Andalucía

«O los mayores de 45 sin cualificación se forman o no entrarán en el circuito»

El presidente de la Confederación Española de la Pequeña y Mediana Empresa protagoniza el primer coloquio del año del Club de Directivos Andalucía de la Fundación Cajasol

El presidente de la Confederación Española de la Pequeña y Mediana Empresa protagoniza el primer coloquio del año del Club de Directivos Andalucía de la Fundación Cajasol

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Antonio Garamendi confesó ayer en el primer encuentro del año del Club de Directivos Andalucía del Instituto de Estudios Cajasol que su objetivo es «acabar» con la organización que preside, Cepyme, la Confederación Española de la Pequeña y Mediana Empresa: «Quiero que todas las empresas sean grandes».

En su presentación, el presidente de la Fundación Cajasol, Antonio Pulido, recordó que «el 80%» del empleo está generado por las pequeñas y medianas empresas. Garamendi apuntó después que el 90% de los puestos de trabajo radica en el sector privado y que más del 50% de las nuevas empresas son creadas por mujeres. Acerca de la polémica sobre la posibilidad de la propuesta de prácticas en empresas para mayores de 45 años, recordó que esa medida ya se adoptó en los 90 y que «se contrata porque se vale, da igual la edad». «Hay 890.000 mayores de 45 sin trabajo y con baja cualificación. O se forman o no van a entrar en el circuito», señaló. El líder empresarial recordó que con la crisis se destruyeron en el país «más de tres millones de empleos», con «300.000 empresas cerradas». Garamendi defendió el rescate financiero y la reforma laboral como dos medidas «clave para alzar el vuelo». Las cifras marcan un «cambio de modelo»: de 700.000 viviendas construidas en 2007 a 40.0000 en 2015. ¿Cómo se ha superado la crisis? «Con la internacionalización de las empresas». De 50.000 se ha pasado a 150.000 empresas exportadoras. «Los datos generales son buenos», dijo, recordando también el viento de bonanza de «los tipos de interés» bajos y «el precio del petróleo». El nubarrón: «la deuda». Y por encima, «la crisis de Cataluña». El tercer elemento de discordia: «la morosidad, un mal endémico. No se paga y no pasa nada». Garamendi también se quejó de las trabas administrativas y de la fiscalidad que estrangula la capacidad de ahorro con impuestos como el de Sucesiones y el de Patrimonio. Asimismo, se mostró a favor de una subida de salarios y abogó por combatir la desigualdad salarial (la que explicó por la incorporación tardía de la mujer al mercado laboral o el desequilibrio en la conciliación) con empleo de calidad.