En dos mitades

Semana de provocación. El conseller de Territorio y Sostenibilidad, Santi Vila, compara la situación de Cataluña con la tragedia humana de Lampedusa. Qué aberración. Fiel a su pertinaz costumbre de llevar la contraria, Artur Mas anuncia que incumplirá la normativa de seguridad vial aprobada por el Gobierno de España. Vaya sorpresa. Y en la recta hacia el 12 de Octubre, tradicional Fiesta Nacional, se prepara en la sectaria televisión catalana todo un reportaje, naturalmente manipulado, sobre la Diada, la consulta y el fervor independentista. Mientras desde La Moncloa se insiste en el diálogo, dentro de la Constitución, algunos se empeñan en cerrar puertas, mirar para otro lado. Inútil intentar hablar con quienes rechazan escuchar.

Resulta lamentable que un concepto como la Hispanidad, historia, lengua y cultura compartidas por 30 naciones en el mundo y más 500 castellano-parlantes en varios continentes, se trastoque de modo torticero. Es precisamente esta fecha de octubre, cuando el Almirante arribó a las costas de América, la que refleja poderosamente la fractura de la sociedad catalana. Y para colmo, Pere Navarro, primer secretario del PSC, un partido de tradición no nacionalista, se niega a acudir a la manifestación evocadora de la efeméride. ¿A dónde va este socialismo catalán? A la deriva. Como dice el refrán: «Ni contigo, ni sin mí, tienen sus males remedio».

En ningún país democrático de nuestro entorno se ofendería de tal manera el orgullo de una Hispanidad para nada excluyente. Bien al contrario, en ella cabe una España plural, rica en tradiciones, símbolos y lenguas, que han de respetarse, pero jamás imponerse por la fuerza. En este 12-O, aflora más que nunca una Cataluña quebrada, partida en dos pedazos. Recordemos la reflexión de Séneca: «La mitad del mundo tiene algo que decir, pero no puede. La otra mitad no tiene nada que decir, pero no se calla». Clarísimo, triste y escasamente democrático.