Todos contra Fachín

El secretario general de Podem, en la cuerda floja después de que, además de la resistencia interna, la dirección estatal también haya pasado a la acción para desbancarle.

El secretario general de Podem, en la cuerda floja después de que, además de la resistencia interna, la dirección estatal también haya pasado a la acción para desbancarle.

La continuidad de Albano Dante Fachin está más amenazada que nunca. Poco después de cumplir un año al frente de Podem (salió elegido el 25 de julio del año pasado), el secretario general ha constatado cómo la dirección nacional ha abandonado las formas de la «nueva política» que propugnaba para abrazar las dinámicas de la «vieja política». Fachin ganó las elecciones primarias holgadamente, las bases le dieron la razón cuando sometió a votación la integración del partido en la confluencia de los «comunes» (Catalunya en Comú) e impulsó un proceso participativo para que la militancia decidiera el posicionamiento sobre el 1-O. Si bien, ninguna de las tres votaciones cuenta ahora mismo con el agrado de Pablo Iglesias, que parece dispuesto a no respetar sus resultados y tiene la intención de inmiscuirse desde Madrid para imponer su criterio. Para ello, ha iniciado una pugna con él en la que pretende apartarle, algo que ya hacen algunas facciones de Podem desde hace meses.

En las primarias de hace un año obtuvo una meritoria victoria, al conseguir el 41,96% de los votos (hubo cinco aspirantes), teniendo en cuenta que representaba una candidatura crítica con la dirección estatal. Ese notable éxito se tradujo en un periodo de relativa calma y de aceptación sin objeciones de los jefes de Madrid y de Podem. Pero la quietud se alteró con vistas al 8 de abril, fecha en la que se celebraba la asamblea constituyente de Catalunya en Comú.

Ahí fue cuando Fachin, poco de acuerdo con los derroteros que estaban tomando las negociaciones para confluir (consideraba imprescindible que sus militantes no tuvieran que inscribirse en el censo del nuevo partido para participar en los procesos referendarios o que hubiera código ético), lanzó un órdago sobre la operación y decidió someter la integración del partido a la votación de sus bases (tuvo poca concurrencia y el enunciado de la preguntado fue bastante ambiguo), que se inclinaron por no converger con el nuevo sujeto.

Esto desató una crisis interna, que desenlazó en que algunas facciones plantaran cara a Fachín y decidieran integrarse en Catalunya en Comú. Este fue el caso de Jéssica Albiach (quedó segunda en las primarias recogiendo el 23% de los votos), que se alistó en el nuevo partido e impulsó una candidatura para dirigirlo. Entonces, desde la dirección estatal se limitaban a observar con «decepción» y trataban de desenredar este embrollo con mano izquierda. Pero el líder de Podem, no parecía dispuesto a ceder.

Las tensiones empezaron a hacerse más agudas cuando Fachín celebró otro proceso participativo para decidir qué posicionamiento tomaba la formación ante el 1–O, ganando la opción que defendía, que consistía en participar en el referéndum pero sin reconocerlo como vinculante. Esto terminó por enfurecer a Iglesias, que salió a desautorizar a su líder catalán asegurando que él no votaría.

Tras días de cruce de recriminaciones, entre los que Fachín exigía que no interviniera en los asuntos que competen a Podem, ambos se reunieron el viernes 23 de julio. Iglesias le pidió que convocara una Asamblea Ciudadana para decidirlo todo: los órganos de dirección, la posición sobre el 1-O y la confluencia con Catalunya en Comú. Sin embargo, alcanzaron solo un acuerdo para celebrar una consulta a las bases sobre las dos últimas materias entre el 7 y el 11 de septiembre. Y es que Iglesias sabe que solo podrá conseguir un proyecto ganador en Cataluña si se adhiere al espacio que lideran Ada Colau y Xavier Domènech, su voz e interlocutor en la autonomía catalana.

Trascendió una nota del secretario de Organización de Podemos, Pablo Echenique, dirigida a los militantes de Podem en la que diagnosticaba un «problema político» interno porque, según consideraba, «las bases no se sienten representadas en las posiciones de la dirección». Era una evidencia más de que la dirección estatal está maniobrando para desbancarle, junto a las facciones críticas de Podem, que han llegado a tantear la convocatoria de una consulta revocatoria para apartarle. Esta idea no es viable, ya que los estatutos del partido estipulan que se puede celebrar si el líder ha superado la mitad del mandato, y solo ha cumplido un año de los cuatro.