El liderazgo de la izquierda

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Hay muchos nervios en el PSOE. Una cosa son las declaraciones públicas y otra muy distinta lo que comentan en privado tanto los seguidores de Pedro Sánchez como sus detractores. Un “sorpaso” sería demoledor para el socialismo español, porque nunca fue posible desde la Transición hasta nuestros días. No hay que tomar en serio las declaraciones de Felipe González sobre su época, porque el PSOE mantuvo muy bien el tipo tras la sucesión ininterrumpida de escándalos que anegaron la imagen del felipismo en sus últimas legislaturas. No hay más que recordar el resultado de 1996. La situación ahora es diametralmente opuesta, porque Podemos es un auténtica alternativa dentro del espacio de la izquierda mientras que Ciudadanos no lo es en el centro derecha. El movimiento que representa Podemos supo capitalizar el malestar de las clases medias y los jóvenes ante los estragos provocados por la crisis y las medidas impopulares que tuvieron que adoptar tanto Zapatero como Rajoy. Podemos es el heredero político del Movimiento del 15-M, las plataformas antidesahucios y otras mareas que fueron capaces de mantener la ilusión de la izquierda ciudadana mientras se sentía abandonada por el PSOE e IU. Es la clave de su éxito. En cambio, el voto del centro derecha sigue mayoritariamente fiel a Rajoy, aunque perdió 3,5 millones de sufragios. Una parte importante optó por la abstención. Rivera no ha conseguido con Rajoy, a pesar de la brutal y pertinaz campaña que ha sufrido desde que asumió la presidencia del Gobierno, el mismo efecto que Iglesias sobre Sánchez. Lo más interesante del resultado del 26 de junio será, precisamente, cómo queda configurada la izquierda en la próxima legislatura. Podemos ha captado el voto de las clases medias cabreadas, los funcionarios y los jóvenes, porque creen que es una izquierda más auténtica e ilusionante. Es un voto sobre todo urbano y le falta abrirse paso en los sectores más tradicionales del socialismo. La duda es saber, también, cuál es el efecto del pacto con IU, porque es el viejo comunismo de toda la vida que nunca fue capaz de ser una alternativa. Es cierto que no alcanzarlo sería un desastre para sus expectativas, pero se equivocaría Podemos si el coste es muy elevado porque los viejos comunistas siempre tiran al monte y no quieren a esos jóvenes airados que han conseguido lo que ellos soñaban durante la Transición.