Divorciada, americana y mestiza, así es Meghan Markle

«Nada ha cambiado, sigo siendo la misma y nunca seré definida por la persona con la que tengo una relación»

Meghan Clarke
Meghan Clarke

A los 11 años forzó a un fabricante de detergente a cambiar su publicidad sexista después de que escribiera una carta a la entonces primera dama Hillary Clinton y a otras figuras de alto perfil, quejándose de que el anuncio en cuestión implicaba que el lugar de las mujeres era la cocina.

«Nada ha cambiado, sigo siendo la misma y nunca seré definida por la persona con la que tengo una relación». Así se expresaba Meghan en la entrevista concedida a «Vanity Fair», de la que fue portada el pasado octubre. Pero, claro que todo ha cambiado porque se va a convertir en la esposa de un príncipe. Y su vida nunca volverá a ser igual. La hasta ahora actriz nació el 4 de agosto de 1981 y creció en Los Ángeles, California. Estudió en un colegio católico femenino y se graduó en Relaciones Internacionales en la Universidad del Noroeste, en Illinois, en 2003, poco tiempo después de haber empezado una carrera en interpretación.

Su religión no representa ahora un obstáculo porque desde el cambio de normativa de 2005, un miembro de la familia real –todos son anglicanos– se puede casar con una católica. Y desde 2002, la Iglesia de Inglaterra acordó también que las personas divorciadas podrían volver a casarse por la Iglesia, bajo ciertas circunstancias, a discreción del sacerdote. En este sentido, el arzobispo de Canterbury ha dado el beneplácito a la pareja porque ninguno de ellos fue el causante del divorcio de Meghan, quien, tras seis años de noviazgo, se casó con el productor Trevor Engelson en una ceremonia civil celebrada en septiembre de 2011. Se separó en mayo de 2013 y no fue hasta finales de 2015 cuando conoció al príncipe Enrique.

Hasta entonces, su vida había estado muy relacionada con el entorno de Hollywood. Su padre, director de iluminación y fotografía de televisión, de ascendencia holandesa e irlandesa, la llevaba a las grabaciones de exitosas series como «Matrimonio con hijos», en cuyos cáterings, según relató la propia Meghan en su web «The Tig», había «suficientes dulces como para creerte en la fábrica de chocolate de Willy Wonka». La interprete dejó de actualizar dicho blog y sus redes sociales el pasado mes de abril. Ahora ya se sabe el motivo.

Su madre, sin embargo, una terapeuta clínica afroamericana, le dio una educación más realista de la vida. Con ella pasó largas temporadas en Oaxaca (México) y en Jamaica, donde fue testigo directo de la pobreza, de cómo los niños jugaban en calles sin asfaltar y vendían chicles para llevar algún dinero extra a casa. «Mi madre me crió para ser una ciudadana del mundo, con los ojos abiertos a la realidad, que a veces puede ser dura», declaró en otra ocasión.

A los 11 años forzó a un fabricante de detergente a cambiar su publicidad sexista después de que escribiera una carta a la entonces primera dama Hillary Clinton y a otras figuras de alto perfil, quejándose de que el anuncio en cuestión implicaba que el lugar de las mujeres era la cocina.

Su compromiso con la igualdad de género la ha llevado a trabajar con Naciones Unidas. Una vez fue ovacionada por su discurso en el Día Internacional de la Mujer 2015 durante una audiencia de esta organización, en la que estaba presente el secretario general, Ban Ki-moon. A principios de este año, se convirtió también en embajadora mundial de World Vision Canadá, una organización sin fines de lucro que busca mejorar la educación, alimentación y atención médica de los niños.

Respecto a sus orígenes raciales, en 2015 escribió un artículo para la revista «Elle» donde aseguraba que su «herencia mixta puede haber creado una zona gris en torno a mi identidad, manteniéndome con un pie en ambos lados de la cerca, pero la he aceptado para decir quién soy, para compartir de dónde soy, para expresar mi orgullo de ser una mujer fuerte y de raza mixta».