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Del «boom» al «crack» en 14 años

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Jesús Martín. 

Tiempo de lectura 4 min.

20 de julio de 2017. 03:29h

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Jesús Martín.  20/7/2017

Miguel Blesa vivió en primera persona el esplendor del «boom» inmobiliario español y también sufrió los costes de una política crediticia equivocada. No fue ni mejor ni peor que otros tantos dirigentes de las cajas de ahorros españolas de finales del siglo pasado. El problema fue que presidió la segunda mayor caja de España, la de Madrid. Y ahí, los errores tienen un eco mayor. Blesa llegó a Caja Madrid en 1996 para sustituir a Jaime Terceiro, a cuya sombra había permanecido en los últimos años de gobernanza del PSOE. Nos enteramos por él de cómo «funcionaban» las cajas de ahorros siempre desde la discrección de su segundo plano. Otra cosa fue cuando el Partido Popular llegó al poder en 1996.

Licenciado en Derecho, en el año 1978, con 31 años, ingresó en el cuerpo de Inspectores Financieros y Tributarios del Estado. Su primer destino fue Logroño. La Delegación de Hacienda. Allí labró su amistad con José María Aznar que a la postre le llevaría a presidir Caja Madrid. Antes, estuvo en el Ministerio de Hacienda, en Economía. Luego, en 1986, abrió un despacho profesional especializado en Derecho Tributario con su apellido por delante: «Blesa, Colmenar y Guío».

A Caja Madrid no llegó hasta 1993, cuando entró en su consejo de administración. Desde esa fecha mantuvo una relación cordial con los medios de comunicación. Después, cuando llegó a la presidencia, todo lo contrario. Quizás porque no tuvo ninguna oposición en su elección: 14 votos a favor y ninguno en contra. Puede que ese resultado repercutiera en su forma de actuar, algo soberbia. Siendo Caja Madrid propietaria del 10% de Iberia (llegó a tener el 27%) se quejaba de que en los mostradores de facturación de la compañía ni le conocieran siendo vicepresidente. Fue su forma de expresar el poder.

Es verdad que duplicó el tamaño de Caja Madrid en sus primeros ocho años de su mandato. Pero, ¿a qué precio? Hubo que esperar a la crisis financiera para descubrir la arriesgada apuesta en la que se embarcó Blesa: financiar todo proyecto inmobiliario que se desarrollara, conceder préstamos hipotecarios con garantías que en cualquier época hubieran hecho saltar las alarmas y traspasar las fronteras, no de la región de Madrid (las cajas tenían vetado su extensión fuera de su territorio natural), sino del país. Desde 2008, cuando compró el City National Bank de Florida, su estrella se eclipsó. Visitó la cárcel en dos ocasiones por esta operación y vivió en primera persona la enconada lucha de poder en Madrid entre Ruiz-Gallardón y Esperanza Aguirre, que acabó con su salida en enero de 2010.

A partir de esa fecha, todo fue una pesadilla para él. Fue al Congreso para explicar su gestión en Caja Madrid y lo más llamativo fue su comentario sobre el coche blindado en el que se desplazaba (un BMW de la serie 7, que costó 500.000 euros a la entidad): «no es lo más cómodo». Luego vinieron las participaciones preferentes y su turbia comercialización y después los correos electrónico que reflejaban los excesos de su gestión y la de sus directivos. Tras ser condenado a seis años de prisión dijo «estar sereno» y «confiar en la Justicia».

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