Vietnam, cuna del tráfico humano

Reino Unido admite que la mayoría de las víctimas del camión eran vietnamitas. El país, modelo de éxito económico, expulsa a miles de personas de la mano de mafias que les lanzan a la UE

En altares improvisados presididos por los retratos de sus seres queridos y como si de casi un velatorio se tratara, numerosas familias vietnamitas esperan la confirmación de la peor de las noticias, el fallecimiento de uno de sus seres queridos. Ya han transcurrido diez días desde que el pasado 23 de octubre, 39 personas fueron halladas muertas -31 varones y 8 mujeres- dentro de un camión frigorífico en la localidad de Grays, perteneciente al condado británico de Essex. Aunque todavía se desconocen sus identidades, la terrible sospecha apunta a que la mayoría de ellos son originarios de Vietnam.

La familia de Pham Thi Tra My, una joven de 26 años de la aldea de Ha Tinh, es una de ellas. Aquel día, horas antes de que se descubriera la tragedia en ese camión, envió un mensaje de texto a sus padres lamentándose de su suerte. «Lo siento, mamá, mi camino al extranjero no tuvo éxito», escribió. A continuación, otro SMS rezaba: «¡Mamá, os quiero mucho a ti y a papá! Me muero porque no puedo respirar». Horas después, cuando su madre vio la nota, ya era demasiado tarde. Desde aquel momento, las llamadas y mensajes a su hija no han recibido respuesta y, aunque el hermano de Pham todavía tiene la esperanza de que se encontrara en otro vehículo, sus padres se temen lo peor.

El caso de esta joven vietnamita ilustra la triste realidad de un estado que es considerado un ejemplo de despegue económico para otras naciones asiáticas. En los últimos 30 años, esta región de 97 millones de personas ha logrado una de las tasas de crecimiento más rápidas del mundo, llegando al 7,1% el año pasado. Pero como en todos los procesos, el desarrollo del país está repleto de luces y sombras. Aunque la pobreza se ha reducido en líneas generales, algunas provincias rurales del centro del territorio no han experimentado el mismo devenir, en parte por el azote de los desastres naturales derivados del impredecible cambio climático. Por esa razón, los habitantes de Nghe An y Ha Tinh, dos de las provincias más pobres de Vietnam, se han convertido en carne de cañón para las mafias de trata de personas. Tan solo en Ha Thim, más de 41.000 personas han abandonado la provincia en los primeros ocho meses de este año.

Con Inglaterra como el destino más cotizado, los nacionales de este país asiático se han convertido en la mayor fuente de víctimas de tráfico humano, solo por detrás de Albania, según el embajador británico en Vietnam. En los últimos 10 años y aunque se teme que la cifra pueda ser más elevada, las autoridades inglesas han identificado a 3.187 vietnamitas –incluidos adultos y niños– como posibles víctimas de un tipo de tráfico que empieza en sus lugares de origen. Allí, empujados por el desconocimiento y las ansias de una vida mejor que saque a sus familias de la miseria se embarcan en costosos viajes persuadidos por otros paisanos que les prometen cumplir su sueño, llegar a la tan ansiada Europa.

Para poder pagar su periplo, hipotecan a unos parientes que, a su vez, piden préstamos en el banco con diferentes excusas y los avalan con sus casas o tierras. Después, entregan ese dinero a los contrabandistas para pagar los vuelos, pasaportes falsos y otros viajes y, a medida que se van acercando al destino final, la cifra adeudada se va incrementando. Los traficantes incluso ofrecen diferentes opciones para los inmigrantes, con cantidades que van de los 12.000 a los 50.000 dólares americanos. Con esa última cifra, se supone que se puede conseguir el «paquete VIP» a Gran Bretaña, que incluye lo citado anteriormente más un abogado en el destino final. Sin embargo, lo cierto es que el trayecto puede llevar años y el éxito no está asegurado.

En uno de sus últimos mensajes, Le Van Ha, otro joven de 30 años, le contaba a su padre que pronto partiría hacia Inglaterra. Sin embargo, tras no recibir noticias sobre su paradero durante unos días, su progenitor ha asumido que su hijo se encuentra entre los fallecidos. Ahora, la familia de Le Van Ha espera con angustia que se coteje su ADN con alguno de los fallecidos y se confirme el peor de los presagios, mientras se las ingenian para hacer frente a una deuda de 25.000 dólares, el dinero que reunieron tras hipotecar sus dos parcelas de tierra para pagarle el viaje a Le Van. «No sé cuándo podremos pagar. Soy un hombre mayor, tengo muy mala salud y tengo que ayudar a criar a sus hijos», se lamentaba.

El caso de Le Van, sin embargo, no servirá de mucho en una región en la que este tipo de viajes se ha convertido en una práctica habitual para salir de la pobreza. Más aún, cuando una tragedia de este tipo deja a las familias lastradas por la deuda. Según el experto en trata de humanos Mimi Vu, esa situación hace que se repita el ciclo una y otra vez para poder devolver el dinero y «si hay otro joven, otro miembro de la familia, intentarán enviarlo al extranjero», apuntó.

Más detenidos por la tragedia

Las últimas pesquisas de la investigación han sumado cuatro nuevos arrestos en Vietnam. Entre ellos se encuentra Le Duy Anh, un hombre de 40 años que dirige desde 2015 una organización vinculada a este tipo de actividades y que, al parecer, ha recibido más de 400 solicitudes de personas que nunca llegaron a pisar el país con el que soñaban recaudando cientos de miles de dólares. Además, permanecen arrestados el joven de 25 años norirlandés que conducía el camión e identificado como Mo Robinson; otro hombre de 48 años procedente de Irlanda del Norte; y un varón y una mujer, ambos de 38 años.