Génova quiere una solución de transición a Aguirre hasta el Congreso

Los diputados electos de Ciudadanos, con Ignacio Aguado a la cabeza, visitaron ayer la Asamblea de Vallecas
Los diputados electos de Ciudadanos, con Ignacio Aguado a la cabeza, visitaron ayer la Asamblea de Vallecas

A la espera de que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, anuncie sus cambios en el partido y en el Ejecutivo, en Génova ya miran hacia las elecciones generales. En el caso de Madrid, la dirección nacional admite que el relevo de Esperanza Aguirre como líder de la organización regional es «un serio problema», que deben manejar «con mucho tiento» para evitar perder el control.

Aún no tienen claro cómo conseguirlo, pero el objetivo es intentar que Aguirre se quede a un lado y no sea ella la que represente al partido en la campaña de las generales. En el PP sostienen que a Rajoy no le conviene hacer campaña con la presidenta del PP en Madrid, como tampoco con otros barones caídos, como el valenciano Alberto Fabra. Pero Génova tampoco quiere afrontar el «lío» que supone convocar congresos regionales extraordinarios antes de las elecciones de noviembre. Un congreso extraordinario siempre genera ruido, provoca codazos y batallas internas, y todo esto no es lo más conveniente cuando el partido tiene que dedicar todas sus energías a movilizarse para la batalla de las generales.

A esto se une que, en función de las circunstancias, esos congresos regionales pueden colocar a Rajoy en la situación de que desde determinados círculos se alimente el debate sobre si cabe también renovar el liderazgo nacional del partido. Por tanto, la opción de los congresos extraordinarios no se maneja a día de hoy en Génova, y es la dirección nacional la que tiene que autorizarlos. Pero sí que sostienen que necesitan encontrar una solución de transición que permita que para la campaña de las generales el rostro del PP de Madrid sea alguien renovado y de la confianza de la dirección nacional.

En Génova están contrariados con la gestión que ha hecho Aguirre de los resultados electorales. Y consideran que sus vaivenes no son la mejor manera de representar la estabilidad que abanderan.

Ahora bien, en la cúpula popular también dan por hecho, en función de los movimientos que ella ha hecho hasta ahora, que Aguirre plantará batalla y que no facilitará la transición. Después del 24 de mayo, y una vez que se vio que no tenía la mayoría necesaria para gobernar, ya dijo que el pacto con Mariano Rajoy para dejar la presidencia regional del PP de Madrid se ceñía para el caso de que ella hubiera sido elegida alcaldesa. Y anunció que lo que quería era liderar ella, personalmente, la refundación del PP de Madrid.

En Génova creen que esa renovación, que no refundación, debe afectar a Aguirre. Y advierten de que dentro del partido regional «ya se mira en otras direcciones, porque el mando férreo de la presidenta está pasando a la historia». Para tomar una decisión sobre el modus operandi del relevo de Aguirre, la intención es esperar a que se constituya el Ayuntamiento de Madrid y se resuelva también la incógnita de la Comunidad de Madrid, donde aspiran a que Cristina Cifuentes consiga gobernar. El enfrentamiento de Aguirre con Cifuentes, que la primera escenificó incluso en campaña, es otro motivo para que en la dirección nacional entiendan que ha llegado el momento de que las cosas se muevan en el PP de Madrid. De hecho, desde el propio entorno de Cifuentes se espera que Aguirre se pronuncie lo antes posible sobre la imputación de los miembros de su Comité de Dirección y consejeros de la Comunidad, Lucía Figar y Salvador Victoria, dentro de la «operación Púnica».

Ciudadanos le exige a Cifuentes que «rompa con el pasado», después de advertirle de que «la corrupción que azota a la cúpula del PP de Madrid» dificulta el pacto que Cifuentes necesita para ser presidenta de la Comunidad. Sin embargo, desde el PP de Madrid no se contempla la salida de los consejeros regionales. Pero mientras Aguirre da la callada por respuesta –no tiene previsto comparecer hasta la semana que viene–, Pedro Sánchez, junto a Ángel Gabilondo, allanan el camino que separa a Ciudadanos con el PSOE, una «pinza» que se da por hecho que apoyará Podemos y que sacaría al PP de la Comunidad tras veinte años de hegemonía en la Puerta del Sol.