Talento y carácter

La Razón
La RazónLa Razón

Que conste en acta, Bale no es Woodgate. Ni aunque coincidieran compartirían demarcación, tan distantes el uno del otro, también en el tiempo. Británicos, pero galés e inglés. Un portento físico, con una velocidad punta descomunal –Bartra da fe de ello– y una extraordinaria capacidad rematadora, el primero; un central espigado, técnico, que se rompía en el calentamiento, el segundo. Woodgate no pudo triunfar en el Real Madrid. La salud, una salud cristalina, acabó con su incipiente carrera. Prometía cuando llegó desde el Newcastle por 22 millones de euros, pero tardó un año en debutar y el segundo apenas jugó diez partidos, antes de ser cedido al Middlesbrough. «Woody», un gran tipo que no dejó huella futbolística en España, no es Bale.

La estrella de Gales llegó al Madrid por unos cien millones de euros. En casi cuatro temporadas ha dejado de jugar 60 partidos con el equipo a causa de las lesiones. Tiene talento y carácter, y un problema muscular que no le permite jugar con regularidad. Estaba cantado que si Zidane se precipitaba al alinearle contra el Barça podía recaer. Participó con el freno de mano echado durante 36 minutos y volvió a romperse. Traicionó la confianza de su entrenador, que le preguntó si estaba listo para afrontar un partido tan exigente y le garantizó que sí. Dejó en mal lugar al técnico y Asensio le ha dejado peor a él. Le han hecho estudios de todo tipo para averiguar el origen de los achaques. No hay manera de localizar el foco. No tiene la fortaleza de Cristiano ni la resistencia de Messi. Gareth, llamado a ser el sucesor de Ronaldo, es más frágil que él, y que el astro azulgrana.

Messi, además de poseer talento y carácter, es un superdotado, técnica y físicamente. No admite parangón. El domingo sólo le faltó salir del Santiago Bernabéu ovacionado como Ronaldinho.