Sin Perdón

La ineludible dimisión de Marlaska

«La situación es tan grave que han tenido que poner protección a la denunciante del cesado DAO»

En cualquier democracia, Marlaska tendría que dimitir. Hasta la irrupción del sanchismo es lo que hubiera sucedido, porque ningún presidente del Gobierno hubiera permitido la continuidad del responsable del nombramiento de un director adjunto operativo de la Policía que está acusado de un delito tan grave como es una violación. Estoy dispuesto a aceptar que no lo sabía, hasta el momento no hay pruebas que establezcan lo contrario, pero me cuesta creer que el ministro sea un sujeto carente de ética y principios. Hasta puedo entender que le resulte doloroso abandonar el Ministerio, pero no podemos vivir en una sociedad donde no se asumen responsabilidades políticas. Marlaska no es un sanchista más, sino un magistrado de la Audiencia Nacional que temporalmente ocupa un cargo político. Lo que debería primar es lo primero y no su adscripción a este movimiento de izquierda radical y populista. La situación es tan grave que han tenido que poner protección a la denunciante del cesado DAO. ¿En qué país vivimos donde una mujer policía está aterrada ante lo que le pueden hacer por denunciar ante la Justicia una brutal agresión sexual? Hay que tener muy presente que lo ha hecho tras sufrir unos meses terribles donde el dolor habrá sido inenarrable. Es algo que solo puede entender una mujer que haya estado en sus circunstancias. El resto solo podemos imaginarlo y sentirnos sobrecogidos ante la maldad de alguien que lideraba la Policía. La persona que tenía que dar ejemplo y defendernos frente a los delincuentes habría sido, hay que añadir presuntamente, aunque me cuesta, un deleznable depredador sexual. La judicialización permitirá clarificar lo sucedido, aunque la propia dimisión o cese, hasta en esto Marlaska ha sido un auténtico inútil, ofrece luz sobre la veracidad de lo sucedido. Alguien que es inocente no dimite y no intenta encubrir, con la ayuda de sus colaboradores, lo sucedido. Me temo que Marlaska no dimitirá y con ello mancillará su toga de forma irremediable. Nada de lo que haga o diga permitirá que olvidemos que no tuvo la dignidad de asumir la responsabilidad que le es exigible a cualquier alto cargo en estas circunstancias. Por supuesto, no me olvido del director de la Policía que ha perdido cualquier autoridad para seguir en el cargo.

Francisco Marhuenda. De la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE)