Dopaje cerebral

La fuerza mental o la habilidad de sobreponerse son algunas cualidades que hacen únicos a deportistas de élite, pero, ¿y si estos procesos se pudieran acelerar?

Estimulación magnética transcraneal (TMS)
Estimulación magnética transcraneal (TMS)

La fuerza mental o la habilidad de sobreponerse son algunas cualidades que hacen únicos a deportistas de élite, pero, ¿y si estos procesos se pudieran acelerar?

En una reciente entrevista, la nadadora Ona Carbonell aseguraba que «la mente es más importante que el cuerpo, la cabeza tiene más fuerza que cualquier músculo». Y no va muy errada, teniendo en cuenta que el golfista Rafael Cabrera-Bello, la campeona del mundo de bádminton, Carolina Marín, y todo el equipo de hockey masculino han recurrido al asesoramiento de expertos para entrenarse mentalmente. Aunque exitoso en numerosos casos, éste es un proceso en el que la relación se establece entre humanos. ¿Qué ocurriría si se recurre a la tecnología para aumentar las capacidades mentales de los deportistas? ¿Se consideraría dopaje?

Los expertos señalan dos técnicas que ya han demostrado efectos positivos. Una es la estimulación magnética transcraneal (TMS por sus siglas en inglés), que consiste en aplicar pulsos magnéticos a regiones del cerebro. Una de las primeras pruebas con esta tecnología se centró en estimular la región del cerebro conocida como ínsula y que, en otras cosas, está involucrada con el aprendizaje. Gracias a la estimulación magnética en esta región, los voluntarios de un estudio militar aprendieron más rápido habilidades relacionadas con la puntería. Luego se aplicó la misma tecnología a ciclistas del equipo italiano. Aumentaron su desempeño un 5%, lo cual puede parecer poco, pero a nivel competitivo, cuando las medallas se deciden por centésimas, un 5% es un abismo. Otros estudios han demostrado que la TMS disminuye el tiempo de reacción a estímulos visuales, auditivos o táctiles (fundamental para la práctica de tiro, deportistas de velocidad y hasta halterofilia o gimnasia) y aumenta la capacidad de adquirir nuevas habilidades.

La segunda técnica es la estimulación transcraneal con corriente directa o tDCS, en la cual se aplican corrientes eléctricas al cerebro a través de electrodos. Años atrás, científicos italianos demostraron que esta tecnología puede aumentar la resistencia del movimiento de los brazos un 15%, mientras que investigadores japoneses aplicaron tDCS a la corteza motora y señalaron un aumento en la fuerza muscular de dedos (manos y pies) y rodillas.

Nick Davis, neurocientífico de la Universidad de Bangor, en Gales, ha analizado estos dos métodos en el marco de la actividad deportiva. Davis explica que los beneficios en la fase inmediatamente posterior a la estimulación abarcan mejor respuesta a la fatiga, aumento de las habilidades motoras, supresión de temblores, mayor velocidad de reacción... Ambas tecnologías mantienen sus efectos entre 20 y 60 minutos después de la estimulación.

Una vez demostrado que tanto la TMS como la tDCS aumentan el desempeño de los atletas, vienen las preguntas. ¿Pueden considerarse como dopaje? Por un lado no hay ninguna sustancia involucrada y tampoco entraría en una de las reglas que la AMA (Agencia Mundial Antidopaje) señala como doping, la número 2: El uso, o intento de uso, de una sustancia o método prohibidos, ya que ninguna de estas técnicas ha sido prohibida. Lo que ocurre es que se trata de tecnologías que aumentan, de modo artificial, la «performance» de los atletas, por lo tanto, no sería extraño que, a medida que más y más atletas comiencen a usarlas, la AMA comience a interesarse más y más por el «neurodoping».