Tourmalet

La «creme dela creme» del deporte en la toma de posesión de José Ramón Lete, presidente del CSD. Maestro de ceremonias, Iñigo Méndez de Vigo. Verbo fácil, ingenioso, con dominio de la situación. Los nervios, con Lete. En pleno discurso, pidió agua y, al contrario que San Mateo –«porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber...»– , no la obtuvo. Ni siquiera el ministro pudo proporcionársela. Fue la anécdota. Los hechos, que estaba Alejandro Blanco, presidente del COE, y también Ángel María Villar, escollos de otra época. Su presencia, muy significativa.

Méndez de Vigo podía haber ejercido de ministro de Fomento porque lleva tendiendo puentes casi desde que tomó posesión, acto que no se produjo el 25 de junio de 2015 según propia confesión –sólo le falta bajar el IVA cultural, que no anticipó Fernando Benzo–. Busca la paz y Lete, un hombre del deporte, es su profeta. Ha habido contactos con la Federación Española de Fútbol, que un año de éstos celebrará las elecciones, ¡por fin!, con un reglamento, con otro o con uno intermedio. Hay negociaciones que la FIFA y la UEFA, que andan rondando por ahí como gatos callejeros, no deberían ensuciar con amenazas tales como dejar al fútbol español fuera de las competiciones internacionales. Puede que hasta en ese punto se pondrían de acuerdo Tebas y Rubiales, de momento enfrentados y en los tribunales porque el primero no cumple con el segundo un compromiso de seis millones de euros –el 0,5% de los derechos de TV–, porque el segundo, que es el denunciante, no aclara el destino del dinero, se queja el primero, que, por cierto, ya ha adelantado a los clubes de LaLiga cantidades que debía abonar en febrero. Luego la guita no es el problema.

El problemón, pero gordo, es el embrión de esa Superliga Europea que Barça, Madrid, Bayern, Juve, Liverpool, City y Arsenal reconocen. Más tarea para José Ramón Lete, y ésta es el Tourmalet comparada con los riscos domésticos.