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De ese Juli sereno y templado que triunfó

El diestro madrileño se llevó los dos únicos toros buenos de la tarde en la penúltima de Zaragoza

El Juli torea al natural durante una de sus faenas de ayer en Zaragoza
El Juli torea al natural durante una de sus faenas de ayer en Zaragoza

Zaragoza. Octava de la Feria del Pilar. Se lidiaron toros de Cortés (1º), Victoriano del Río (3º y 5º) y Parladé (2º, 4º y 6º), desiguales de presentación. El 1º, mansote, noble y sin humillar; el 2º, buen toro, de excelente calidad, repetición y franqueza; el 3º, rajado, deslucido y complicado; el 4º, parado y sin querer pasar; el 5º, encastado y de buen juego; y el 6º, tan noble como desrazado. Tres cuartos largos de entrada.

Juan José Padilla, de grosella y oro, estocada contraria, aviso, descabello (saludos); media, descabello (silencio). El Juli, de burdeos y oro, dos pinchazos, estocada desprendida, aviso, descabello (saludos); estocada trasera (dos orejas). Miguel Ángel Perera, de turquesa y oro, media baja, aviso, cuatro descabellos (silencio); pinchazo, estocada caída (silencio).

Acaba Zaragoza (casi, queda la corrida de rejones) y se acaba el mundo. O eso parece. El planeta taurino 2014 a falta de los últimos coletazos. La feria de Jaén y algún festejo. Pero Madrid y Sevilla echan cerrojo hasta el año que viene. Dios mediante. Se cierra un ciclo. Un ciclo de muchas grietas, alguna sorpresa y un buen puñado de incógnitas a desvelar durante los próximos meses. Se nos echa encima el invierno, a pesar de que nos vamos de Zaragoza, comienzo estas líneas con medio pie en el AVE, con la primavera, que no otoño en lo alto. Tan raro todo como esta temporada enrevesada y carcomida entre los intereses privados, los públicos, los de tres, los de siempre y un nudo en el estómago por el eterno dilema de quién sacará la cara por la afición. En esta encrucijada sobresale la nota positiva de la aún en el horno Feria del Pilar, cambios de aires, de manos y nueva apuesta que ha tenido respuesta directa en el público. Varios llenos consecutivos, y el más flojo de las corrida fuertes, el de ayer. El Juli ponía el cierre a esa innovadora temporada que presentó por el mes de febrero que ha acabado con un cambio de rumbo en el apoderado: adiós Roberto Domínguez; bienvenido Luisma Lozano. No hubo brindis de despedida, pero sí cierre a lo grande y con la suerte de cara. A él fue a parar el lote de la tarde. Los dos únicos toros, con matices muy distintos, pero ambos de triunfo. Para consagrarse fue el de Parladé, el tercero, en una buena camada del ganadero, toro de excelente clase, repetición, franqueza y manteniendo ese punto de transmisión para que lo que ocurría fuera importante. Juli se apartó de ese vértigo que le acelera otras tardes y la virtud que mantuvo de principio a fin en la faena fue el temple y el ritmo. Hizo un trasteo terso, limpio, encajando muletazos profundos por la largura, rompía al toro, lo obligaba, era animal para olvidarse y recrearse y en esa ecuación vaciaba por fuera al toro en ese largo viaje más poderoso que emotivo. Se reunió con el animal pronto en las cercanías y con luquecinas remató una obra que le separó de los dos trofeos un mal uso de la espada.

El quinto de Victoriano del Río tuvo más carbón, encastado y con tralla, aunque acabara cantando sus ganas de rajarse. Antes y durante tuvo faena de triunfo. Como expresaba el toro y requería poder, la tauromaquia de El Juli se fundió con profundidad en ese trazo de larga estancia. Antes lo había bordado en un quite por lopecinas, muy toreada la embestida, sincronizado perfectos los laberínticos tiempos del capote y la velocidad del toro como en el anterior fueron sublimes las tijerillas. Muleta en mano, volvemos, recordamos, tuvo miga ese poder a poder, sometimiento, empujar al toro, llevarlo allá y en ese diapasón de cuando el animal cantó las tablas, justo ahí vinieron para mí los dos mejores muletazos de la tarde después de un circular al que encadenó tres con la rodillas genuflexa que hablaban sin alzar la voz. Se abrió después con la espada la Puerta Grande.

Perera no tuvo opción con un sexto tan noble como soso o un tercero, que se cruzó en el capote lo indecible y no sumó después. tPadilla, un manso que se quedó en poca cosa después y con el que Padilla hizo un canto al gentío sin atisbo de pureza. Chirriante todo. Parado y sin querer pasar el cuarto toro desistió antes de la presentida jugada. Lo normal ante un atisbo de inteligencia.