En recuerdo y para el recuerdo

El diestro Enrique Ponce en su faena con la muleta durante la segunda de la Feria del Ángel de Teruel

Teruel. Corrida homenaje a Víctor Barrio. Se lidiaron toros de , desiguales de presentación pero de buen juego en conjunto. (oreja y oreja); (división de opiniones y palmas); y (oreja y oreja).

Teruel y el toreo siguen recordando a Víctor Barrio, en cuya memoria se celebró el tercer festejo de la feria del Ángel. Tras varios actos de homenaje al romperse el paseíllo -estreno de un pasodoble a él dedicado, ovación a los diestros actuantes y entrega de placas y reconocimientos a los mismos por parte de las peñas locales-, Enrique Ponce, que en honor de Barrio actuó vestido de grana y oro -como la indumentaria que lució el infortunado torero hace un año en esta plaza- se enfrentó al primer toro de Adolfo Martín de su carrera, “Dirigido”, cárdeno, marcado con el número 42, nacido en diciembre de 2012 y con 520 kilos encima. Empujó en las dos varas que tomó, esperó en banderillas y complicó la vida a Mariano de la Viña y Óscar Padilla. Pero en las manos de Ponce todo pareció mucho más fácil. Poco a poco le fue encelando hasta apurarle totalmente antes de acabar metido entre los pitones. El lío que se formó en el ruedo cuando, al doblar el astados, saltaron dos imbéciles antitaurinos hizo que la gente no pidiese ya la segunda oreja que, sin duda, hubiese sido muy merecida. Otra obtuvo del cuarto, más flojo, pero que en manos del torero de Chiva acabó sometido a sus mandatos, dictando otra lección magistral y demostrando un coraje y unas ganas impropias de quien lleva más de treinta años en los ruedos. Víctor Barrio estará orgulloso de este homenaje y de la actuación que le ha brindado este torero ya de época.

También paseó dos orejas Morenito de Aranda, que bajó mucho la mano con su primero y se rompió la cintura en naturales interminables, si bien su labor tuvo alguna intermitencia, dejando otra labor notable con el que cerró plaza, con el que tiró de paciencia para arrancará esa segunda oreja.

Curro Díaz sólo tuvo detalles y momentos de aislados de brillo con su primero, el más incierto de la tarde, y no se aclaró con el quinto, con el que buscó más la estética que la eficacia.