La reconquista de Ponce cinco años después

El valenciano perdió el trofeo por el fallo a espadas en el día de San Isidro y con el «No hay billetes» en taquilla

Las Ventas (Madrid). Séptima de la Feria de San Isidro. Se lidiaron toros de Victoriano del Río y Toros de Cortés (5º), desiguales de hechuras y remate. El 1º, noble, con las revoluciones y la fuerza justa pero con calidad; el 2º, deslucido por bajo de raza; el 3º, descastado y mirón; el 4º, de desigual ritmo y sin entrega; el 5º, sin entrega y rajado; y el 6º, noble y a menos. Lleno de «No hay billetes».

Enrique Ponce, de celeste y oro, pinchazo, pinchazo hondo, descabello (silencio); pinchazo, buena estocada, tres descabellos (saludos).

Sebastián Castella, de malva y oro, bajonazo (silencio); estocada (silencio). David Galán, de blanco y oro, que confirmó alternativa, bajonazo, nueve descabellos (silencio); pinchazo, buena estocada, aviso (saludos).

A punto de cumplir un cuarto de siglo Enrique Ponce da la vuelta a España con la frescura del que acaba de llegar y tiene que buscarse el color de regreso a casa. A punto de cumplir el cuarto de siglo como matador, un toro en la Feria de Fallas le metió el pitón por la axila y le recordó que el toreo vive de lo inesperado, y la tragedia aguarda siempre a la espera, escondida, en la retaguardia. Una cornada en la axila que quiso Dios dejarlo en un grave susto del que puede dar cuenta. Un milagro, que acabó con el decoro de la carne herida y la vida intacta para volver a darla. A darse. Esos misterios de la Tauromaquia que desfilan en dirección contraria al raciocinio. Enrique Ponce, decíamos, volvía casi un cuarto de siglo después de tomar la alternativa y después de un lustro de ausencia de la plaza de Madrid. Por decisión propia. Por lo que quiera. Por lo que quieran. Pero por el día del patrón, la afición dejó sin papel la taquilla y Enrique Ponce vino a Las Ventas a enmarcar su trayectoria y preservarla inmaculada. La disposición fue máxima. Lo hizo bonito a la verónica con el segundo de la tarde, un toro de Victoriano del Río tan noble como soso, pero lo mejor fue ese brindis a un maestro de la letras, el Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa. A poco se podía aspirar después.

El cuarto tampoco fue un gran toro, desigual en el ritmo, sin entrega en el viaje... pero la movilidad fue argumento suficiente para que el torero de Chiva llenara la faena. En las carencias encontró Ponce la vía de escape para colmar de peso el trasteo. Donde no llegaba el toro, ahí estaba él, en los huecos, en los vacíos, técnica, poder, ilusión y ganas. Y ese tesón fue un arma infalible para conquistar Madrid cinco años después. Poquito a poquito, en los terrenos del Siete hasta culminar a dos manos y por bajo como antesala a la espada. Un pinchazo. Sí. Y una estocada en la yema, tan bien situada como perfecto y puro resultó el embroque. Pero no cayó y se envenenó el descabello y de ahí que no hablemos de premio. Da igual. Incalculable el mérito a estas alturas del partido.

Sebastián Castella tuvo difícil lucirse con un tercero descastado y que evolucionó a mirón o con un quinto falto de entrega en las telas y rajado. Se desmonteró con él Javier Ambel con los palos.

David Galán vino a Madrid a confirmar alternativa y lo hizo con el lote más amable de la tarde. Su primero fue un animal noble, con las fuerzas y las revoluciones justas, pero con calidad sobre todo por el pitón derecho, aunque con la duración contada. Fue por ahí por donde más toreó Galán en una faena ligada y en línea, después de dos pases cambiados por la espalda. El sexto duró poco, aunque mientras duró tomó el engaño con bondad. Hilvanó las arrancadas Galán hasta que el toro se apagó y así la tarde. No fue buena la corrida de Victoriano del Río. El llenazo dejó buen poso. Y Enrique Ponce también. Ahora faltan tardes del valenciano en este serial maratoniano. Qué cosas. Casi 25 años después.