Emociones

Arthur Brooks, profesor de Harvard, sobre quiénes son las personas más felices: "No cometen tantos errores"

Según esta prestigiosa universidad, los años de experiencia abalan aquellos aspectos que tienden a dar mayor o menor bienestar

La gente feliz ha aprendido a quererse, a valorarse, y a ser objetiva, la gente feliz ha aprendido a ser amable con ella misma, y ha aprendido a aceptarse y a reírse de cómo son.
La gente feliz ha aprendido a quererse, a valorarse, y a ser objetiva, la gente feliz ha aprendido a ser amable con ella misma, y ha aprendido a aceptarse y a reírse de cómo son.larazonlarazon.es

Un estudio elaborado por la prestigiosa Universidad de Harvard, que ha sido considerado como uno de los de mayor rigor científico en base a su exhaustividad y su nivel de detalle, ha dado respuesta a una de las preguntas más frecuentes en la sociedad: ¿Quiénes son las personas más felices del mundo? En base a una cifra que ha superado los 700 miembros y que ha tardado en desarrollarse más de ocho décadas, los investigadores no han dudado cuáles son elementos que son capaces de transformar la percepción del bienestar. Por supuesto, el motor de este estudio académico ha tenido como protagonista los años de los seres humanos, aunque también ha habido otros aspectos muy relevantes que han secundado una conclusión de lo más sorprendente.

Generalmente, siempre se ha comentado que los más jóvenes, al tener toda la vida por delante y muchos momentos en los que experimentar diversas experiencias vinculadas a emociones positivas, son los más felices de todos, pero Harvard lo ha desmentido por completo. Según su análisis, la felicidad alcanza su punto máximo a partir de los 60 años, por lo que aquellos que rozan la tercera edad serían las personas más contentas y que poseen el mayor bienestar posible.

"Las personas mayores tienen más información sobre su vida y cometen menos errores"

Arthur Brooks, autor, orador y docente perteneciente a este centro norteamericano, ha comentado que el resto de factores que secundan este juicio final son tres, y muy diferentes: la manera en la que las redes sociales hacen mella en los usuarios, el incremento del comportamiento altruista o la manera en la que se gestiona el estrés, siendo las personas más mayores los que mejor lo hacen.

"Las personas mayores tienen más información sobre su vida y cometen menos errores", señala Brooks. Al fin y al cabo, esto es como en el aspecto laboral y en la vida en general. Cuantas más veces se cae uno, más posibilidades tiene de aprender del error y volver a levantarse con todavía más energía. En este sentido, el profesor arroja que los mayores tienden a preocuparse tan solo por lo que de verdad les importa.

En cuanto al primer epígrafe, el de las redes, salen a la luz los vínculos que se conforman en esas plataformas. Según va avanzando el tiempo, las personas desarrollan una capacidad selectiva para mantener relaciones más significativas. Por un lado, aquellas conexiones más superficiales son el paso a vínculos más profundos y enriquecedores, donde sí que se le dará la importancia a la calidad antes que a la cantidad. Por otro lado, aquellas amistades menores que no aportan ningún valor sentimental se acabarán 'rompiendo', por lo que las personas podrán darle prioridad a aquellas interacciones que de verdad les interesa.

"Las personas mayores reducen selectivamente sus círculos sociales para centrarse en las personas con las que comparten pasiones comunes, experimentan emociones positivas y obtienen satisfacción. Las amistades casuales que no dan la talla se quedan atrás", argumenta Brooks. En cuanto al comportamiento voluntario y desinteresado de ayudar a otros, este se presenta en mayor medida cuanto mayor se es. La madurez proporciona una comprensión más amplia del sentido de la existencia, traducida en una mayor disposición a cuidar y contribuir. Por su parte, la forma en la que se gestiona el estrés es un aspecto crucial en la evolución del bienestar. Las personas mayores desarrollan una resistencia emocional que les permite procesar los estímulos negativos de manera más eficiente, más controlada por así decirse. En este sentido,

En el momento en el que se llega a la jubilación, aunque muchos la tildan de una época de declive, es un periodo de liberación. Las personas mayores desarrollan una resistencia emocional que les permite procesar los estímulos negativos de manera más equilibrada. El cerebro se vuelve más resiliente, disminuyen los remordimientos y se mejora el control emocional. En este sentido, "cuando las personas mayores se enfrentan a una situación estresante, tienden simplemente a ignorarla", sostiene. Finalmente, el que es considerado como uno de los mejores expertos en cuanto a felicidad se refiere, ha apuntado a que "cuanto antes aprendamos y adoptemos estas reglas para una buena vida, antes podremos disfrutar de sus beneficios".