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Andalucía (no) Suma

Ahora que el estruendo electoral ha pasado de ensordecedor a enloquecedor, con todos los líderes «adolescentes» –ha estado sembrado Feijóo, ese superviviente, en su grito de impotencia– compitiendo en la extravagancia de sus propuestas para evitar la nueva llamada a las urnas, conviene fijarse en cómo el Gobierno andaluz muestra la gloria y la miseria de los pactos entre las fuerzas de la centroderecha. España Suma es una fórmula que Casado quiere exportar desde Navarra, donde su éxito ha radicado que Partido Popular y Ciudadanos son marginales al lado de UPN, el gran partido foralista que los pastorea, para zamparse a Rivera a la naranja, como el pato de la receta cantonesa. Juan Marín, pese a que se solaza con los placeres de manejar un presupuesto descomunal, puede contarle a su jefe nacional lo poco que luce ser el socio minoritario. A efectos de visibilidad, el gabinete de Moreno es, eso mismo, de Moreno y de su valido, Elías Bendodo, erigido desde la Consejería de Presidencia en un auténtico ministro plenipotenciario al estilo de Richelieu o Mazzarino cuando, en la Edad Moderna, se ponían las bases del Estado tal y como lo conocemos. La apariencia monocolor de este bi(tri)partito que manda en la Junta, sin embargo, no debe llamar a engaño: una hipotética Andalucía Suma estaría condenada al fracaso en las elecciones, ya que hay votantes de cada conservadores o centristas del todo refractarios a decantarse por el otro y, además, al mejunje no podrían añadírsele las (decisivas) mesnadas extragubernamentales de Vox, so riesgo de que izquierda explotase hasta la extenuación y con la habitual eficacia la imagen del dóberman ultra. El PP, o sea, se alimenta en solitario de los éxitos de un gobierno de coalición, y engorda feliz, pero no le interesa matar de hambre a sus socios.

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Ahora que el estruendo electoral ha pasado de ensordecedor a enloquecedor, con todos los líderes «adolescentes» -ha estado sembrado Feijóo, ese superviviente, en su grito de impotencia- compitiendo en la extravagancia de sus propuestas para evitar la nueva llamada a las urnas, conviene fijarse en cómo el Gobierno andaluz muestra la gloria y la miseria de los pactos entre las fuerzas de la centroderecha. España Suma es una fórmula que Casado quiere exportar desde Navarra, donde su éxito ha radicado que Partido Popular y Ciudadanos son marginales al lado de UPN, el gran partido foralista que los pastorea, para zamparse a Rivera a la naranja, como el pato de la receta cantonesa. Juan Marín, pese a que se solaza con los placeres de manejar un presupuesto descomunal, puede contarle a su jefe nacional lo poco que luce ser el socio minoritario. A efectos de visibilidad, el gabinete de Moreno es, eso mismo, de Moreno y de su valido, Elías Bendodo, erigido desde la Consejería de Presidencia en un auténtico ministro plenipotenciario al estilo de Richelieu o Mazzarino cuando, en la Edad Moderna, se ponían las bases del Estado tal y como lo conocemos. La apariencia monocolor de este bi(tri)partito que manda en la Junta, sin embargo, no debe llamar a engaño: una hipotética Andalucía Suma estaría condenada al fracaso en las elecciones, ya que hay votantes de cada conservadores o centristas del todo refractarios a decantarse por el otro y, además, al mejunje no podrían añadírsele las (decisivas) mesnadas extragubernamentales de Vox, so riesgo de que izquierda explotase hasta la extenuación y con la habitual eficacia la imagen del dóberman ultra. El PP, o sea, se alimenta en solitario de los éxitos de un gobierno de coalición, y engorda feliz, pero no le interesa matar de hambre a sus socios.