Ofensa gratuita

El deporte siempre ha sido un instrumento de propaganda en manos de los regímenes totalitarios. La victoria en la cancha de juego es el triunfo de un modelo político; la superioridad en la pista de competición, la demostración de su viabilidad y fortaleza. El independentismo catalán –proyecto totalitario en cuanto que arrebata al individuo derechos que otorga al pueblo, los territorios y la historia por él creada–, ha encontrado la plataforma perfecta en la época dorada que está viviendo un club como el Barcelona. Si a eso le sumamos un escenario en otra tierra hostil a la idea de España, donde se asume como normal la exhibición de pancartas en favor de los terroristas, tenemos el aquelarre separatista que ayer se vivió en Vitoria. Otro más. El Rey ultrajado, y con él todos los que creemos en España como nación constituida por ciudadanos libres e iguales. Convertida en habitual, la pitada al Himno de todos en presencia del Rey ya no es una anécdota sobre la que debamos pasar de puntillas para no magnificar la provocación. Acortar el Himno y subir el volumen demuestran nuestra debilidad frente a la ofensiva chulesca de quienes disfrutan cometiendo un delito del que se saben impunes.