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Hallan muerta y maniatada a una anciana millonaria

Amalia García Gans, de 72 años, llevaba varios días sin vida en su casa de la calle Gaztambide

  • El cuerpo de sin vida de Amalia García Gans fue trasladado al Instituto Anatómico Forense para practicarle la autopsia / Efe
Laura L. Álvarez.  Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

16 de septiembre de 2011. 17:22h

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Laura L. Álvarez.  Madrid. 16/9/2011

Dicen que medio Argüelles era suyo. Entre ella y los dos hermanos que aún viven tenían multitud de inmuebles en Princesa y Gaztambide. Eran nietos de Richard Gans, un alemán que introdujo la primera fundidora tipográfica para imprenta en España (el primer local está en la calle Campomanes, 10) y heredaron gran cantidad de inmuebles en el barrio. Amalia era la pequeña de cuatro hermanos pero, por temas de herencia, sólo se hablaba con uno de ellos. Ayer, tras conocer su muerte, su hermano Ricardo –con quien llevaba años sin dirigirse la palabra– dijo sin demasiado cariño que «era una persona que vivía de las rentas». Sus vecinos e inquilinos no hablaban mal de ella. Todos coincidían ayer en que Amalia era una persona que no se relacionaba con nadie.
«Era muy callada, seria y solitaria», explican desde el bar Herza, donde desayunaba muy a menudo. Estaba justo enfrente del portal donde vivía, el número 8 de la calle Gaztambide. Todo el inmueble, locales comerciales incluidos, era prácticamente de su propiedad. La mayoría de los pisos estaban alquilados a estudiantes porque son muy grandes (algunos tienen hasta once habitaciones) y ella vivía en uno del cuarto piso. La última vez que la vieron fue el miércoles de la semana pasada, pero es en los últimos cuatro días cuando notaron algo raro en su vivienda.
Desde una de las ventanas interiores se apreciaba la luz de una lámpara que se mantenía encendida día y noche. Además, siempre dejaba el dinero a la mujer que limpiaba la casa en el buzón y hacía días que ésta no cobraba. Pero lo que hizo disparar las alarmas fue el fuerte olor que desprendía la vivienda de Amalia. Un allegado marcó ayer el 112 y explicó sus sospechas.
Los Bomberos del Ayuntamiento de Madrid tuvieron que forzar la puerta. Allí, tirado en el pasillo, encontraron el cuerpo sin vida de la mujer. Llevaba varios días muerta porque el cadáver se encontraba en avanzado estado de descomposición. Estaba boca abajo, maniatada a la espalda, presentaba signos de violencia –golpes en la cabeza y el cuerpo– y una cinta americana alrededor del cuello, según su propio hermano.
El Samur sólo pudo certificar su muerte, según un portavoz de Emergencias Madrid. «La casa está revuelta, habrán entrado a robarla porque todo el mundo sabe que tenemos mucho dinero», aseguró el anciano. «Este barrio lo construyó mi abuelo y hemos heredado mucho. Amalia tenía joyas pero no las usaba. No creo siquiera que las guardase en casa», agregó. Y es que, aunque el móvil del robo sea la principal hipótesis que se baraja en torno al crimen de Amalia, la mujer era aparentemente austera.
«Siempre iba muy arreglada pero no ostentosa», señalaban ayer en el barrio.
El juez entró sobre las 17:30 horas en el inmueble salió unos minutos más tarde. El personal de los servicios funerarios acudieron también a la vivienda de Amalia y  trasladaron su cadáver al Instituto Anatómico Forense. La fallecida, de 72 años, era soltera y no tenía hijos. El Grupo VI de Homicidios de la Brigada Provincial de la Policía Judicial de Madrid lleva la investigación del caso.

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