El Barça planta cara al acoso escolar que sufre uno de cada diez niños

Un padre inventa un juego para descubrir y tratar el bullying que sufría su hija de nueve años

A partir del libro «Descubriendo a Matías», una guía que recoge herramientas del coaching para padres, se puede indagar si un niño sufre acoso escolar
A partir del libro «Descubriendo a Matías», una guía que recoge herramientas del coaching para padres, se puede indagar si un niño sufre acoso escolar

Un padre inventa un juego para descubrir y tratar el bullying que sufría su hija de nueve años.

Cuando Ana tenía nueve años, bajaba del autocar escolar con los trabajos de plástica hechos trizas. Se los rompía un grupo de niños de clase que le hacían bullying. Ana (nombre ficticio para proteger a la menor), no explicaba en casa ni a los profesores que el dolor de tripa que tenía los días de colegio era porque unos niños le hacían la vida imposible. Lo que vino después, da alas a la teoría del «efecto mariposa» que dice que pequeñas acciones pueden crear grandes cambios.

Todo empezó con una noticia en televisión sobre acoso escolar, como el que hoy habla de la campaña contra el bullying que han lanzado la Fundación FC Barcelona y el Colectivo Fu. «Uno de cada diez niños sufre bullying. Uno de cada diez niños necesita ayuda urgente. Uno de cada diez niños somos todos», alerta. El dato sale de un informe de Save the Children y más allá de que deportistas como Sergi Roberto, el héroe del 6-1 contra el Paris Saint Germain, pongan cara a la campaña, el Camp Nou acogerá mañana y pasado mañana un simposio que aborda esta lacra que no deja de aumentar y en la que el papel de los padres y profesores es determinante. Resulta que una niña de la clase de Ana vio la noticia sobre acoso escolar. Y en vez de callarse, le comentó a su madre que eso que salía en la televisión es lo que los niños del colegio le hacían a una compañera de clase. La madre tampoco se calló y llamó a los padres de Ana.

¿Qué hacer cuándo sospechas que tu hijo sufre acoso escolar? Esa es la pregunta que se hizo Carlos, el padre de Ana. Casualmente, escuchó en la radio una entrevista a Claudia Bruna, autora del libro «Descubriendo a Matías», una guía que recoge herramientas del coaching para que los padres conecten con sus hijos y descubran sus capacidades. «Tanto puede servir para descubrir si tu hijo toma drogas o si está enamorado», dice la autora.

Carlos fue a buscar el libro e inventó un juego con los ejercicios y preguntas que la autora propone para que los padres conozcan a sus hijos. Compró trece vasos de plástico y palos como los que los médicos utilizan para indagar si uno tiene anginas. En los palos escribió una serie de preguntas y le preguntó a su hija si quería jugar. Cada uno cogí un palo y respondían preguntas como qué deseo pedirías si tuvieras una varita mágica o qué animal te gustaría ser. A la primera pregunta, Ana respondió que le gustaría hacer desaparecer a los niños que la molestan en el colegio. A la segunda, «un perro para morder el culo a los niños que se meten conmigo». El juego funcionó. Antes de irse a dormir y con la luz apagada, Ana lo explicó todo. Su padre lo comunicó a la escuela, dio los nombres de los niños que acosaban a Ana, pero la respuesta de los profesores fue que «hay muchos niños con estos nombres».

El informe PISA, publicado hace una semana, incide en que los docentes están en una posición única para intervenir en situaciones de intimidación. Pero en el colegio, los padres de Ana no encontraron solución a su problema. Carlos buscó ayuda en la Asociación No Al Acoso (NACE), donde le confirmaron que su hija sufría «un caso claro de acoso escolar». Lo comunicó al departamento de Enseñanza que puso cartas en el asunto. Avisaron a la escuela de que tenían que elaborar un protocolo contra el acoso, formar al personal y que en caso de una segunda denuncia se les sancionaría administrativamente. Ana cambió de colegio. Pero los acosadores encontraron otra víctima. Y no fue hasta que los padres de esta otra niña alertaran a Enseñanza y la escuela se viera amenazada con una sanción administrativa que los profesores reaccionaron.

Carlos que se puso en contacto con Bruna y se apuntó a sus cursos de «coaching para padres», sigue trabajando con el libro. «El otro día ella estaba haciendo un experimento con maicena, se me ocurrió decirle que igual no le salía y me respondió que hay que ser positivo», dice contento.

Si bien los profesores y padres están preparados para identificar la agresión física, que afecta al 2,5 de los estudiantes en Cataluña según el informe PISA, no lo están para detectar la agresión psicológica. Bajar el rendimiento escolar es un síntoma. Bruna alerta: «el acoso puede destrozar la autoestima de un niño, que mañana será adulto».