Política

Ayuntamiento de Madrid

La Música volverá a su Palacio

Tras diez años cerrado, la Fundación Montemadrid iniciará la reforma de los antiguos cines a mediados de 2019 y negociará con operadores para definir su orientación, que será en un 80% cultural

El edificio permanece cerrado desde junio de 2008, con la proyección del filme «Antes que el diablo sepa que has muerto» como último evento
El edificio permanece cerrado desde junio de 2008, con la proyección del filme «Antes que el diablo sepa que has muerto» como último eventolarazon

Tras diez años cerrado, la Fundación Montemadrid iniciará la reforma de los antiguos cines a mediados de 2019 y negociará con operadores para definir su orientación, que será en un 80% cultural

Es el 14 de noviembre de 1926. Una Gran Vía a la que sólo le falta un tercio para su puesta de largo definitiva está de estreno. Con una dimensión de más de 1.000 m2 y una capacidad para 2.000 espectadores, el Palacio de la Música, edificio encargado por la SAGE (Sociedad Anónima General de Espectáculos), la sala de fiestas y espectáculos más lujosa de la capital y una de las más suntuosas de Europa, abre sus puertas al público. Y lo hace con un programa doble que demuestra la polivalencia del edificio: el estreno de la comedia muda «La venus americana» (1926) y el concierto a cargo de la orquesta del maestro José Lasalle, que ofreció para la ocasión piezas de Händel, Falla, Wagner y Berlioz. Saltamos ahora 82 años. Es el 22 de junio de 2008. Alrededor de un centenar de personas acude al Palacio de la Música para ver «Antes que el diablo sepa que has muerto» (2007), filme de Sidney Lumet protagonizado por Ethan Hawke y Philip Seymour Hoffman. Es, literalmente, la última sesión. El cine, situado en el número 35 de la Gran Vía, echa el cierre al apagarse el proyector. La avenida madrileña por excelencia perdía un referente. Y así ha sido hasta el día de hoy.

Sin embargo, el año que viene, tras 11 años en silencio, y con una Gran Vía renovada tras cerca de un año de obras, la música podría volver a su palacio. Así lo confirma a este diario Cristobal Sánchez, director general de la Fundación Montemadrid, propietaria del edificio. Como afirma Sánchez, en estos momentos «estamos trabajando con el Ayuntamiento en la tramitación de un Plan Especial. Nuestra perspectiva más optimista es contar con las licencias oportunas para poder empezar las obras a mediados del año que viene».

Y es que, si bien entre 2009 y 2011 se llevó a cabo una reforma estructural –forjados, columnas, vigas y, en general, todos los refuerzos de estructura–, a día de hoy queda todavía «vestir» los antiguos cines. Es decir, «recuperar el aspecto con el contaba anteriormente, con las mismas escayolas y figuras». En principio, los trabajos podrían durar entre 15 y 20 meses.

Por supuesto, aparte de la reforma, la intención de la Fundación es ir trabajando en el contenido. Así, «paralelamente» a la ejecución de las obras, «hablaremos con operadores y empresas». En este sentido, la Fundación y el Ayuntamiento están en plena sintonía. El Ejecutivo de Manuela Carmena «está muy interesado en que el edificio recupere su vida cultural», mientras que la entidad se compromete a que el emplazamiento «tenga como mínimo un 80%» de uso de esta índole. «No trabajamos en otro escenario», subraya. La Fundación sí que pedirá licencia comercial para el semisótano del edificio, de unos 800m2 . «Ése sería el máximo espacio. Además, trabajamos con la hipótesis de que esa vida comercial esté relacionada con la cultura», asegura Sánchez. De esta forma, la entidad da por descartadas opciones que estuvieron en su día sobre la mesa, como la posibilidad de que la firma Mango se hiciera con el histórico inmueble.

Ahora bien: ¿qué ofrecerá el renovado Palacio de la Música tanto a los madrileños como a los numerosos turistas que se congregan en la Gran Vía? ¿Teatro? ¿Cine? ¿Musicales? Partiendo de que en la Fundación Montemadrid «no somos especialistas en programaciones», la intención es dar «un nuevo giro» al edificio y adaptarlo a «un teatro más versátil, abierto a distintas fórmulas», en el que haya espacio también para conciertos, musicales y otro tipo de espectáculos. Como apunta Sánchez, «Madrid es la tercera capital europea en lo que respecta a musicales, y está también entre las más importantes del mundo». Hay que reseñar que una de las últimas ideas barajadas fue la de reconvertir los antiguos cines en un auditorio, a la altura del Auditorio Nacional o como complemento del Teatro Real.

Además, otra de las ideas con las que trabaja la Fundación es recuperar la terraza que da a la Gran Vía, con la intención de que ese área combine la restauración con la actividad cultural. En definitiva, esperan que la oferta sea «muy vistosa y que aporte a la Gran Vía un plus muy interesante».

A la hora de llevar a cabo la reforma definitiva, la Fundación pretende recuperar «los parámetros originales del proyecto», diseñado en los años 20 por el arquitecto Secundino Zuazo Ugalde. «El edificio nunca ha tenido un uso continuado. A lo largo de los años, ha sido teatro, cine y también palacio de deportes», explica Sánchez. Y así fue: tal como rezan los anuncios de prensa de la época, los bajos del edificio acogían una pista de patinaje, hockey, tiro al blanco y fútbol de mesa. «Ha llevado una vida azarosa. Y lo que pretendemos es estabilizarlo para los próximos 30 o 40 años», explica el director general de la Fundación.

¿Por qué han pasado diez años sin apenas novedades de uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad? Cómo afirma Cristobal Sánchez, el inmueble pertenecía a la antigua Fundación Caja Madrid. En 2013, tras la disolución de la caja de ahorros, la entidad pasó a denominarse Fundación Montemadrid. Los planes iniciales, que «empezaron con muy buena voluntad» y proyectaban el edificio como un espacio para la música lírica, quedaron en suspenso por las vicisitudes económicas que tuvo que afrontar el banco, a lo que luego se sumó los cambios de propiedad y escriturado. «A partir de ese momento, tomamos las riendas y y conocíamos la dirección que queríamos tomar», concluye.