Entrevista
Elena Rivera y Manu Baqueiro: «Alguien iba a ponerme la mano y era como ‘no toques, chaval’»
Una abogada con TOC y su nuevo jefe sacuden desde esta noche los juzgados de Antena 3
Tras su éxito en atresplayer en 2025, “Perdiendo el juicio” da el salto hoy al máximo escaparate de Atresmedia: el prime time de Antena 3. En esta conversación para LA RAZÓN,Elena Rivera y Manu Baqueiro abren el detrás de cámaras del “alma” de la serie, nos cuentan cómo se equilibran los casos semanales y la trama troncal, cómo retratan el TOC con respeto y qué les ha removido de cerca al encarnar a personajes en caída libre.
¿Hay nervios con el paso de la serie del streaming al abierto?
Elena: Cada estreno te produce emoción y curiosidad, pero esta vez ayuda conocer el feedback. A todo el mundo le ha gustado muchísimo, la han disfrutado mucho, que es un poco de lo que se trata esta serie: entretener, que pases un buen rato. Es una serie muy familiar, muy humana y con este punto, entre comillas, thriller, porque en cada capítulo hay un caso distinto y luego está lo de la hermana de Amanda durante toda la temporada, acusada de asesinato. Tiene un montón de ingredientes que a la gente le han enganchado mucho y ahora, en abierto, deseando que la vea cuanta más gente mejor.
Manu: Yo creo que es una serie que contagia buen rollo, pero mezcla lo procedimental y los personajes más allá del caso, va de lo que nos pasa en el día a día. Y esa trama troncal se resuelve al final de una manera emocionante y apasionante. Por mensajes privados nos dicen que ha ido muy bien en atresplayer y estoy seguro de que va a ir muy bien en Antena 3.
¿Cómo sostiene usted el TOC sin que se coma la historia?
Elena: Era la base, tenía que tenerlo muy presente y estar muy alerta para que no se me fuera, pero es cierto que la serie no trata sobre eso. Está por debajo. Desde guion y dirección se tenía claro que esto es un procedimental y si nos ciñéramos al 100% a contar solo a una persona con TOC no podría hacer la mitad de las cosas que hace la serie. Pero por debajo hay un mensaje: al principio te muestran a una tía de éxito, la número uno, y de repente se satura por un montón de cosas, por la sociedad que te exige tanto, y explota. Y tiene que empezar desde cero, en lo personal y en lo profesional. Ahí la gente engancha porque empatiza: ves a alguien que parecía que podía con todo y aun así tiene que amoldarse a lo que le ha pasado. Y con el bufete de Gabriel, con prejuicios al principio, aprende: personas que le tienden la mano y le ayudan. Eso es muy bonito.
Manu: También era un desafío para Elena y para los más cercanos, como el mío: no perder el dinamismo del procedimental, pero no perder la verdad con ese tema. Con el respeto con el que ella lo ha tratado, condicionaba al personaje y también a los demás. Era bonito de trabajar y un desafío para todos.
¿Qué reacción cotidiana le exigía el rodaje?
Elena: Teníamos que incorporarlo todos. Aunque lo tenía yo presente, ocurría: de repente alguien iba a ponerme la mano y era como “no toques, chaval”. Y esas reacciones luego funcionaban mucho, quedaban naturales. La clave fue no tratarlo con pretensión, sino mostrarlo desde el máximo respeto, sin que se olvidara que esta mujer lo sufre.
¿Gabriel se aprovecha de ella al principio?
Manu: Se aprovecha un poquito en el punto de partida del primer caso, porque se da cuenta de que para ese primer caso viene muy bien esta chica, porque nadie va a entender lo que es tener un TOC como el del personaje de Elena. Gabriel es un tío, yo lo definiría, un pillo de buen corazón, buscavidas y una ratilla de juzgados. Está un poco en el límite moral, pero le permite resolver casos. Tiene una mochila complicada, carencias, y se agarra al trabajo, como Amanda. La diferencia gorda es que él lleva pegando tumbos mucho tiempo y no ha estado en la cima donde ella sí ha estado; por diferentes circunstancias se juntan para ir tirando adelante con los casos y con sus vidas.
¿Dónde está el conflicto moral entre los dos?
Elena: Es un plus ver dos mundos tan distintos, aunque quieran hacer el mismo bien. Opinan diferente y están siempre con ese conflicto. Amanda lo dice: “el fin no justifica los medios”. Pero luego hay momentos en que se da cuenta de que hay gente que lo está pasando muy mal, que no tiene dinero para los abogados del lugar de donde venía ella, y hay que echar una mano. Ahí ella se empieza a contagiar un poco del “gen” del bufete de Gabriel y eso es interesante: como espectador ves que mantiene su esencia, pero también entiende hasta dónde hay que llegar. La serie tiene una humanidad muy profunda y se le ha intentado dar mucha alma, y yo creo que se ha conseguido.
Manu: Ese alma cobra vida cuando llegas ella al despacho y crece ese “cajón de sastre”. Unos personajes retroalimentan a otros y hay una energía muy bonita. Y el reparto es un gustazo: cuando vienen María Pujalte y María León, por ejemplo, es un terremoto.
¿Qué comentario del público les ha tocado más?
Elena: Sobre todo por el TOC: personas que sufren esta enfermedad agradecían que se mostrara de forma natural, sin pretender nada, porque la serie no es un drama sobre “cómo surge” el TOC; dentro de otras situaciones, ella tiene esto. Y luego tiene algo de las series de antes: sentarte con tu familia. Da igual la edad o de dónde vengas; si enganchas con los personajes, son temas universales: estrés, ansiedad, frustración, o al revés, celebrar cuando te va bien. La serie tiene esas píldoras continuamente.
Manu: A mí me hablaban mucho de lo visual, porque hay muchísimo exterior y no es fácil: cada día sitio nuevo, sonido, luz… pero eso se nota en el producto. Y también de los capitulares: en cada capítulo entra gente con mucho oficio, casi coprotagonistas potentes, y eso sorprende.
¿Reconocen alguna manía que pudiera parecerse a un TOC?
Elena: Yo soy demasiado puntual. Hay veces que hago esfuerzos por intentar llegar un poquito y hacerme la tonta, porque es una cosa enfermiza lo que tengo yo con la puntualidad. Y lo de hacer la cama: yo no puedo afrontar el día si no la hago.
Manu: Yo no soporto terminar de comer y no recogerlo en el momento. Me descompone. Y con la puntualidad lo paso mal: en un rodaje no hay margen, pero en giras de teatro he sufrido, porque quedas y llegan tarde, y piensas “¿por qué vale más tu tiempo que el mío?”. A lo mejor el problema lo tengo yo, pero se llama puntualidad.