«Pájaros» de aniversario

La Razón
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Dos décadas y media después soplan 25 velas, –con distinta fuerza y entusiasmo todo hay que decirlo– el ave que simboliza la alta velocidad ferroviaria, también ese otro pájaro –o lo que sea– llamado Curro ¿se acuerdan? alicorto, con un penacho a lo «Punk», un pico-trompa multicolor diseñado por un alemán y elegido como mascota de la exposición universal sevillana y como no, otros «pajarracos» que supieron poner el cesto para recoger el «mana» llegado especialmente de fondos europeos en aquella que fue bautizada como «España del pelotazo», ya saben, en la que cualquiera podía convertirse en rico con la única condición de hacerlo rápido. Se conmemoran estos días los 25 años de la alta velocidad en España. Un aniversario al que se sumaba el pasado viernes el presidente Rajoy realizando el mismo trayecto que aquel «AVE» inaugural de hace un cuarto de siglo. El cumpleaños ha coincidido con el de ese otro evento que fue la «Expo-92» de Sevilla, todo un derroche de voluntades, energías y, por supuesto, dinero enmarcado en la pretensión, hoy de recuerdo y balance agridulce, de poner a la capital andaluza en el mapa del mundo situándola en la órbita de la prosperidad y sobre todo, de conectar el Sur menos desarrollado con el centro de una España radial pero sobre todo ensamblada a través de lo que más vertebra como son las infraestructuras varias.

El gran contraste, con la perspectiva que da el tiempo y aunque parece que ocurrió antes de ayer –ni siquiera internet se había instalado en nuestras vidas– es la oportunidad perdida para la capital sevillana donde no se pudo o no se supo aprovechar el pretendido tirón de la «Expo» para situarla en una velocidad de crucero más allá del turismo, frente a un impulso de la alta velocidad que, aún con tantas sombras como luces terminó por hacer cambiar la opinión de quienes contemplaban como una gratuita y mal elegida obra faraónica la apuesta por el AVE Madrid-Sevilla. Siendo innegable la escasa rentabilidad evidenciada en no pocas estaciones «fantasma» sin cafeterías, tiendas ni viajeros, o en pasados filtreos con la burbuja inmobiliaria, si algo ha contribuido de forma especial a vertebrar una nación sostenida en el estado autonómico incrementando el concepto de desarrollo y vecindad, eso ha sido la alta velocidad ferroviaria.

Poco menos de 500 km constituían aquel primer tramo recorrido en su inauguración por los reyes hoy eméritos y por un vicepresidente Narcis Serra, que ha vuelto a ser noticia por otras «pajarracadas»; hoy hablamos ya de 3.240 km de red que aún no siendo rentable resulta clave para la vertebración territorial en un momento en el que los desafíos al Estado disponen de más profetas oportunistas que nunca. Esa es la gran razón de ser de un AVE que se ha reafirmado como herramienta del Estado 25 años después, a pesar de su inevitable papel como instrumento político y electoral de cualquier Gobierno de turno y por mucho que, en su condición de austeros socios donantes enerve a algunos indignados visitantes pasajeros alemanes.