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Padre Ángel: "La Iglesia ha cometido errores y ha pedido perdón"

Presenta «Un mundo mejor es posible», un libro en el que rehúye del catastrofismo imperante. Este incansable sacerdote está convencido de que el futuro es más halagüeño de lo que nos pintan.

Foto: Luis Díaz
Foto: Luis Díaz

Presenta «Un mundo mejor es posible», un libro en el que rehúye del catastrofismo imperante. Este incansable sacerdote está convencido de que el futuro es más halagüeño de lo que nos pintan.

Asegura que no es «un loco entusiasta», pero dice que estamos mejor que nunca. Lo refuta con datos en su nuevo libro, «Un mundo mejor es posible» (Alienta), en el que también anima a todos a poner nuestro granito de arena para conseguirlo. A sus 82 años, este sacerdote todoterreno nos concede una entrevista en su despacho de la ONG Mensajeros de la Paz con el tiempo justo antes de volar a Miami. Lo que no quiso desvelar es que una de sus paradas sería la prisión donde está recluído el español condenado a muerte, Pablo Ibar.

–En el libro dice que alguna vez se ha arrodillado ante quien no debía. ¿Puede dar nombres?

–Algunos gobernantes piden que te arrodilles y nosotros decimos que solo ante Dios o ante un niño debemos hacerlo. Pero alguien intentó que inclinásemos la cabeza y lo hicimos, aunque uno se arrepiente.

–¿Entonces no lo va a decir?

–Solo puedo contestar que es de esos que se creen dueños de la vida y del alma.

–«Un mundo mejor es posible» se titula su último proyecto. Entienda que alguien lo pueda dudar con ciertos líderes en la escena política.

–Es cierto que repasando a algunos que gobiernan, uno a veces no quisiera que fueran esos, pero son los que han salido elegidos. Hay que saber vivir en democracia. Yo aprendí del cardenal Tarancón que había que creer en Dios y en los hombres, y que eso significa creer también en los gobernantes, los periodistas, los obispos. Sí uno no cree en las personas, ¡apaga y vámonos!

–También dedica un capítulo al sexismo y la homofobia para erradicarlos. ¿También en la Iglesia?

–En el ámbito eclesial se han cometido verdaderos errores y se está pidiendo perdón. Si me preguntas qué queda por hacer, pues lo que a Jesús le hubiese gustado: querer a la gente y respetarla. No sé qué mal puede ver se en que las mujeres o que los hombres...

En este punto el Padre Ángel vira el rumbo de la conversación: ¿Qué nos queda? Ser de verdad sentidos. Nadie puede estar de acuerdo con los abusos, con los maltratos a las mujeres, a los niños, a los ancianos, a los sintecho. Hoy acabo de enterrar a uno y es tremendo ver cómo se muere la gente sola.

–Y usted, ¿tiene miedo de quedarse solo?

–Sin duda, la soledad es lo que más debe espantar a las personas. Y no solo el miedo a quedarse solo, sino también a no tener a quien querer. Pero soy un privilegiado. Los que creemos podemos vivir en soledad, pero siempre estamos en contacto con Dios y eso reconforta. Aunque yo no tengo vocación de monje y me horrorizaría entrar en un monasterio donde no se habla. Pero esos hombres son felices a pesar de que parecen que están solos. Y las monjas... ¡las monjas hablan más que las cotorras!

–Pues ahora ellas reclaman un papel más activo.

Es cierto y además lo ha reivindicado el Papa. Otra cosa es que se lo den y que haya que esperar. Antes defendía que los sacerdotes se casaran, que las mujeres pudieran ser curas. Eso ya se me ha pasado.

–No me diga que ahora se ha vuelto «conservador».

–Desde que vino Francisco se me ha pasado. Porque los problemas de la Iglesia no son esos, sino que sea auténtica, que esté con los pobres, que abra las puertas, que en vez de poner tantas imágenes y santos en el Vaticano, se instalen duchas y peluquerías para los desfavorecidos como está haciendo ahora el Papa.

–¿Cree que la Iglesia está actuando correctamente en el tema de los abusos?

–Sé que a la Iglesia le han dolido y le duelen estos comportamientos y que se avergüenza de ellos. Antes que se ocultaban. ¿Que se ha hecho todo? Nunca se hace todo, pero jamás en la historia de la Iglesia se había dado un paso tan importante para decir basta. Otra cosa a tener en cuenta es que ni en los políticos ni en los curas de esta legislatura, si es que nosotros nos pudiéramos medir así, han aparecido casos ni de corrupción ni de abusos. Estamos en buen camino.

–¿Entonces cree que los abusos ya son del pasado?

–Me atrevo a decir que sí.

–¿Puede un católico votar a Vox cuando ellos hablan de expulsar inmigrantes y el Papa de acogerlos?

–No lo sé, me haces una pregunta que no sé contestar. Y no por no mojarme. Ayer oí al cardenal decir que hay que votar a los partidos que defiendan la vida. Si Vox no defendiese la vida, creo que no.

–Usted abrazó a Ortega Smith el 2 de mayo...

–Abrazar, abrazo a todos. Les respeto, pero otra cosa es que esté de acuerdo con ciertos aspectos. Sin embargo, algunas veces, las declaraciones que yo he hecho no me las han respetado. Por ejemplo, cuando he dicho que benditos los refugiados y los inmigrantes.