Tensión en la comunidad gitana de Roquetas

El dispositivo policial en Roquetas de Mar, compuesto por unos 100 efectivos, se mantendrá previsiblemente a lo largo del día de hoy
El dispositivo policial en Roquetas de Mar, compuesto por unos 100 efectivos, se mantendrá previsiblemente a lo largo del día de hoy

Teme represalias si bajan los efectivos policiales. Hasta el momento, ya son cuatro los detenidos por la quema de coches y contenedores.

Los enfrentamientos del pasado 25 de diciembre en Roquetas de Mar (Almería) entre subsaharianos y miembros de la Guardia Civil se han saldado hasta el momento con cuatro inmigrantes detenidos, aunque podrían producirse más en las próximas horas tras visionar algunos de los vídeos de los altercados. El lanzamiento de cócteles molotov y la quema de coches y contenedores fueron algunos de los daños más visibles, pero también se produjeron daños personales: tres agentes resultaron heridos por lesiones óseas –dos de ellos fueron dados de baja– y alguno de los manifestantes sufrió quemaduras, si bien es verdad que de carácter leve.

Estas son algunas de las heridas abiertas tras el asesinato de Amisau M., de 41 años y originario de Guinea Bissau, durante la madrugada del día de Navidad. Según el relato de su amigo Upa, que le acompañó durante aquella fatídica noche, Amisau murió de al menos una puñalada asestada, presuntamente, por un miembro de la comunidad gitana del barrio de Cortijos de Marín. Ambos inmigrantes, según el testigo, se dirigían en coche a la casa que compartían, un modesto cortijo de la barriada de El Solanillo, zona en la que también trabajan en los invernaderos. Al encontrarse un coche bloqueando el camino en la calle Valle de Orotava, dominada en su mayoría por vecinos de etnia gitana, Amisau se bajó del coche para ver qué ocurría y pedir que les dejaran pasar. Sin mediar casi palabra, la víctima fue apuñalada. Las protestas del día 25 después respondieron al enfado del colectivo subsahariano que, tal como ocurrió hace más de siete años, con la muerte de un senegalés, sufrió la pérdida de un vecino.

Si bien es verdad que, según los vecinos, la presencia policial se hizo ayer menos patente que en días anteriores, lo cierto es que está previsto que se mantenga el dispositivo de un centenar de efectivos de la Guardia Civil en la zona. La seguridad es ahora indispensable no sólo para impedir nuevos enfrentamientos, sino también para evitar posibles represalias por parte de los compatriotas de la víctima. Fuentes cercanas al caso aseguran que la comunidad gitana vive con «miedo» ante la posibilidad de que el dispositivo se relaje y pueda cometerse algún acto de venganza contra ellos. De hecho, y según relatan vecinos de la calle Valle de la Orotava, los agentes les han recomendado pasar estos días en residencias de otros familiares, al menos hasta que la tensión se enfríe. Y es que las hostilidades de estos días buscaban dar con el o los responsables de la muerte de Amisau. Así, las viviendas en las que podrían vivir los presuntos sospechosos –los conocidos como «pisos de la Shell»– están vigilados de forma constante.

El colectivo subsahariano ha puesto de su parte para evitar más enfrentamientos. «Durante estos días hemos calmado los ánimos de nuestra gente. Hemos hablado con ellos y les hemos dicho que esto no puede volver a repetirse», afirma a este diario Alioune Sane, de la Asociación de Senegaleses de Roquetas. Con todo, lo que esperan ahora es que «pague el responsable del asesinato, no nuestra comunidad». Y es que, hasta el momento, desconocen si se barajan sospechosos por el asesinato de Amisau: hasta ahora no se ha llevado a cabo ninguna detención.

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