Guiño de Espinosa (Vox) a Batet

Josep Pla describió al Madrid de los albores de la II República –primavera verano de 1931– como una «ciudad infestada de rumores catastróficos». Casi 90 años después, como si fuera una trama de García Marquez, los rumores constituyen uno de los pilares de la política en la capital española. Lo único que ha cambiado –a mejor– es que no son catastróficos sino, en algunos casos, insólitos, pero ciertos.

Meritxell Batet, presidenta del Congreso de los Diputados, aguarda obediente a que Pedro Sánchez le indique cuándo quiere que convoque la sesión de investidura, ya sea para ganarla o para perderla, porque todo es posible. Batet, mientras tanto, celebra reuniones y mantiene conversaciones con los líderes y portavoces parlamentarios de todos los partidos, incluido Vox. Afirman los rumores que en una noche todavía no muy calurosa, la presidenta socialista de la Cámara Baja habló de las complicadas relaciones –incluso con un ápice de grosería– con algunos miembros del equipo de Albert Rivera, que contrastaban con la educación exquisita en su trato con él de Iván Espinosa de los Monteros, portavoz del partido de Abascal, y que ayer fue el encargado de anunciar la teórica ruptura municipal de Vox con el PP.

Espinosa, que empieza a ganarse una fama de negociador muy duro según trasciende desde el PP y que preocupa porque está en juego la Comunidad de Madrid, le habría expresado a Meritxell Batet que no entendía por qué el presidente del Gobierno no les llamaba, como había hecho con el resto de partidos con representación parlamentaria. La presidenta del Congreso no debió de tener tiempo ni tan siquiera para buscar una respuesta, porque Espinosa –los comentarios fluyen en una cena relajada con amigos y compañeros– se apresuró a rematar sus palabras:

–«El presidente del Gobierno se equivoca, porque nosotros, a lo mejor, estaríamos dispuestos a abstenernos en su investidura como acto patriótico. ¡Por España!».

Los rumores no aclaran cómo explicó Batet la cara que se le quedó cuando escuchó aquello y tampoco nadie sabe cómo lo habrá transmitido al inquilino de La Moncloa que, claro, no parece proclive a ofrecer esa reunión a los líderes de Vox. En política no hay nada imposible. Tsipras en Grecia ya tuvo apoyos de extrema derecha. El problema, decían algunos de los que escucharon atónitos a Batet, es que «si Vox se abstiene a nuestro favor, quizá tenga que dejarnos de caer tan mal, y eso sí que es duro». La ciudad de los rumores, ciertos.