Así era la abuela de Moby Dick

Descubierto el origen de uno de los órganos más misteriosos de la naturaleza: una cavidad gracias a la cual las ballenas pueden cantar.

Desde mucho antes de que Herman Melville inmortalizara a la especie bajo el nombre de Moby Dick, las ballenas han atraído poderosamente la atención de los seres humanos. Reinas del mar y, sobre todo, de sus profundidades, generan por igual admiración y temor. También en la ciencia. Ballenas blancas, cachalotes y otras familias asombran por su capacidad para sobrevivir a profundidades inalcanzables para otros animales, por su finísimo sentido de la orientación y su sorprendente adaptación al medio acuático.

Pero ¿de dónde proceden estas facultades? Un equipo internacional de científicos dirigido por el experto en mamíferos marinos del Museo de Historia Natural de Los Ángeles Jorge Vélez-Juarbe ha descubierto una nueva especie de cachalote pigmeo de Panamá que arroja alguna luz sobre el origen evolutivo de estos animales.

El hallazgo revela que el árbol genealógico de las ballenas es más complejo de lo que se creía, sobre todo en lo que se refiere al desarrollo de uno de sus órganos vitales más extraños y sorprendentes: el órgano de espermaceti, una gran cavidad característica de los cachalotes y algunas otras ballenas que tiene una función aún desconocida. En primer lugar, genera una cera blanquecina (blanco de ballena) utilizada desde tiempos inmemoriales para la fabricación de cosméticos y velas, así como para alimentar lámparas de aceite. Además, puede servir de balastro para facilitar la flotabilidad del animal. Al entrar en contacto con el agua o calentarse con la energía metabólica del cachalote, la cera se solidifica o licúa, cambiando de densidad y facilitando que el cuerpo entero flote o se hunda. Ese mismo órgano, que cuenta con una protuberancia entre los ojos, también interviene en la emisión de los míticos cantos de las ballenas e, incluso, podría utilizarse como defensa en la competencia física entre machos. Ahora podemos saber algo más sobre su origen gracias a un extraño fósil panameño que presenta el vestigio más antiguo del hueso que lo sustenta y que sorprende por su gran tamaño.

Muchas especies de ballenas, delfines y marsopas cuentan con un abundante y antiguo registro fósil gracias al cual se ha podido reproducir el camino evolutivo de estos seres desde sus ancestros, que vivían en tierra firme, hasta los primeros parientes que se acomodaron al mar. A través de esos fósiles se ha logrado conocer cómo los cambios climáticos y los movimientos de la corteza continental terrestre provocaron modificaciones sucesivas en el cuerpo de las ballenas. Pero el cachalote es una de las especies con peor registro histórico, sobre todo en el trazado evolutivo de sus versiones más pequeñas, como el cachalote pigmeo.

Los nuevos restos ahora hallados pertenecen a dos individuos que vivieron hace siete millones de años y han sido catalogados como una nueva especie anterior al origen del cachalote. Lo que más llama la atención de su osamenta es que, aun siendo animales mucho más pequeños que las actuales ballenas pigmeas, cuentan con un órgano de espermaceti mucho mayor. De alguna manera, a lo largo de la evolución este órgano ha visto reducido su tamaño. Y lo ha hecho, al menos, en dos ocasiones: cuando surgieron los cachalotes enano y pigmeo de la actualidad.

No se sabe muy bien la razón de esta disminución, pero el hallazgo permitirá estudiar el verdadero origen de ese misterioso órgano y, quizás, mediante la comparación con ballenas actuales, arrojará pistas que desvelen su verdadera utilidad. El misterio del canto de las ballenas puede estar cerca de resolverse.