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“Blue as Velvet”: el arte toma protagonismo en Gran Vía
El artista Baptiste Laurent transforma los espacios de Brach Madrid en un escenario creativo con obras sobre terciopelo que se podrá visitar hasta abril

En pleno bullicio de la Gran Vía madrileña, hay un lugar que funciona como refugio. Basta cruzar la puerta de Brach Madrid para bajar el ritmo y mejorar el ánimo. La luz se atenúa y todo en su interior demuestra que el arte no es decoración: es parte de la experiencia.
Al entrar, lo primero que se percibe es precisamente eso. El arte tiene un protagonismo real. No está solo en las paredes ni limitado a un espacio concreto; se filtra en los pasillos, dialoga con el interiorismo… Este hotel diseñado por el gran Philippe Starck derrocha sensibilidad estética en cada rincón, en cada textura, en cada juego de luces bajas que invitan a mirar más despacio.
Desde el 25 de febrero, esa vocación artística se concreta en “Blue as Velvet”, la nueva exposición del artista visual Baptiste Laurent, que podrá visitarse hasta el 12 de abril de 2026 en Gran Vía, 20. La muestra, comisariada por Pablo Barrios Martínez, reúne una serie inédita de obras realizadas sobre terciopelo, un soporte poco habitual en pintura que transforma por completo la percepción de cada pieza.
Un paseo entre junglas soñadas y claros de luna

Laurent (Nantes, 1980), afincado entre Madrid y París, es un creador difícil de encasillar. Su trabajo se mueve entre la neofiguración y la abstracción expresionista, con una narrativa que sugiere más de lo que explica. “Me interesa ese territorio ambiguo donde la imagen no lo cuenta todo y es el espectador quien completa la historia”, ha señalado el artista en relación con esta serie.
“Blue as Velvet” continúa la investigación que inició en 2020 con (en)Trópicos, inspirada en Tristes Trópicos de Claude Lévi-Strauss. Aquí, la reflexión gira en torno a la naturaleza transformada por la acción humana, pero no desde el discurso explícito, sino desde la evocación. Aparecen junglas imaginadas, bosques que parecen recordados más que observados, naturalezas muertas que remiten a algo que quizá existió y ya no está.
Las escenas no imponen un relato cerrado. Funcionan como fragmentos suspendidos en una atmósfera nocturna, cargada de misterio y cierta nostalgia. “Trabajo mucho desde la memoria y la sensación, no desde la descripción literal”, explica Laurent. Y eso se nota: cada visitante recorre la muestra de manera distinta, proyectando sus propias referencias sobre esos paisajes azulados.
El terciopelo como lenguaje
Si hay un elemento que marca la diferencia en esta exposición es el terciopelo. No es un mero soporte; es parte esencial del discurso. Este material noble, casi teatral, absorbe la luz y acentúa los contrastes, generando una profundidad envolvente que no se consigue sobre lienzo tradicional. Las obras no se revelan de inmediato: aparecen poco a poco, a medida que el ojo se adapta a la penumbra.
Esa cualidad convierte la visita en una experiencia íntima. No se trata solo de mirar cuadros, sino de acercarse, detenerse, inclinar ligeramente la cabeza para captar un matiz. La pintura parece emerger desde la oscuridad, como si la escena estuviera esperando a quien decide concederle tiempo.
Sin duda, en Brach Madrid, la exposición encuentra un aliado natural. La puesta en escena del hotel funciona como un escenario perfecto para las obras de Laurent. Pintura, materia y espacio dialogan con naturalidad, como si siempre hubieran estado ahí. El arte acompaña y se integra en las estancias convirtiendo la experiencia en un paseo mágico, personal e íntimo.
“Blue as Velvet” invita a detenerse. Entrar desde el ruido de la calle y salir con la sensación de haber atravesado una jungla imaginaria, azul y silenciosa, que permanece unos segundos más en la memoria. Y en los tiempos que corren, con la prisa siempre pisando los talones, ese pequeño viaje es un gran regalo.