La brújula

¿Y si los monjes son felices porque Dios es verdad? Es una pregunta que considerar

Rafa Esteve - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0

Cabe una posibilidad de que Dios no exista. Tal vez un complejo azar construyó el universo y engendró la vida, aunque eso no explicaría el origen de todo. Pero si la hipótesis materialista no es cierta, las personas consagradas a Dios son las sensatas. Siempre me ha llamado la atención su alegría silenciosa. Monjes, misioneros, religiosos exhiben una paz llena de misterio. Hay alguna excepción más. Antonio López, por ejemplo, que tiene una esplendorosa humanidad, pero es que es prácticamente un contemplativo de los membrillos.

¿Y si los monjes son felices porque Dios es verdad? Es una pregunta que considerar. En España hay 751 monasterios de clausura y 8.731 hombres y mujeres en ellos. Se levantan de noche, cuando las discotecas siguen llenas, y cantan Maitines con eco en templos en penumbra. Repiten en Laudes, Tercia, Sexta, Nona, Vísperas y Completas, con ritmo de clepsidra, entre el trabajo en la huerta o los talleres y las comidas en el refectorio. Gozan de una longevidad proverbial.

Las escasas familias que reciben la noticia de una vocación contemplativa, ponen a menudo el grito en el cielo. Curiosamente, un hijo que permanece «en el mundo» afrontará, con gran probabilidad, disgustos conyugales, un divorcio en la mitad de los casos, sufrimientos con los hijos e incontables afanes para ganarse el pan. Los padres no se echan las manos a la cabeza por ello. Conozco una monja vieja que tienen un método para probar vocaciones. Sube a la candidata a la azotea y le muestra la llanura castellana. «Las que no valen, se angustian ante la perspectiva del mismo paisaje una vida entera. Las que valen, se entusiasman, porque lo encuentran infinito».

Resulta bueno que haya más de 8000 personas que experimentan, día tras día, que nuestros desafíos y extenuaciones no son la clave de la felicidad. Ojo, no estoy diciendo que la dicha nos sea negada a los de fuera, digo que los de dentro apuntan a una dirección que parece funcionar. Hacen de brújula. Se acaba de celebrar la jornada «Pro Orantibus», por esos que rezan. Me da alivio que existan.