El viaje de Artur Mas

La Razón
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Vaticinar lo que pueda suceder en Cataluña en los próximos meses es un ejercicio de alto riesgo para la credibilidad predictiva. Corro el riesgo de ser un mal agorero y exponer un presagio errado de cómo puede terminar el «procès català». Aun no siendo un oráculo a modo de un Zeus moderno, predigo que el viaje al que nos ha embarcado de manera forzosa nuestro taimado «president» sólo puede acabar de dos formas: o mal o muy mal.

Las prosaicas comparaciones marinas y épicas que ha realizado el presidente de Cataluña entre el movimiento secesionista y la mitología griega han sido constantes, y sobresale de forma especial la mención a la «Odisea» del viejo Homero, es decir, el épico viaje de Ulises en su retorno a Ítaca para volver a ejercer de rey y regresar al lado de su hijo Telémaco y su esposa Penélope. «El viaje a Ítaca» presidencial es el santo y seña del viaje de Artur Mas hacia los agrestes acantilados de la DUI. Canción mítica en el imaginario secesionista, inspirada en la música que Lluís Llach popularizó en los estertores del dictador, y que a su vez está compuesta a partir de un poema de Konstantinos Kavafis inspirado en la «Odisea».

La argucia descriptiva con la que Mas ha querido engañar al Estado, según sus propias palabras, es la misma que exhibía Odiseo en su épico viaje de regreso al hogar, es decir, la astucia o «metis». Los griegos utilizaban la «metis» para expresar una mezcla de prudencia, engaño y astucia, todo ello encarnado en dioses, héroes y mortales.

Gracias a su inteligencia y sagacidad, Mas ha sometido a su mente y persona a un notable juego de burla al «Estado español» enfrentándose a las artimañas hispanas con audaces y engañosos discursos.

Mas, usando su «metis» para movilizar a la mitad de la población catalana en contra de la otra mitad, ha ganado la batalla de la propaganda catalana a los cíclopes periodistas de la Brunete, a los estrategas cicones peperos, a los lotófagos apátridas socialistas, a los cantos de sirena de la bella ciudadana, a los malvados lestrigones jueces del TC y a otros especímenes mesetarios que osaron señalar el error de tan arriesgado y homérico viaje.

Mas, creyéndose Jasón y respaldado por sus 62 diputados argonautas, va a provocar con sus torpezas e insensateces los desvíos de la ruta y el final del trayecto del «Argo catalán» con el prosaico riesgo del hundimiento del bajel. Mas no es Jasón sino un mal remedo de Ulises, que no busca grandes aventuras ni tesoros, sino regresar a su hogar después de participar en una guerra a su pesar. Aventurero que zarpó de regreso a su Ítaca para buscar una salida honrosa a su persona, ha dejado una sociedad profundamente dividida y enfrentada, pero él sólo quiere acabar el viaje.

Jasón murió al caerle encima un trozo de madera podrida de la nave Argo.