Obesidad
¿Cómo evitar el efecto rebote de fármacos como Ozempic? Los expertos lo aclaran
Al recuperar los kilos de más de forma más rápida también regresan los marcadores de riesgo metabólico

La obesidad no es una cuestión estética, sino el caldo de cultivo de numerosas patologías que merman la salud. Se trata de una enfermedad que va en aumento y que amenaza con convertirse en la gran epidemia del siglo XXI. Por ello, conseguir plantarle cara es uno de los grandes objetivos de la investigación médica de los últimos años. A tenor de las cifras, parece que cada vez estamos más cerca de lograrlo, gracias a los revolucionarios fármacos GLP-1 (agonistas del receptor GLP-1) como la semaglutida (Ozempic o Wegovy), la liraglutida (Victoza o Saxenda), y la tirzepatida (Mounjaro o Zepbound), que es un agonista dual GLP-1/GIP.
Y parece que lo mejor está por llegar con una nueva generación de medicamentos, que se presentan de forma oral y diaria y que prometen revolucionar con mayor éxito el tratamiento de la obesidad. «Los nuevos medicamentos GLP-1 han marcado un antes y un después en el abordaje de la obesidad y este 2026 será determinante. La gran novedad es que llegarán las píldoras orales diarias de agonistas GLP-1 y que son una alternativa a las inyecciones con eficacia similar, pero con una mejor accesibilidad y adherencia. Estos nuevos fármacos tendrán un papel muy importante en el mantenimiento de la pérdida de peso, porque el objetivo es a largo plazo», explica Cristóbal Morales, especialista en Endocrinología y Nutrición y miembro de la Sociedad Española de Obesidad (Seedo). La segunda gran novedad, tal y como apunta Morales, «serían las combinaciones hormonales avanzadas al unir GLP-1 con otras hormonas que logran pérdidas de peso superiores al 21% y beneficios metabólicos. También esperamos para finales de 2026 la triple terapia de una combinación avanzada de péptidos con pérdidas de peso superiores al 28%, algo nunca logrado», augura el miembro de la Seedo.
No son milagrosos
Sin embargo, no es oro todo lo que reluce y los nuevos fármacos no hacen milagros. Un metaanálisis publicado en la prestigiosa revista científica «British Medical Jornal» que ha revisado 37 estudios internacionales concluye que el efecto rebote de estos nuevos medicamentos aparece en menos de dos años y que, junto al aumento de peso, regresan también los riesgos cardiovasculares y metabólicos asociados a la obesidad, como el colesterol elevado, la hipertensión arterial o la diabetes. Y, lo que es más grave, la recuperación de peso tras abandonar estos fármacos es casi cuatro veces más rápida que la que se produce después de cambios en la dieta o en el nivel de actividad física.
La explicación que dan los expertos a estas cifras es contundente: «Los fármacos antiobesidad modifican artificialmente el sistema de regulación del peso: reducen el hambre, aumentan la saciedad y facilitan comer menos sin requerir un aprendizaje conductual profundo. Cuando se retiran, ese “andamiaje farmacológico” desaparece de forma abrupta, y el sistema biológico vuelve a su estado previo», explica Montse Prados, endocrina, autora del libro «La medicina que necesitas eres tú», y miembro del grupo de Obesidad de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).
En concreto, el metaanálisis muestra que, tras suspender el uso de estos nuevos fármacos, el peso se recupera a una velocidad media de 0,4 kg/mes, llegando a 0,8 kg/mes con los fármacos más potentes, con retorno al peso basal en torno al año y medio. «Esto se debe a que la pérdida de peso inducida por fármacos activa los mismos mecanismos adaptativos que cualquier adelgazamiento, pero sin que la persona haya desarrollado necesariamente estrategias conductuales compensatorias. Así, mientras el fármaco está presente, estos mecanismos quedan “tapados”, pero al retirarlo, emergen todos a la vez, favoreciendo una recuperación rápida», advierte Prados, quien hace hincapié en que «cuanto mayor es el peso perdido, más rápida es la recuperación posterior, independientemente del método. Dado que los fármacos logran pérdidas mucho mayores que la dieta, el gradiente biológico hacia la recuperación también es mayor».
Cómo evitarlo
Ante esta evidencia, cabe preguntarse cuáles son las estrategias que hay que seguir para evitar el tan temido efecto rebote. En este sentido, Prados recomienda «perder peso a un ritmo progresivo, preservar la masa muscular (consumiendo proteína y realizando ejercicio de fuerza), con la reeducación del apetito y de las señales del hambre, así como la realización de un trabajo emocional y conductual, acompañado del empleo del fármaco como una herramienta, y no como la única solución». Además, «el estudio destaca que el seguimiento conductual no mejora la recuperación tras dejar el fármaco. El metaanálisis muestra que ni el apoyo conductual durante el tratamiento ni después de suspenderlo modifica la velocidad de recuperación del peso. La razón resulta clara: la recaída es principalmente biológica, no educativa ni tampoco volitiva», reconoce la endocrina.
Por todo ello, los expertos insisten en que «queda claro que la obesidad debe tratarse como una enfermedad crónica. Los nuevos fármacos requieren planteamientos de uso prolongado o intermitente y el abordaje conductual es necesario, pero no puede sustituir a la fisiología», apunta Prados. Una idea a la que el doctor Morales añade la importancia de «emplear siempre estos fármacos bajo supervisión médica, con un control estricto de un especialista, acompañado de un abordaje integral que incluya cambios de hábitos y de alimentación».