Trump polariza Estados Unidos para salvarse del «impeachment»

El presidente confía en salir fortalecido del juicio político. Su estrategia consiste en crear un clima prebélico y llevar el debate a su terreno para restar importancia a su conversación con el mandatario de Ucrania y debilitar a los demócratas

La semana en la que el Congreso aprobó, al fin, las normas que regirán las sesiones del «impeachment», la Casa Blanca apostaba por una táctica en contraposición a todo lo que dictaminan los manuales políticos. En lugar de designar a un equipo de abogados solvente, capaz de presentarse ante los Comités y el público con un relato elaborado, eficaz, solvente y duro, Donald Trump sigue apostando por dedicarse a las redes sociales. El actual mandatario prefiere enviar a los congresistas y senadores republicanos y enfrentarlos a los comparecientes, citar en Twitter a los periodistas que tachan el «impeachment» de linchamiento y golpe de Estado, y reclutar para su causa a los dos únicos congresistas demócratas que optaron por votar «No» el pasado viernes.

La Casa Blanca apuesta todo o nada al relato que le dio la presidencia en 2016. Con los continuos ataques a Pelosi y Schiff, mascarones de proa del «impeachment», y con las órdenes al personal del Departamento de Estado para evitar que colaboren con la investigación, Trump aspira a reeditar un clima prebélico, de gran polarización, que reduzca a cenizas las discusiones por lo que pudo hacer o no hacer en relación a Ucrania y el presidente Zelensky.

Así las cosas lo principal, más allá de cualquier consideración técnica, y de lo que digan las leyes, los juramentos y la historia, es transformar la batalla del «impeachment» en guerra de propaganda. Como el boomerang, los ataques contra el presidente acaban por volverse en contra de sus críticos. Las encuestas, la última una de ABC y el «Washington Post», favorecen sus intuiciones. Si bien es cierto que una mayoría del electorado parece inclinarse por el proceso contra Trump, la diferencia con los que se pronuncian en contra es tan pequeña, y los resultados tan dramáticamente dispares entre los votantes demócratas y los republicanos, que apoyan o condenan el proceso, que todo parece reducirse a la tradicional disputa ideológica, al combate bipartidista y al ensañamiento «ad hominen» con ninguna relación con el objeto de debate.

No por nada la mismísima Pelosi desconfiaba del «impeachment». Esta misma semana, la presidente del Congreso y líder de la mayoría demócrata respondió que lo primero que hizo cuando supo de la charla con Zelenksy fue rezar por los EE UU. Más bien parece que rezase por su propio partido, empujado al «impeachment» por los candidatos más jóvenes exaltados y en contra de los consejos de los partidarios de desarrollar una campaña convencional. Temía Pelosi que, abierta la caja de Pandora, Trump redoblase su discurso victimista. Que las vistas, los interrogatorios y los debates le proporcionen el tipo de ecosistema que sirve maravillosamente a sus instintos de hombre a la contra.

La debacle del Rusiagate, que acabó en nada concreto, ya demostró su fortaleza para resistir y crecerse. La visión de Trump, que le empuja al cuerpo a cuerpo, no convencía a algunos de sus colaboradores. Cuentan CNN y otros que cuando decidió hacer pública su conversación con Zelensky varios asesores trataron de hacerle desistir. En su opinión, la transcripción abría la puerta al «impeachment» y fortalece la idea de que el presidente de EEUU haya amenazado con cortar la ayuda militar y económica a Ucrania a cambio de trapos sucios contra el candidato Joe Biden. «Un mes, más de una docena de testigos y una votación formal sobre los procedimientos de juicio político más tarde», han escrito Kevin Liptak y Kaitlan Collins en CNN, «la medida sigue escociendo. Algunos consejeros se preguntan por qué se publicó la transcripción. Su publicación ha sido vista por algunos como un desastre». Es muy posible. Pero también lo es que hace cuatro días el teniente coronel Alexander Vindman, consejero del Estado Mayor, acusara a los funcionarios de la Casa Blanca de borrar u omitir frases importantes de la charla. Contra pronóstico, y como vaticinaban Pelosi y otros, lejos de debilitar a Trump, su testimonio lo ha fortalecido.