alianza tripartita saca adelante la moción de rechazo y derriba al Gobierno conservador de tan sólo once días.

Portugal decidió ayer continuar su camino hacia un territorio político nunca antes explorado. El Palacio de Sao Bento –el imponente edificio neoclásico que alberga la Asamblea portuguesa– se convirtió ayer en testigo de una decisión histórica en el país: la mayoría parlamentaria de izquierdas tumbó el programa de los conservadores, rompiendo con la tradición de permitir que gobierne el partido más votado en los comicios. Los 122 escaños que reúnen el Partido Socialista (PS), el Bloque de Izquierda y los comunistas sirvieron de sobra para derribar el proyecto del conservador Pedro Passos Coelho, con la esperanza puesta en que el presidente, Aníbal Cavaco Silva, encargue en los próximos días la formación de Gobierno al líder socialista, António Costa. Passos Coelho se reunirá hoy con el presidente para transmitirle que no cuenta con un respaldo suficiente. Debido a que su mandato finaliza en enero, las otras opciones de Cavaco son mantener en funciones al actual Ejecutivo hasta la celebración de nuevas elecciones o convocar un gabinete de tecnócratas para dirigir el país hasta los próximos comicios, escenario que no se produciría antes de mayo.

Contra todo pronóstico y a pesar de sus diferencias, el discurso final de Costa en la moción de rechazo provocó que varios diputados del Bloque de Izquierda se levantaran y arrancó los aplausos de toda la bancada de izquierdas. «Siempre dijimos y repetimos que nadie contase con el PS para apoyar la continuación de las políticas de la coalición», aseguró Costa ante la Cámara, en referencia a la unión entre el Partido Social Demócrata (PSD) de Passos Coelho y sus socios del Centro Democrático y Social (CDS). Costa reconoció que «se acaba un tabú, se rompe un muro» en la tradición política portuguesa. Mientras que el líder de los socialistas apeló a la «responsabilidad patriótica» de la izquierda, Passos Coelho criticó duramente a la oposición por querer «reescribir el resultado electoral». El Partido Socialista «optó por unirse a las minorías que han combatido desde siempre», apuntó el conservador, que atacó también a Costa asegurando que «lo que mueve a la dirección del PS no es más que el apetito por el poder».

Dos manifestaciones ante el Parlamento sirvieron de ejemplo para ilustrar la división social que ha causado este revuelo político en la sociedad lusa. Centenares de personas se concentraron ante el Palacio de Sao Bento antes de que se votara la moción. Los portavoces parlamentarios del PSD y el CDS abandonaron el pleno para agradecer personalmente a los manifestantes el apoyo a su gestión. Después de la votación, una vez derribado el que se ha convertido en el Gobierno más corto de la historia de Portugal, varios miles de personas celebraron el resultado de la votación a las puertas del Parlamento. Entre los manifestantes estuvo el histórico dirigente del Partido Comunista Jerónimo de Sousa, que fue recibido entre vítores, aplausos y gritos de victoria.

Más de un mes ha transcurrido desde que los portugueses decidieran revalidar la labor de Passos Coelho al frente del país durante los últimos cuatro años. No obstante, el severo programa de austeridad aplicado por el primer ministro en la última legislatura y la débil recuperación económica del país fueron los principales obstáculos para renovar la mayoría absoluta de la que gozaba en el Parlamento. Aunque la hipótesis de un pacto de izquierda parecía algo inalcanzable, el líder del Partido Socialista, António Costa, aseguró desde un principio su intención de llegar a un acuerdo con el Bloque de Izquierda y los comunistas, tercera y cuarta fuerzas parlamentarias, respectivamente. A pesar de haberlo logrado, Costa se ha visto forzado a firmar tres pactos individuales distintos con el Bloque de Izquierda, el Partido Comunista y Los Verdes, que se presentaron en coalición con los comunistas. Teniendo en cuenta lo insólito del escenario, las formaciones a la izquierda del PS han optado por mantener su identidad política, preservar su independencia parlamentaria y no entrar a formar parte de un futuro Gobierno con los socialistas. Tal ha sido la determinación de los tres partidos que ni siquiera se realizó una firma conjunta de los acuerdos, sino que Costa tuvo que reunirse por separado con los diferentes líderes políticos. El acuerdo fue oficializado horas antes de que se votara la moción de censura contra Passos Coelho y garantiza medidas como el aumento del salario mínimo de los 505 a los 600 euros, la anulación de privatizaciones como la de la aerolínea TAP o la revocación de servicios externalizados, como los del metro de Lisboa y Oporto.

Apenas un año después del rescate, Portugal podría enfrentarse a un Gobierno respaldado por dos formaciones contrarias a las instituciones comunitarias y partidarias de revertir los recortes. Aunque Costa se ha comprometido a cumplir con la UE y el Bloque y los comunistas han renunciado a sus aspiraciones más radicales, la débil recuperación económica del que sigue siendo el país más pobre de Europa Occidental sigue en juego todavía.