Crimen de Asunta

«No digas nada inconveniente»

Los diálogos grabados entre ambos en los calabozos de la Comandancia de la Guardia Civil, al descubierto: «Cálmate, deja de hablar», aconseja Basterra a Porto

«No digas nada inconveniente»
«No digas nada inconveniente»larazon

Los calabozos de la Comandancia de la Guardia Civil de La Coruña están en el segundo sótano. Los remodelaron hace unos años y ya no pintan tan sombríos. Un pasillo de un metro de ancho y a cada lado seis celdas, doce en total. Cada una con una puerta maciza, pero con un pequeño agujero rectangular, por donde pasan la comida, es el único ventanuco a la libertad. Suelen estar siempre abiertos, para que el centinela pueda mirar dentro. También por las noches, por una cuestión de humanidad: como no hay luz en el interior de las celdas, dejan abiertas las mirillas para que se cuele a través de ella algo de claridad y la oscuridad, tan negra y densa, no aplaste el ánimo de los presos.

Fue precisamente a través de estos ventanucos como hablaron Alfonso Basterra y Rosario Porto mientras coincidieron detenidos. Pero en esta ocasión había una estrategia más allá de la simple piedad. El juez Vázquez Taín había ordenado que se grabasen todos sus diálogos. Muchos juristas apuntan a que estas grabaciones son ilegales, otros las avalan. Será algo que se resuelva en el futuro, en lo que aparenta que será una dura batalla jurídica.

La primera grabación se realizó el pasado 25 de septiembre. Comenzó a las 21.34 de la noche y finalizó a las 8.43 de la mañana del día 26. Fueron 11 horas, 9 minutos y 19 segundos de registro. A continuación, LA RAZÓN ofrece un estracto de la misma que anoche ofreció en exclusiva el especial de Antena 3: «Condenados en la calle».

Rosario Porto– ¿Alfonso?

Alfonso Basterra– ¿Sí?

R.P.–No me oyen (...).

A.B.–Tranquila, todo va a salir bien.

R.P.–Ya.

A.B.–Sé fuerte.

R.P.–Ya.

A.B.–Somos inocentes, no hemos hecho nada. Tranquila.

R.P.–Ya.

A.B.–¿De acuerdo?, ¿de acuerdo?, ¿de acuerdo? (...)

R.P.–¿Quién puede estar haciéndonos esto?

A.B.–No lo sé, nena. Por eso mismo hay que tener mucha calma, estar tranquilos. No te preocupes de nada, todo va a salir bien, ¿de acuerdo?

R.P.–¿De acuerdo?

A.B.–Yo te quiero y tú me quieres (...). Iremos para casa, no te preocupes.

R.P.–¿No te dio tiempo a eso, verdad? (...).

A.B.–No, sé fuerte, estate tranquila y todo va a salir bien, ¿de acuerdo?

R.P.–De acuerdo.

A.B.–Pues eso es lo más importante, mantén la calma.

La segunda grabación comenzó a las 15.09 del día 26 y terminó ese mismo día a las 21.29 de la noche. Son 6 horas, 20 minutos y 55 segundos de registro de los diálogos de Rosario y Alfonso.

A.B.–Aprovecha para dormir un poco, nena (...).

R.P.–No soy capaz de sentarme, me ahogo.

A.B.–Entonces, siéntate como yo, con la espalda pegada a la pared y sentada sobre el colchón.

R.P.–¿Quién nos puede, quién me puede querer hacer daño, Alfonso?

A.B.–Pues no lo sé, mi vida. No sé quien nos quiere hacer esta faena tan gorda, pero tarde o temprano caerá. (...)

R.P.–Pero, ¿por qué nos tienen aquí? Tienen que tener un montón de indicios, ¿sabes lo que te digo?

A.B.–Pues sí, pero... Son medidas que tiene que adoptar y tiene que ser así, tenemos que aguantarlo y punto. Y mañana, igual salimos en libertad provisional o alguna cosa así.

R.P.-Pero luego va a haber juicio, Alfonso.(...)

A.B.–Bueno, que tenga que haber... Pero si encuentran culpable, no. Y lo encontrarán, calma, lo encontrarán. Entonces no habrá juicio, habrá para él, no para nosotros.

R.P.–Vale.

A.B.–Irá a la cárcel toda su vida, tú tranquila mi vida, tú estate muy tranquila. Y no digas nada inconveniente porque sabes que nos están grabando (...).

R.P.–Tu imaginación calenturienta nos va a generar muchos problemas (...). Porque un día quería hacerte entrar en razón, ¿sabes?

A.B.–Ya lo sé, vida mía.

R.P.–Y que te dieras cuenta del daño que me has hecho con tus palabras.

A.B.–Ya lo sé, no pasa nada, olvídate de eso ya. No pasa nada, dejemos trabajar a esta gente y cogerán al culpable. Cuando menos te lo esperes, van a decir que tienen un sospechoso (...).

R.P.–Yo, por lo menos, soy la primera interesada en saber qué le ha pasado a Asunta.

A.B.–Ni más ni menos. Por eso, estate tú tranquila, no tienes nada que ocultar, ni yo tampoco. Darán con el culpable, a ver si dan cuanto antes.

R.P.–Bueno, no puedo vivir sin ella.

A.B.–Ya está, lentejita.

R.P.–Me puse bien por ella Alfonso.

A.B.–Ya lo sé... calma, calma, calma.

R.P.–(no se entiende el contenido la grabación) y pensaba que podía (...). Ver a una madre tan tirada, tan rota, pero es que yo no podía con tantas cosas.

A.B.–Hay que tirar para adelante, todo se va a solucionar (...).

R.P.–¿Cuándo te enteraste de que me habían llevado?

A.B.–El mismo día, después.

R.P.–¿Pero fueron a hablar contigo?

A.B.–No, me llamaron por teléfono, creo, sí. Bueno, dejémoslo. No te preocupes. Calma.

R.P.–Y la gente, ¿qué decía?

A.B.–Nada, no, estaba con mis..., con nuestros amigos. Nada, que era una equivocación y así va a ser (...).

R.P.–Yo espero que no se estén equivocando, yo quiero pensar que estando aquí dentro la persona que lo hizo se confíe y la pillen.

A.B.–Claro, es que así va a ser, así va a ocurrir, tú tranquila mi vida, tú tranquila nena. Darán con él, esta gente es muy buena en lo suyo. Tenemos la imagen, el topicazo, pero.... La leche, ¡cómo trabajan!

R.P.– Muy bien.

A.B.–Son muy serios y muy profesionales, así que confía en ellos. Aunque tú y yo no lo sepamos, estarán peinando toda la zona. Haciendo una labor increíble. Tranquila, son muy buenos, lo que pasa es que a veces son muy duros, bueno, tienen que serlo para... Ellos quieren aclararlo, ¿te das cuenta?

R.P.–Sí. (...).

R.P.–Yo no puedo ir a casa por la niña.

A.B.–Olvídate de eso, guapa.

R.P.–No puedo olvidarme, Alfonso (...). Me estoy rompiendo entera.

A.B.–Olvídate de eso. Respira por la nariz, echa el aire por la boca y relájate, venga. Calma, cuando nos queramos dar cuenta estaremos en la calle en plena libertad (...).

R.P.–Pero Asunta no vuelve, Alfonso.

A.B.–¿Cómo?

R.P.–Asunta no vuelve.

A.B.–¿Cómo?

R.P.–Que Asunta no vuelve, Alfonso. ¡¡No vuelve!!

A.B.–Ya lo sé mi vida, ya sé que no volverá nunca, ya lo sé Charo, ya lo sé. (...)

R.P.–He sido buena hija, he sido buena madre, contigo me he portado mal, pero...

A.B.–Ya está, cálmate, deja de hablar.

R.P.–Pero, ¿por qué este castigo?

A.B.–Cálmate, por favor, y deja de hablar, no hables más, relájate. Tienes que estar muy fuerte para mañana ¿de acuerdo? Piensa que cuanto más fuerte estés mañana, más posibilidades hay de salir, ¿vale?

R.P.–No hay parte del cuerpo que no me duela.

A.B.–Ya, y a mí. Pero te repito, cuanto más descanses hoy, en mejores condiciones estarás mañana.

R.P.–Vale.

A.B.–Para hablar delante del juez, ¿vale?

R.P.–Vale.

A.B.–Pues ya está, como no tienes nada que ocultar, como no hay nada que ocultar, relájate.

Al día siguiente, Rosario Porto y Alfonso Basterra, tras prestar declaración, ingresaron en prisión. Cambiaron los calabozos por las celdas con barrotes de la prisión de Teixeiro.

«No quiere decir que vaya ahogando a la gente con cojines»

En un momento de la segunda conversación que mantienen, Rosario Porto hace referencia, sin que se pueda escuchar con claridad, a un «insecto» y a «un cojín», una alusión que bien podría estar relacionada con la idea de que la menor murió de asfixia. «No quiere decir que yo vaya ahogando a la gente con cojines», asegura la madre de Asunta. La respuesta de su ex esposo es inmediata: «Pues claro que no mi vida, pues claro que no», apunta Alfonso, que no duda en defender sobre los investigadores que «como no tienen otra cosa dicen, sospechosos, los padres». Porto reflexiona, y a renglón seguido le recrimina a su marido su actitud en el pasado: «Quería que entraras en razón, hacerte ver el daño que me hacías innecesariamente». «Ya lo sé, bueno, ya está», apostilla Alfonso.