Tiempo de mujeres

A veces las cuotas no salen porque eso es lo que ocurre cuando se venden consejos, pero para uno no se tienen: así refiere el refranero al paradigma de la incoherencia

La Razón
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Estamos en tiempo de mujeres. Este año el argumento reivindicativo de la gala de los Goya se centró en la poca presencia de mujeres en esa industria. Lástima que los nombres femeninos en la organización del evento brillasen por su ausencia o que en esa gala sólo el 27% de los nominados fueran mujeres. A veces las cuotas no salen porque eso es lo que ocurre cuando se venden consejos, pero para uno no se tienen: así refiere el refranero el paradigma de la incoherencia.

Más tiempo de mujeres. Se critica la candidatura del ministro Luis de Guindos al Banco Central Europeo porque no es una mujer. Para la portavoz del Grupo Socialista en el Congreso, Margarita Robles, esa candidatura «es un desprecio a las mujeres». Vamos, que tocaba proponer a una mujer, máxime cuando –sigo con la portavoz– hay miles de mujeres muy cualificadas en España para cargo.

Sin embargo semanas antes España llevó a una mujer al Tribunal Europeo de Derechos Humanos. ¿Satisfacción entre los procuota femenina? Pues no: los mismos que critican la candidatura machista de Luis de Guindos la emprenden contra la candidatura femenina de la elegida, María Elósegui. Esta vez la demonización viene de las recurrentes fobias: que si es homófoba, que si LGTBfoba o peor aun y mal de males: como dice el partido socialista concentrando en una palabra todos los males imaginables: es «ultraconservadora». Ya no basta con ser mujer, se trata de que sea mi candidata, con mi ideología y como la señora María Elósegui no es de su cuerda ideológica, ya no es imparcial.

Pero se da la circunstancia de que la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa –es quien elige a los miembros de ese tribunal– valora y mucho la imparcialidad de los candidatos y no vio pega alguna en la señora Elósegui. Es curioso porque los que atacan a la señora Elósegui son los que mandaron a ese tribunal al señor López Guerra -un hombre, por cierto- a quien, también por cierto, va a sustituir la señora Elósegui. El caso es que la imparcialidad del señor López Guerra para ellos estaba fuera de toda duda, pero alguna habría cuando su candidatura se impugnó: no será miembro del partido socialista pero sí que lo ha empleado como jurista multiusos: lo llevó al Tribunal Constitucional, al Consejo General del Poder Judicial y –acabáramos– con Rodríguez Zapatero fue diputado autonómico por Madrid, luego Secretario de Estado y de ahí al tribunal de Estrasburgo.

En fin esta modalidad de maltrato a la mujer –bien, si piensas como yo; si no, te desprecio– me recuerda la que viví como vocal del Consejo General del Poder Judicial. Debió ser por 2002 cuando los orgullosos conservadores –y éramos mayoría– nombramos a la primera magistrada del Tribunal Supremo. Bueno, pues la reacción de la autodenominada minoría progresista fue la propia de un poseso: entre otras lindezas dijeron que no queríamos llevar, por fin, a una mujer al Tribunal Supremo, sino colocar allí a un «florero». En esa alta consideración tenían a la mujer. Claro, que desde el momento en que se nombraron a sus candidatas, por ejemplo a la señora Robles, ya no hubo floreros.

Hay mucha hipocresía y esas actitudes demuestran que apelar a la condición femenina no pasa de ser para muchos y para muchas un pretexto y la mujer poco les importa. Apuntarse a ese feminismo instrumental da un toque de buenismo, es progre, da caché, es un salvoconducto o una llave que abre puertas sociales o profesionales o es un buen envoltorio para colar productos ideológicos o para discriminar al adversario a golpe de sectarismo. Elijan ustedes. Yo me quedo con todo. Concluyo. Con los cartuchos fóbicos mojados, rebuscan en la cartuchera y sacan otro más mojado aun: que manipuló su currículum. Mentira. Si tienen dudas sobre la idoneidad de la señora Elósegui para ser magistrada del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, les diré que he compartido con ella algunos cursos, congresos y publicaciones, hemos discrepado y coincidido y he comprobado que es una jurista con gran personalidad e independencia de criterio, defensora de la dignidad de la mujer sin caer en los tópicos del feminismo radical o de género. En fin, una peligrosa ultraconservadora.