El pop de Phoenix triunfa en el Primavera Sound

Kurt Vile y Django Django destacan en el arranque de la segunda jornada del festival, que volvió a llenar el recinto del Fórum

Kurt Vile y Django Django destacan en el arranque de la segunda jornada del festival, que volvió a llenar el recinto del Fórum

Era el día de Blur, pero había mucho que ver antes. El primero, Kurt Vile, cuyo rock confesional sonó tan cercano y vulnerable, que consiguió ese efecto empático que transforma a quien lo escucha en su doble. Unas 6.000 personas se convirtieron entonces en greñudos y airados músicos de la América profunda. Y entonces llegó el frío y el pop con tintes electrónicos de Django Django se convirtió en banda sonora de la gelidez.

A esas horas, todavía se recordaba lo vivido el jueves. Una jornada tiene día y noche. El Primavera Sound tiene el día y al menos ocho noches, una por cada escenario. Son tan diferentes entre sí que parecen paralelos espacio temporales, donde se es arrastrado y desaparece. El concierto de Phoenix de la noche del jueves fue el máximo exponente de esto. Los franceses rodearon su aura efectista de canciones de pop arrollador y actitud «cool» con algo más, difícil de definir, una mitología propia de correrías en la gran ciudad, soledad urbana, tipos con gabardina y mujeres que leen a Proust, y lograron encandilar a la audiencia con sus historias.

Era el concierto más esperado de la primera jornada y el lleno fue absoluto. La gente bailó, bebió, vio una lluvia de confeti, tuvo una revelación, vio que no, que sólo era un inglés con un taco, y disfrutó de lo lindo, que en definitiva es de lo que se trata. Las nuevas canciones del grupo parecen caras b de su gran «Wolfgang Amadeus Phoenix», pero siguen siendo una maravilla, porque es fantástico que sea sencillo emocionarte.

Antes, la contundencia y virtuosismo de J Mascis y sus Dinosaur J volvieron a demostrar que el «indie» nunca fue cosa de niños bonitos, sino de niños inadaptados. Su tradicional versión de «Just like Heaven» fue uno de los momentos que se deberían congelar y poner en órbita en busca de vida inteligente en el cosmos. Otro de los triunfadores fueron los lisérgicos Deerhunter, que volvieron a demostrar que la nueva psicodelia pop y las capas de sonido sirven para construir algo que se te clava muy dentro e incomoda, pero te rascas y te sientes de fábula.

Defraudaron un poco Grtizzly Bear en una impecable interpretación de sus canciones frías en los espacios tan abiertos del recinto. Un poco mejor estuvieron The Postal Service, en su regreso al directo, pero confirmaron que lo suyo es una anécdota, interesante, incluso emotiva, pero nada muy consistente. Después, la violencia y ruidismo de Death Grips venció a la violencia y ruidismo de Fuck Buttons. Los primeros parecen personas violentas y ruidosas y los segundos personas asustadas de gente violenta y ruidosa. Por último, destacar a Jessie Ware, una especie de Adele para el público hypster, a medio camino entre Lisa Stansfield y Depeche Mode.