Andalucía

Los girasoles y el desempleo

Para apreciar adecuadamente un cuadro de girasoles de, por ejemplo, Van Gogh se recomienda un sencillo guiño. En eso consiste la pintura impresionista, sostenía el escritor inglés Chesterton, en emplear a conciencia un solo ojo con el fin no de contemplar la realidad, sino la insinuación de esa realidad. La política es impresionista por definición; nada como su cotidianidad para comprobar su diestro manejo en el juego de las insinuaciones. Sin una realidad cierta ni definitiva que juzgar, basta la retórica. Al igual que los pintores impresionistas querían que el público mirara sus cuadros con uno de los ojos, los políticos impresionistas pretenden que su público lo enjuicie con sólo uno de los lóbulos del cerebro. Es lo que se ha plasmado en el debate sobre el estado de la Comunidad celebrado estos días. El descerebrado que lo siguiera se habrá llevado una impresión. No más. Algún escaño hubo que sucumbió a la fácil insinuación de Bruselas: poco más o menos que Europa nos roba, a saber, la sacrosanta PAC. Lo chispeante, propio de políticos impresionistas, es que se hayan citado recortes en los fondos para la formación de parados. Arrea. Que el desempleo es una epidemia se evidencia con el voceo de unos rectores andaluces que prefieren llorar el recorte agrario, ¡a manojitos en los pesebres!, antes que acometer un verdadero reciclaje del desempleado. Y nadie sabe a ciencia cierta qué hace la consejería del ramo. En marzo fue el comisario Günther Hermann Oettinger quien riñó en el Congreso a las comunidades autónomas incapaces de conseguir recursos para la formación y el secretario de Empleo, Juan Pablo Riesgo, atizó recientemente a Andalucía por lo mismo desde el mismo sitio. Existe un problema grave con los fondos para la formación, pero aquí se miran los girasoles.

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