La llegada de "Top Chef: Dulces y Famosos" a La 1 no fue un estreno de tanteo: entró con el pulso alto, reemplazando a "Bake Off: Famoso al horno" y dejando claro desde el minuto uno que aquí se viene a competir, aunque el delantal lo lleven rostros conocidos. Paula Vázquez repite como anfitriona, la producción corre a cargo de BOXFISH y el jurado suma un tercer vértice: a Paco Roncero y Eva Arguiñano se une Osvaldo Gross, un refuerzo que, por perfil, apunta a ser decisivo en matices.
El gancho, como tantas veces en estos formatos, está en el reparto: Belén Esteban, Luis Merlo, Eva Isanta, Ivana Rodríguez, Mariano Peña, Marina Castaño, Desirée Vila, Tote Fernández, Natalia Rodríguez, Samantha Ballentines, Roi Méndez, Alejandro Vergara, Nicolás Coronado, Benita Castejón, Ana Morgade y Alejandra Osborne. RTVE abre la puerta con la etiqueta del “famoso”, sí, pero el programa exige algo más concreto: técnica mínima, cabeza fría y capacidad de reaccionar cuando el reloj aprieta.
La primera prueba individual sirvió para poner nombres y sensaciones sobre la mesa. Cada concursante eligió el postre con el que se sentía más seguro, y ahí apareció una primera lectura clara del jurado: se premió la ejecución, pero también la idea. Desirée Vila se llevó el primer triunfo del curso por un equilibrio que destacaba entre varios trabajos correctos. En un estreno, ese detalle importa: marca territorio y condiciona miradas en el obrador.
Luego llegó el terreno donde se caen caretas: el trabajo en grupo. Churros, porras y chocolate parecen un reto “popular”, pero es una prueba con trampa para cualquiera que se confíe. Se organizaron cuatro equipos (azul, amarillo, rojo y verde) y el jurado no se anduvo con rodeos: los azules (Eva, Mariano, Roi) salieron mejor parados; detrás quedaron los rojos (Belén, Alejandro, Tote). En cambio, el amarillo (Desirée, Natalia, Luis) recibió el corte más duro: "No se salva ni mojando en chocolate", frase que ya dibuja el tipo de veredicto que busca el formato.
La tercera estación de la noche apostó por el espectáculo sin caer en el chiste fácil: parejas, jueces que “cocinan” en modo robot —sin conversación, con gesto mecánico— y una réplica marcada por el invitado, el pastelero Raúl Bernal. La tarta de chocolate, café y avellana puso a cada uno ante su espejo: Natalia Rodríguez y Desirée Vila lograron una versión considerada “muy buena”; Samantha e Ivana obtuvieron un aprobado; y Luis Merlo con Marina Castaño quedaron por detrás, sobre todo en lo visual, aunque el sabor no se desplomó.
Con ese resultado, la eliminación quedó entre Merlo y Castaño, y el último ejercicio fue tan simple como traicionero: decorar una tarta con manga y escribir “felicidades”. La manga se le atragantó al actor, pero el error que pesa en televisión es el que no tiene vuelta: Marina escribió “love” donde se pedía otra cosa. El jurado dictó sentencia: Marina Castaño, primera expulsada. Y, al mismo tiempo, elevó a Natalia como pastelera destacada de la semana "por su actitud y trabajo en equipo". Un premio que, en un estreno, dice más de lo que parece: aquí no basta con acertar una receta, también hay que saber estar.
