Apuntes
Merecemos una explicación, señorito
Ya sabemos el precio que se pactó con Bildu, la libertad de quienes quisieron asesinar nuestra democracia
Es una convención en política que los programas electorales están hechos para no cumplirse, pero una cosa es que no llegues a construir dos millones de viviendas públicas y otra muy diferente es hacer exactamente lo contrario de lo que afirmaba en campaña electoral. Porque ahí, estará de acuerdo el señorito conmigo, entramos en el delicuescente mundo de la estafa, que en unas elecciones, en las que se pide la confianza de los ciudadanos, no queda nada bonito, precisamente. La cuestión es que el 23 de julio de 2023 los españoles fuimos a votar confiados en dos afirmaciones del candidato socialista: que no pensaba conceder la amnistía a los independentistas catalanes condenados por el procés y que, faltaría más, nunca pactaría con los herederos de ETA, y si quiere se lo repito veinte veces. En el primer asunto podemos correr un tupido velo, que la cosa no llegó a mayores, pero con lo de Bildu creo que nos merecemos una explicación, porque hablamos de unos tipos que cuando España comenzaba un complicado y arduo camino hacia la democracia, cuando los españoles se esforzaban por alcanzar un régimen de libertades públicas, se daban una Constitución y apostaban por la reconciliación en un escenario internacional, además, de final de la Guerra Fría, convulso, y sobrellevando los estigmas del franquismo y de la violencia civil frente a nuestros socios europeos, especialmente, los queridos gabachos, que Dios confunda, la banda etarra llenaba de muerte y desolación las calles de ciudades y pueblos, impulsaba una limpieza ideológica de residentes en el País Vasco y extendía por el mundo la idea de una Nación opresora de las libertades de sus propios ciudadanos, los mismos, por cierto, que ponían la nuca ante los heroicos gudaris del pueblo vasco, esos tipos sin alma, cobardes hasta la grima a la hora del interrogatorio, pero que podían asesinar a una embarazada sin que se le moviera un músculo. Esos tipos, insisto, a los que la sociedad española concedió la amnistía de sus horribles crímenes porque se trataba de hacer tabula rasa en el camino hacia las libertades de una democracia plena, pero que en menos de tres meses ya habían vuelto a asesinar por la espalda a gentes que solo querían vivir una vida en paz y en libertad, construir una España en la que cupiéramos todos. Pues bien, no sólo el señorito ha pactado con los herederos de ETAm, con unas gentes que nunca se han arrepentido por más que hagan protestas de lo contrario, como demuestra que sigan sin colaborar en la aclaración de los más de trescientos asesinatos sin autor conocido, que homenajean a sus asesinos y que extienden la especie política de un conflicto entre iguales, cuando lo que hubo es una sociedad decente, acosada por unos miserables, sino que ya conocemos el precio. La liberación de los terroristas presos mediante la aplicación espuria de la política penitenciaria transferida al gobierno vasco. Desde 2024 van saliendo a decenas de las cárceles vascas, tras la reagrupación, mediante la aplicación torticera de un artículo excepcional para la concesión de terceros grados, es decir, de unos beneficios penitenciarios que les ponen en la calle. Y que el señorito no nos venga con más milongas. Que el 85 por ciento de las concesiones de tercer grado al amparo del artículo 100.2 han ido a beneficiar etarras, mientras que sólo el 15 por ciento son presos comunes. Eso no es un incumplimiento de promesa electoral, señorito, es una canallada.
