El trípode

El «progreso» de convertirse en un animal

Identificarse como felinos, perros, zorros y lobos… Son las más frecuentes entre esas personas que no consideran que caminar a cuatro patas, o comunicarse por medio de gruñidos, sea un juego o un disfraz

El «progreso» científico ha convertido a la ciencia en una virtual diosa por el actual mundo occidental, que ha abjurado de sus raíces. Lo que está consiguiendo que la sociedad crea en la existencia de otros seres diferentes de los humanos, y que están también dotados de inteligencia. Denominada «artificial», ya que la inteligencia es considerada como una cualidad exclusiva del ser humano. Lo que ocasiona que hablar de «IA» sea una contradicción existencial: un «oxímoron». Que consiste en pretender que algo o alguien «sea y no sea», simultáneamente. Esa virtual «deidad» es a la que aspiran –consciente o inconscientemente– los humanos que emulan a nuestros primeros padres, que deseaban ser como «dioses». De tal manera que quieren convertirse en lo que desean, al margen de su propia y personal naturaleza humana, que consideran que la poseen sin haberla solicitado y que no es de su agrado, no sintiéndose identificados con ella. De ahí nace, por ejemplo, la ideología «trans», que da respuesta a quienes desean cambiar del género biológico que poseen, sea este masculino o femenino. Y que actualmente ha dado un paso muy cualificado, al intentar convertir a seres humanos en otros seres, no humanos. Es decir, pasar de ser animales racionales a convertirse en animales irracionales. Es el caso de los denominados «therian», seres humanos que se sienten animales, en lo que constituye un fenómeno social y cultural que se ha hecho incluso viral en las redes sociales. El trastorno de considerarse y sentirse animal es conocido como «delirio de metamorfosis», que nació como un fenómeno hace unos años entre los jóvenes en las redes sociales y que está tomando ya una cierta dimensión pública. Hasta el punto de haberse manifestado este sábado en Barcelona en una concentración que acabó con varios detenidos por la violencia creada entre ellos y quienes se les oponían. Mientras tanto, sin incidentes, decenas de jóvenes y curiosos se acercaban a verles en la Puerta del Sol de Madrid. Pero no han sido estas ni las primeras ni previsiblemente las últimas expresiones públicas de quienes integran este fenómeno, que en otros países como Argentina y Uruguay ya se encuentra relativamente extendido y que en España parece estar en camino de ello. Identificarse como felinos, perros, zorros y lobos… Son las más frecuentes entre esas personas que no consideran que caminar a cuatro patas, o comunicarse por medio de gruñidos, sea un juego o un disfraz. Consideran que es su auténtica naturaleza, que no la consideran ni integrada ni reflejada en la suya corpórea natural. Con «inteligencia» artificial, no debe sorprender que existan seres humanos también «artificiales». Aunque de momento esos «perros» no ejerzan como «mascotas».