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La familia que decide la Liga

El Málaga de Míchel y el Eibar de su hijo Adrián, protagonistas de la jornada decisiva. «A lo nuestro», ha escrito en Twitter el técnico

  • Míchel, con su hijo Adrián en brazos durante un entrenamiento. A la derecha, Adrián, con el Eibar
    Míchel, con su hijo Adrián en brazos durante un entrenamiento. A la derecha, Adrián, con el Eibar / Twitter

Tiempo de lectura 4 min.

20 de mayo de 2017. 15:08h

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José Manuel Martín Madrid. 20/5/2017

Después de perder en el último minuto del descuento ante el Barcelona, el Real Madrid se levantó del duro golpe con cinco victorias consecutivas y una sensación de solidez que sólo ha desaparecido durante algunos momentos del triunfo ante el Valencia. Son 20 goles a favor y sólo cinco en contra en las últimas jornadas los que han dejado al conjunto blanco a un pequeño paso de ser campeón de Liga. «¡Venga, un punto, un punto!», gritaba Morata al entrar en el vestuario de Balaídos después de superar al Celta, porque justo esto es lo que le falta al Madrid para empezar a celebrar. «Cada vez nos queda menos, pero es lo más difícil», admite Zidane, que está muy cerca de firmar la mejor temporada de un entrenador en el banquillo del Santiago Bernabéu en mucho tiempo.

Los blancos necesitan un puntito para ganar su Liga número 33 y como el destino es caprichoso, muy caprichoso cuando se trata de fútbol, lo tendrán que buscar en La Rosaleda frente al Málaga de Míchel, que tiene seis de esos 32 trofeos en su palmarés. «Me gustaría hacerle el pasillo en lugar de la puñeta», dijo el ex centrocampista cuando derrotó al Barcelona y puso un poco más fácil el título para su ex equipo. Aquella declaración y la de que la diferencia entre Valdano y él es que «él es mucho más madridista» dieron paso a un montón de ruido al que ha respondido en Twitter esta semana con un escueto: «A lo nuestro».

Porque Míchel aprendió en la antigua Ciudad Deportiva que ganar es lo único que cuenta y esto es lo que va a intentar hacer su Málaga mañana, por mucho que el madridismo de su técnico esté fuera de toda duda, que lo está. Lloró sobre el césped las derrotas de Tenerife, es el «8» histórico del Real Madrid y besó el suelo del Bernabéu el día de su despedida. Aquella equipación Kelme, manchada de hierba, la tiene en su casa Adrián González, el niño que aparece en la foto de esta página en brazos de su padre y que esta temporada ha sido uno de los mejores futbolistas del Eibar, precisamente el rival del Barça en la jornada definitiva.

Habrá un González en los dos estadios en los que se decidirá todo a partir de las 20:00. Del Campo, el padre, en el banquillo de La Rosaleda y González Morales, en el Camp Nou. Al segundo le ha costado mucho dejar de ser el hijo de Míchel para empezar a ser Adrián, un centrocampista con mucha clase, pero que no llega a la dimensión de lo que fue su progenitor, durante años uno de los mejores medios del mundo y estrella del Madrid de la Quinta del Buitre. Míchel jugó 34 partidos con el Atlético Celaya siguiendo los pasos de Butragueño, pero sus más de 500 choques de blanco le convierten en hombre de un sólo club, en el que entró con 13 años y al que sueña con volver como técnico. El mismo camino que hizo Valdano para devolver algo de lo que le había quitado en aquellos finales de Liga en el Heliodoro Rodríguez López. Con el argentino ganó el Madrid la Liga y le hizo una manita al Barcelona con un tanto de Luis Enrique.

Míchel sólo jugó en el Madrid, pero ya ha entrenado al Castilla, al Rayo, al Sevilla, al Getafe, al Olympiacos y al Marsella. Ahora ha reactivado al Málaga y se cruzará con su pasado por séptima vez. De las seis anteriores sólo ganó una. Si mañana fuese la segunda, se recordaría siempre.

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