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Iglesias sólo celebra el 6-D en campaña

Acude al acto como ya hizo en las generales de 2015 y augura una repetición electoral

  • Iglesias y Rivera, líderes de Podemos y Ciudadanos, respectivamente
    Iglesias y Rivera, líderes de Podemos y Ciudadanos, respectivamente / Alberto R. Roldán

Tiempo de lectura 2 min.

07 de diciembre de 2017. 04:23h

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Andrés Rojo 7/12/2017

Como siempre que se acerca una cita electoral importante –la última vez, en las generales de 2015–, Pablo Iglesias aparcó su perfil más contestatario e incendiario y condescendió a presentarse en el Congreso para los actos del 6 de diciembre. El líder de Podemos volvió a evidenciar la incómoda tierra de nadie en la que se encuenta la formación que dirige, un limbo provocado por una más que deficiente gestión de la crisis catalana y confirmado por el retroceso en todas las encuestas. Iglesias
–haciendo gala de un estilo tranquilo, en las antípodas de los «shows» que solían caracterizar el talante de su partido en el Congreso– dio por «roto» el pacto constituyente de 1978 y propuso abrir un «gran debate» nacional en torno a tres pactos «de país», uno referente al modelo social, otro a la organización territorial del Estado y un tercero contra la corrupción.

Iglesias cree bastante probable que tras el 21-D se consituya un Parlament incapaz de elegir un sustituto para Puigdemont y, en consecuencia, deban repetirse elecciones. En este sentido, su gran esperanza es que, ante la imposibilidad de investir a un presidente a causa de los vetos cruzados que los diversos partidos se han lanzado antes incluso de que empiece la campaña, el candidato de la confluencia de Podemos en Catalula, Xavier Domènech, sea la única alternativa que pueda desbloquear la situación política, ejerciendo de «candidato Borgen», por utilizar la expresión de Iglesias en referencia a una serie de televisión danesa en la que un partido mayoritario se hace con el poder frente a dos partidos mayoritarios que se vetan el uno al otro. Así lo expresó en conversación informal con los periodistas que cubren la información de su partido. Para Iglesias todas las quinielas son «inverosímiles». Podemos no apoyará un pacto de Cs con PSC ni uno de ERC y CUP con PDeCAT. Sólo parece haber espacio en el medio: con un pacto entre ERC y PSC en el que los CatComú-Podem hagan de bisagra. Sin embargo el propio líder morado pone en duda que la aritmética que arrojen las urnas el 21-D hagan posible el acuerdo. Todo ello pasando por alto el hecho de que no es Pablo Iglesias quien va a estar al mando de esas negociaciones sino la líder de su confluencia catalana, Ada Colau, a quien se le ha cedido todo espacio de influencia en esta región. La excesiva equiparación del discurso de Podemos a los secesionistas en Cataluña y su discurso descentralizador están lastrando su crecimiento en las regiones sin tensión independentista –la mayoría del territorio– y, al mismo tiempo, no le están sirviendo para conectar de manera significativa con el electorado catalán: el CIS preelectoral le da 9 escaños y un parco 8,6% del voto, un resultado inferior al cosechado en 2015, considerado entonces como un fracaso.

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