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Aurora Perea, el amor imposible de Pla

«La vida lenta» rescata la figura desconocida de la mujer que se convirtió en obsesión erótica del escritor

  • Uno de los documentos más importantes localizados por el abogado Beltrán Gambier fue esta fotografía conservada en el álbum familiar de la familia Perea. En ella se recoge la celebración por la boda de Aurora Perea y Pedro Carnicero, sucedida en Buenos Aires en 1952. Josep Pla no estuvo presente.
    Uno de los documentos más importantes localizados por el abogado Beltrán Gambier fue esta fotografía conservada en el álbum familiar de la familia Perea. En ella se recoge la celebración por la boda de Aurora Perea y Pedro Carnicero, sucedida en Buenos Aires en 1952. Josep Pla no estuvo presente. / Cortesía de B. Gambier
Víctor Fernández .  Barcelona.

Tiempo de lectura 4 min.

15 de noviembre de 2014. 13:24h

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Víctor Fernández .  Barcelona. 15/11/2014

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A finales de los años 70, el gran periodista Joaquín Soler Serrano le realizó la que se ha convertido en la más conocida y celebrada de cuantas entrevistas concedió Josep Pla a lo largo de su vida. La comodidad de Pla ante las preguntas de Soler Serrano se notaba, por lo que el escritor catalán no puse ninguna pega a las preguntas, incluso cuando el periodista le preguntó por su vida sentimental. Pla zanjó el tema con un contundente «yo no me he enamorado nunca». Ahora sabemos que el autor de «El cuaderno gris» mentía. Una de las grandes protagonistas de «La vida lenta» es una mujer, aunque su nombre está oculto como «A.». Se trata de Aurora Perea Mené, una mujer a la que conoció tras el final de la Guerra Civil. Pla aseguraba que el primer encuentro tuvo lugar en un bar de camareras de Mataró, comentando a sus amigos que «he retirado a una chica de los Rocs», una manera de hacer referencia a un barrio en esta localidad dedicado a la prostitución. Se convirtieron en inseparables durante un tiempo y convivieron hasta que ella marchó a Buenos Aires.

Diálogo epistolar

El diálogo epistolar de la pareja fue una verdadera obsesión para Josep Pla. En «La vida lenta» son muchas las veces en las que el escritor habla de esas cartas y la necesidad obsesiva de leerlas y releerlas, algo que hace en las largas noches de insomnio. Sirva de ejemplo anotaciones planianas como «La obsesión de A. es permanente. ¿Cómo terminará todo esto?» (23 enero 1964); «Pienso en A. Erotismo» (16 febrero); «A la vuelta, unas horas en la cama. Obsesión erótica con A.» (tarde del 22 febrero). Todo ello hace pensar que se trataban de cartas de gran contenido erótico, tal vez en la línea de aquellas que James Joyce enviaba a su esposa Nora, pero es un terreno especulativo porque por ahora no se ha publicado ni una sola de esas misivas.

Si hoy sabemos algo más de Aurora es gracias a la investigación llevada a cabo hace unos años por el periodista Arcadi Espada, la profesora Anna Caballé y el abogado Beltrán Gambier. Este último explicó ayer, en declaraciones a este diario cómo fue aquella investigación que se conoció en 1997.

Gambier reconoció que su labor fue «detectivesca. En aquel momento vivía en Buenos Aires y busqué a partir de las indicaciones que me dieron Arcadi y Anna. Una biógrafa de Pla, Cristina Badosa, hablaba de que Aurora había acabado en Ramos Mejías. Allí habría estado el burdel llamado “El Cañón” que podría haber regentado Aurora». Pero nadie sabia nada de un prostíbulo con ese nombre. Finalmente el abogado constató que El Cañón era el nombre de una finca en la que había estado la casa de un hombre llamado Pedro Carnicero, quien en 1952 se convirtió en el marido de Aurora Perea.

En su trabajo, Gambier localizó a Modesta Perea, la hermana del amor de Pla. En aquel momento ya estaba enferma de alzheimer, pero guardaba algunos de los libros que el autor catalán había dedicado a su erótica debilidad. A partir de varias entrevistas con María del Carmen, hija de Modesta, se va dibujando el retrato de Aurora, llegando a la conclusión de que era modista, sostenida por Pedro Carnicero. Se descartó totalmente el mito de que hubiera ejercido la prostitución y regentado un prostíbulo.

María del Carmen también le explicó al investigador el recuerdo que se tenía en la familia de Pla como alguien a quien consideraban una importante personalidad del mundo de las letras. La sobrina de Aurora incluso había visitado a Pla en Cadaqués y había pasado temporadas con él. «Tenían la imagen de Josep Pla como una persona obsesiva con la escritura. Recordaban como iban con él a buscar erizos de mar, los partían con una piedra y después los comían juntos», dijo Gambier.

Sin rastro de las cartas

De lo que no había ni rastro era de las cartas. Gambier las buscó sin suerte y supo que el rastro de las misivas se perdía en la calle Rosario de Buenos Aires, en un piso que fue propiedad de Pedro Carnicero, el viudo de Aurora. El que fuera secertario personal de Dalí y buen amigo de Pla, Enrique Sabater, explicó en numerosas ocasiones que había viajado a Buenos Aires para localizar todas esas cartas, llegando a hablar con un empresario relacionado con el negocio del corcho que conocía el paradero, pero no hubo suerte. También lo intentó el editor Josep Vergés trasladándose a la capital argentina. Desde luego el número de documentos debió ser importante. Un buen amigo de Pla, Josep Martinell, hablaba de un «probable millar de cartas». Gambier apunta que se dice que el epistolario fue recogido por un emisario de la familia de Pla o, incluso, del propio Pla. El heredero del escritor, Frank Keerl Pla, ha asegurado en numerosas ocasiones que no guarda en su archivo ninguno de esos documentos, de los que tampoco se tienen noticias en la Fundació Josep Pla de Palafrugell.

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